El fuerte Comansi

Periodista jubilado en la treintena (todavía) da pasos de ciego en pos de la escritura creativa (todavía). Y la gran obra universal, paralizada (todavía).

A punto de irme

Estoy a punto de irme. Como siempre. Me siento en el borde de la silla y pongo cara de irme. Al rato de estar así, me duele el culo debido al pico esquina en el que estoy apoyado. Me vuelvo a sentar normal. Cruzo las piernas, sí, así. Cruzo la pierna a la altura de la ingle y coloco un codo para ayudarme a reposar la cabeza. Me agarro la barbilla con esa mano y hago como quien mira algo interesante: así, hecho un ovillo. Miro el infinito, o seguramente un cuadro inclinado.
He estado a punto de cerrar este blog, no he escrito nada en un mes, casi. De hecho antes tampoco escribía mucho. Había cosas para leer porque publicaba textos de los últimos años, cosas que había escrito y no se habían publicado y otras que sí se habían publicado, a veces en revistas con cuatro lectores y otras veces en revistas con miles de lectores, a veces millones.
El blog no me ha salido muy allá. Carecía de personalidad propia. O tenía múltiples facetas o personalidades. Así que era difícil que un grupo de gente se sintiera identificado y lo siguiera. Además, escribía muy poco. Rara vez.
Estoy por cerrarlo y empezar uno nuevo cuando me sienta con ganas de escribir algo coherente y no cositas dispersas. Quizás lo anuncie aquí cuando eso ocurra. Por si alguno de mis 8 lectores quiere seguir leyéndome.
De todas formas, quiero darle las gracias a este blog por las satisfacciones que me ha dado (aunque hay otro tipo de páginas que me han dado más satisfacciones). Gracias a él, he conocido gente interesante, que escribe muy bien y que se lo toma muy en serio (o no). Gracias a él conseguí salir de un bache en una época crucial. Gracias a él he conocido a quien a lo mejor es mi compañera para el futuro. Que, por cierto, para quien se lo pregunte: sí vino a verme, sí hubo encuentro, sí nos queremos. Así que gracias, ‘El fuerte Comansi’.
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Nutrición y Hollywood

¿Se han dado cuenta de lo mal que se come en las películas yanquis? El chico y la chica quedan para cenar y, a los dos minutos, ahí se han quedado los platos sin tocar. Cuando no se lanzan la comida unos a otros, como es el caso de las series de adolescentes. Hay comedores de esas series en los que sirven la comida en vasos de plástico con tapa, como si fueran Coca-cola, para que los chavales no arrojen su contenido a la otra mesa. ¡Qué poco respeto hacia el noble arte de la gastronomía!
En ‘Mejor imposible’, una película honesta donde las haya, un Jack Nicholson (algo perturbado, eso sí) demanda cangrejos a voz en grito desde la otra punta del restaurante y, a los dos minutos, la chica (Helen Hunt) se levanta irritada y se marcha. Y los cangrejos ahí se quedan abandonados. La chica llega al hotel y anuncia que va a ordenar a recepción una suculenta cena pero, por lo que vemos, se va a la cama sin cenar.
En la mayoría de las películas de acción ‘Made in USA’ el héroe no prueba bocado en todo el metraje. Bueno, es que a veces ni duerme. Vean ‘Terminator’ y comprueben el hambre que debe pasar la pobre Linda Hamilton entre disparo y disparo.
Hay miles de ejemplos de lo poco y mal que comen los actores de Hollywood.
Pero es que, cuando les da por comer, se ponen como el quico. Homer Simpson es un buen ejemplo de gula sin freno. Sólo que los guionistas hacen comer a Homer de forma alocada como una de las críticas que plantean a la sociedad americana. El ciudadano medio se atiborra al mismo tiempo que deja en blanco su cerebro. Consume, consume y consume como un fin en sí mismo. Y ahí queda el mensaje de esta magnífica serie.
Yo diría que, cuanto más se alimentan los personajes de un film, mejor es la película. No en vano los personajes de Tarantino pasan tanto tiempo en cafeterías. Comer para poder hablar. El neorrealismo italiano colocaba en la mesa familiar una buena fuente de espaguetis con el fin de oír las discusiones de los comensales. Una de las mejores películas españolas de la historia, ‘Plácido’, basaba su argumento en una campaña navideña titulada ‘Lleve a un pobre a su mesa’. Y el pobre, cenaba.
El no va más de la afición del cine europeo por la comida es ‘La grand bouffe’ (‘La gran comilona’), en la que un grupo de amigos se reúne en una casa de campo para ponerse hasta arriba de comer y, de paso, contratan a unas prostitutas para entretenerse entre plato y plato. De 1973, esta película de Marco Ferreri con ayuda en el guión de Rafael Azcona e interpretada por Marcello Mastroianni, Michel Piccoli, Philippe Noiret y Ugo Tognazzi, es el extremo cinematográfico de la crítica hacia el consumismo. Al final, mueren.
Pero vamos, que ni tanto ni tan calvo. Más recientemente, otro director europeo, Roman Polanski, hace pasar más hambre que a un yogui hindú al protagonista de ‘El pianista’, encarnado por Adrien Brody. El judío escapado de las garras nazis se alimenta como puede ocultándose de piso en piso, de edificio en ruinas a hospital abandonado. Finalmente, con las tropas rusas a punto de tomar Varsovia, un oficial alemán se apiada de él y le regala a escondidas un poco de mermelada y un abrelatas. Gran gesto.
Recuerdo una imagen del día en el que estallaron las Torres Gemelas: estaba yo en la cafetería de un hotel de Madrid mirando absorto la televisión, rodeado por algunos turistas estadounidenses. Uno de ellos era particularmente obeso. Y casualmente, estaba comiendo. En la pantalla, en ese instante, estaban pasando imágenes de los jóvenes palestinos que celebraban el acto terrorista. Eran enclenques, alfeñiques, y estaban contentos, probablemente porque no sabían calibrar la desgracia que celebraban. El yanqui tragón no se inmutaba. Qué paradoja, ¿no? Leído 347 veces

"Toda esa gente que parece tan voraz, ¿es que no se sacia nunca?"

Andreu Castillejos Furió, nacido en Elche en 1942, comenzó a trabajar a los diez años de edad en un taller de fundición. “Las circunstancias así lo impusieron. Autodidacta, pues”, dice en su currículo vitae. En 1966, expuso por primera vez. Desde entonces, ha realizado más de un centenar de exposiciones de su obra, en muestras individuales o colectivas, ha colgado sus cuadros en museos y ha publicado sus fotografías en libros como ‘Elche, Misterio y Palmeral’, editado este año.
Su taller es su propia casa, un piso modesto de un barrio modesto de Elche. A la vista del visitante, un largo pasillo y un par de habitáculos, con cuadros y fotos cuidadosamente almacenados, que hacen las veces de despacho y lugar de trabajo del pintor. En otra habitación, el laboratorio fotográfico. Juguetes de niño estratégicamente desperdigados. Un sofá algo cojo, debido a los saltos de su hijo, comenta.
Le pedimos ver algunas de sus últimas obras. Últimamente, ha estado trabajando en una mezcla de técnicas, un cóctel de fotografía y pintura. Figuras humanas. Rotas. Color. Obras que hipnotizan. La belleza del pequeño universo de Andreu Castillejos está en sus obras, y en sus vivencias. En esta mañana de octubre, las expone a la vista del curioso.
Pregunta: A mí el arte que me interesa es el que no deja impasible, que no me aburre.
Respuesta: Hay dos formas de entender el arte. El aspecto técnico, es uno de ellos. Pero también se puede entender por los sentimientos. Pongo un ejemplo: técnicamente, no sé nada de música. Pero yo me puedo emocionar al oír una música. Eso es una forma de entender. Y también creo que sé distinguir lo que vale de lo que no vale. Para eso no hacen falta conocimientos técnicos, es puro sentimiento. Y lo mismo ocurre con todo tipo de arte: teatro, cine... la pintura, que te llegue, que te diga...
P: Que te toque a los sentimientos pero que también te haga pensar, te dé un mensaje, que te haga reflexionar.
R: Entre otras cosas, el arte sirve para comunicarse. Ese es uno de los fines, comunicarse con la gente.
P: Y tú, ¿cuál crees que ha sido el mensaje que has querido transmitir?
R: Precisamente, ese es un punto que siempre me ha preocupado mucho. Siempre he intentado decir algo. Hubo un época en la que tenías que decir las cosas de una forma más directa, porque las circunstancias lo imponían. En la época más dura de la dictadura, tratabas de explicar las cosas más, con el peligro de que se podía caer en el panfleto, que tampoco es la función del arte. Caer en el panfleto y olvidarte del aspecto formal es mala cosa, también. Es un 50 por ciento de contenido y otro de continente, para que la obra de arte lo sea realmente. Pero siempre he tenido la preocupación de decir y denunciar cosas. En este momento, quizás están más sugeridas que explicadas. También es más rico si lo sugieres que si lo explicas demasiado. Si lo explicas demasiado no dejas campo al espectador para que piense, para que reflexione. De lo que se trata es que el espectador no pase indiferente por delante de la obra, que se pregunte: “Qué ha querido decirme este”. La sugerencia es un aspecto muy rico del arte. Luego, no he abandonado la idea del principio de trabajar con la figura humana, el ser humano. Pero ya no explico tanto las cosas, más las sugiero. Y siempre tengo una preocupación por la investigación, ir avanzando formalmente, no quedarse estancado. El arte evoluciona, con la vida. Y tú tienes que estar al día y, tampoco, repetirte. Tienes que estar siempre pensando en que tienes que ir cambiando. Aquello de “renovarse o morir”. Y si vemos la trayectoria de hace 30 o 40 años hasta ahora se puede ver todo el camino que se ha seguido, en cuanto a la técnica. Hasta llegar a donde se llega. Hay una cuestión: cuando llegas a una cosa que te gusta, piensas que no vas a poder pasar de ahí ya. Pero siempre se encuentra una salida. Al mismo tiempo, me voy siempre a los orígenes, que están ahí. Al dibujo realista. Aunque queriendo decir cosas. Y también utilizándolo también para hacer otras cosas, que no se quede la cosa ahí.
P: Técnicamente, ¿en qué punto te encuentras? ¿En una mezcla de técnicas?
R: Sí. Muchas de mis últimas obras están terminadas en el laboratorio. No hago aquello que hacen bastantes de trabajar sobre una fotografía. Lo hago al contrario: pinto primero, hago una especie de sándwich, con montajes, en pequeñito, que me sirve como negativo para terminar la obra en el laboratorio. Ahí se produce otro aspecto interesante, y es que no sabes qué va a salir. Se transforma: los filtros de la ampliadora de color pueden transformar lo que tú has hecho de origen. Con lo cual es más bonito, más divertido y hay más campo para la investigación. Se trata de investigar, en el aspecto formal.
P: Que es por lo que empezaste en el arte, porque era algo que te divertía, ¿no?
R: Sí. Es otro de los aspectos. Si siempre haces lo mismo, te aburres. A mí siempre me ha gustado mucho hurgar, en la fotografía también.
P: Volviendo a la temática, en tu obra hay una preocupación por lo social.
R: Siempre he dicho que ser artista es una cosa secundaria. Antes que artista es mucho más importante ser persona. Si no ¿para qué? En ese sentido, como lo que me ha preocupado primero es ser persona, el arte puede tener interés si cumple una función social. Si se hace por puro egoísmo, no cumple esa función. Ya sea de denuncia o de otra cosa. Yo qué sé: el payaso que hace reír a unos niños, está cumpliendo una función social. Por ahí tiene que ir la cosa. Quiero decir, que nunca he olvidado que vivo en un mundo y que, si pinto, hay gente que ha fabricado esa pintura. Está todo interrelacionado. A veces pienso: qué sería de nosotros si no hubiera basureros. Quiero decir que el trabajo, cualquier trabajo, es una cosa muy importante; y el mío es, en definitiva, un trabajo más que, como todos, cumple una función social. A veces, he pensado: “¡Qué sería de la vida sin la música!”. ¡Qué pobre sería el mundo! Sin la riqueza del patrimonio cultural. Ahí está una gran parte de la función de los artistas. Nos puede parecer una cosa lúdica pero es una cosa que surge de la necesidad más prioritaria del ser humano. El arte. El primer artista es el que produjo un hacha para servirse de ella. El hombre no sabía que estaba haciendo arte pero lo estaba haciendo, empezaba a hacerlo. Todas esas cosas que nos puede parecer que son adornos de la vida, parten de la pura necesidad física, el origen está ahí.
P: ¿Por qué viajas? Para conocer más el mundo en el que vives, claro.
R: Por muchas cosas. Por la experiencia que te puede dar el contacto con la gente. El conocer otras culturas distintas también te lleva a respetar las que tienes más cerca, a respetarlas todas y, en cierta manera, intentar defenderlas todas. Cuando uno defiende su propia cultura, no lo está haciendo por ganas de defenderla, está reivindicando que todas las culturas vivan. Ese es uno de los aspectos que te puede dar el viajar. Luego está el enriquecimiento propio de uno, también me enriquece en el aspecto artístico, porque siempre vienes cargado de ideas, de sugerencias, de cosas. Que si te quedas aquí y estás siempre dentro de una urna de cristal llega un momento en que no sabes qué hacer, te pierdes. En ese sentido es muy bueno ver lo que hay por ahí.
P: ¿Tomas notas? ¿Dibujas?
R: Sí. Aparte de la fotografía. Cantidad de veces me han pedido audiovisuales para institutos. Hay cosas que la gente no las conoce y les gusta ver, es otra función que cumple el viaje.
P: Creía que hacías sobre todo fotografía en blanco y negro.
R: En una época que tuve monocolor, entre finales de los 70 y hasta mediados de los 80, fue una etapa en que la gente me encasilló mucho. Eran temas muy directos, la gente lo entendía muy rápido. De lo último se ha visto menos. Ha habido alguna exposición y la gente ha entrado y se ha quedado como desconcertada, esperaba ver lo que siempre habían visto, el dibujo monocolor en grande, sobre madera. Hay quien quiere seguir viendo eso. Pero hay que avanzar, aunque a veces avanzar suponga echar un paso atrás. No siempre aciertas a la primera. Hay veces que la evolución te viene casi sin proponértelo pero hay veces que tienes que romper de forma tajante. Se produce una crisis, que llamamos los artistas. Y puede pasarte eso, que las primeras intentonas sean fallidas, hasta que encuentres el camino. Afortunadamente, de un tiempo a esta parte no he tenido esa crisis.
P: ¿Elche te ha influido en tu obra?
R: No he pensado nunca en eso, pero hay quien dice que no. Curiosamente, una vez me hicieron una crítica que hablaba de eso. Era la época en la que hacía cuadros monocolor, muy directos, impactantes, todo eso. Decía eso, que siendo de una ciudad luminosa... La parte opuesta del tópico, que debía estar haciendo cosas muy luminosas y, sin embargo, era todo lo contrario. Entonces, creo que no debe haberme influido mucho.
P: Pero es tu ciudad, en la que te sientes muy implicado...
R: En la fotografía, sí me ha influido. Hay aspectos como el Misteri que, no siendo de aquí, no habría tenido sentido.
Este año, hace para la Editorial Lunwerg de Barcelona el reportaje fotográfico para el libro ‘Elche, Misterio y Palmeral’, con textos de Gaspar Maciá y Vicente Molina Foix.
P: Cuando vas otro sitio, ¿tienes una idea preconcebida de lo que vas a fotografiar? ¿Te informas antes?
R: Te informas sobre las culturas que pueblan esa tierra. Pero con eso y con todo, siempre te encuentras cosas con las que tú no contabas. Mi forma de viajar ha sido dejándome llevar. Yo voy por ahí, ya veremos qué sale. Viajes de los que mejor recuerdo me han dejado, puedo contar los que he hecho a pie. Han sido los viajes más hermosos, porque no hay interferencias, sientes que no contaminas nada, eso es muy bonito, convives más con la gente. Por ejemplo, las tres veces que crucé la cordillera del Atlas, o el viaje que hice por la ruta del río Senegal. Son viajes que hoy no sabes lo que te va a pasar mañana. Tú te trazas una ruta, que no sabes si está o no está, y tienes el aliciente de la incógnita. Y te dejas llevar. Son sitios en los que la hospitalidad de la gente es código de vida, casi. Y eso es lo que hace posible ese tipo de viaje, sino no podrías, no encuentras nada. Son viajes en los que estás muy apartado de eso que se llama la civilización. Entre comillas: resulta que al final los más civilizados son los otros.
P: Elche se está convirtiendo en una ciudad multicultural, a marchas forzadas. En tus viajes por el Tercer Mundo, te habrás dado cuenta de los contrastes, de la razón por la que vienen.
R: Sí, los contrastes son brutales. Lo notas muchísimo, incluso dentro del mismo Marruecos no saben que hay por encima de la cordillera del Atlas, sólo se lo imaginan. Y no digamos si te vas a la India, los contrastes son terroríficos. Eso ocurre en la mayoría del Tercer Mundo, y te marca.
P: ¿Intentas plasmar esa sensación en tu obra?
R: Claro, porque es que me choca. Por ejemplo, a mí la tecnología me parece muy bien. Pero me asusta un poco tanta dependencia. Y luego, me hago una reflexión: yo creo que las grandes multinacionales, que manejan los hilos de todo esto, resulta que investigan para ir avanzando. Pero para enriquecerse, no para mejorar el mundo. Nos encontramos con el contraste terrible de que hay una tecnología avanzadísima pero en la mitad del mundo se están muriendo de hambre. Y el 40 por ciento de la gente que puebla la tierra no ha hablado nunca por teléfono. Hay muchísimos sitios sin luz, a oscuras. Eso te choca. Entonces, ¿para qué tanta tecnología? El día que yo vea que esa tecnología sirve para mejorar la vida del ser humano, vale chapeau. Mientras tanto, tengo mis dudas.
P: Como en el proverbio indio, cuando se tale el último árbol nos daremos cuenta de que el dinero no se puede comer.
R: De hecho, la tecnología no está preocupada por arreglar nada. Porque los que podemos disfrutar de esas cosas, somos muy pocos. Hay muchos contrastes, muchas desigualdades, muchos comportamientos..., muchas infamias, mucha injusticia. Y claro, mientras el mundo esté en manos de cuatro multinacionales y no haya la voluntad de los gobernantes de los países de cambiar esa situación, y no la hay, el mundo seguirá rodando igual. Pero al final de todo me hago esta reflexión: toda esa gente que parece tan voraz, ¿es que no se sacia nunca? Si van a morirse igual, ¿para qué tanto acaparar? La desgracia está en que ni viven ni dejan vivir. La verdad es que estamos pasando una época bastante mala. Pero si echas la vista atrás, el mundo no ha cambiado tanto. Desde que yo me reconozco, la situación del mundo era así: guerra por todas partes, como ahora.
P: Has formado parte del Comité de Solidaridad con América Latina y viajaste a Nicaragua cinco años seguidos durante los años de la Contra. ¿Cómo viviste aquello?
R: Esa era la excusa en aquella época, cuando surgía un movimiento porque la gente se moría de hambre, los tachaban de comunistas y a por ellos. Ahora se han inventado el terrorismo internacional, que ellos mismos producen. Leído 365 veces

Recuerdos (I)

Una casa en la orilla del mar. En el exterior, un mangle con una hamaca caribeña colgada entre dos de sus ramas. En una de ellas, un avispero habitualmente apacible. En el umbral y siempre abierta, una gran puerta de madera que deja pasar, entre sus listones azul marino, haces de luz. Ya en el interior, sin vestíbulo, un amplio espacio amueblado con dos caballetes que sostienen cuadros a medio pintar y un conjunto de salita mora consistente en un puf dorado, sólidas sillas de madera y una bandeja redonda, labrada y plateada, pensada para tomar el té pero, en la práctica, solamente un símbolo de la hospitalidad del hogar. En un lateral de la habitación, una gran mesa de mimbre y cerámica alegrada por grandes flores. La casa se guarda de los calores gracias a la penumbra y a la sombra benévola del mangle, que permite el préstamo entre el exterior y el interior y ejerce de filtro de claroscuros, paletas de atardeceres y gamas de amarillos, según el momento del día.
"Un millón de pequeñas gotas de agua salada cubrían su piel. Largos cabellos con sabor a mar. El Mediterráneo todavía recorría pecho y vientre", escribía yo, según lo recuerdo ahora. Eran días para el ánimo soñador, acompasado por el abanicar de las hojas y el crujido lírico de las chicharras. En el silencio de la siesta, la familia dormía antes del bullicio nocturno. Y yo garabateaba en una libreta de tapas negras. Recuerdos.
En el árbol cuelga una hamaca y dentro de la hamaca dormita un hombre. Su cabeza está involuntariamente adornada con pequeñas flores silvestres, también la barba. Una niña, su hija, se le aproxima con mucho sigilo, paso a paso, casi con las puntas de los pies, manteniendo el equilibrio balanceando las palmas de las manos. Pero él la sorprende con un alarido juguetón y ella echa a correr alrededor de la hamaca, haciendo como que escapa a sus cosquillas.
- Hoy ha venido Nejune -se detiene ella, sin aliento-. Ha salido de la tierra y hemos jugado con caracoles secos. Luego se ha ido. Pero vendrá mañana. ¿Cuándo me vas a pintar?
"Mi hermana debe tener un amigo invisible", digo para mis adentros mientras nuestro padre ruge: "¡Os voy a pintar a los dos!". Se refiere a Nejune y a ella, que celebra con un baile de palmadas, algo absurdo, la noticia.
En fin, que intentaba escribir sobre mis recuerdos desde la hamaca colgada del mangle con avispero apacible como los respetuosos perros del vecindario, los pescadores que caminan a paso rápido la orilla, se paran unos segundos al encuentro de otro para comentar algo indescifrable y continúan, como la bachata que más bien molesta a mis espaldas, el ronroneo de las olas color azul tierra, unas crestas enanas de mar rizado que vienen de muy lejos, de los cayos y lomas verdes halados por negros de tensión en los dedos de una mano, la izquierda, y el bíceps de un brazo, el derecho, mientras se tumban sobre un tobillo, el derecho, y afilan su cuello con el horizonte seccionado por el hilo invisible del sedal. Lo curioso es que el hilo termina rompiéndose durante la prueba y el paisaje arrastrado por la fuerza del pescador, tras cimbrearse unos segundos, vuelve siempre a su lugar natural.
Finalizado este mínimo espectáculo del sector primario, me entretuve un rato más entregado a la batalla plateada y bermellón del cielo contra la tierra.
Digo que intentaba escribir cuando sucedió. Frente a mí, junto a una rama que en su extremo rozaba el suelo de arena mojada, había un hombre, mirándome. "¿Llego tarde?", me preguntó con un leve acento árabe. Tenía la piel oscura, curtida, el pelo negro, brillante. Llevaba puesto un uniforme algo gastado por el tiempo y una bufanda blanca enrollada al cuello, así como una gorra bajo el brazo. "No, todavía falta un buen rato para cenar", le respondí yo sin saber muy bien por qué, desde el fondo de la hamaca. Superado mi asombro, me incorporé y le invité a pasar. Dentro estaba mi madre rodeada de cacharros y aromas. Y, en ese momento, intentando introducir un taco de cartón debajo de una pata del frigorífico. Despeinada y acalorada, nos miró con ojos de loca (dios sabe cuánto tiempo llevaba intentando introducir el taco de cartón), se secó las manos en el delantal, sonrió como pudo y se abalanzó a darle la mano al piloto. Él, muy educadamente, se inclinó y depositó un beso de aliento en el dorso de la mano de mi madre, una mujer a la que le pirraban ese tipo de detalles. Esa noche cenamos cuscús y mis padres y nuestro invitado brindaron con grandes copas de vino tinto. Durante la cena, la que más habló fue mi madre, entre otras cosas contó con todo detalle el trayecto de la avioneta que les trajo del exilio argelino, una odisea engrandecida por el recuerdo.
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'13 rosas'

Anoche fue el estreno de '13 rosas'. Es el último espectáculo de Arrieritos, una compañía de flamenco y danza contemporánea, de teatro, al fin y al cabo. En ese montaje tengo a media familia actuando. La música de Héctor, el baile de Tasha y los movimientos de Sonia, hermanos míos. Así que no podía perdérmelo e hice un largo viaje para estar ahí, al igual que muchos amigos y familiares de las 13 intérpretes en escena, todas mujeres, y de los que no estaban en escena, como Cuqui, Florencio Campo, el director.
En fin, que había muchos amigos en el inmenso patio de butacas del auditorio Padre Soler de la Universidad Carlos III de Leganés (Madrid). Pero tanta gente no podía ser sólo amiga. Yo calculo que el público, buena parte de él, estuvo más de cinco minutos aplaudiendo y lanzando bravos, en pie. Supongo que Pavarotti estará acostumbrado a esa demostración de cariño e incluso a más minutos de agradecimiento colectivo, pero yo era la primera vez que lo presenciaba. Gente que se levanta y no se cansa de aplaudir. Y no salieron más veces a saludar porque el escenario era enorme y tardaban mucho en llegar al proscenio.
Bueno, a mí me toca personalmente pero, dejando sentimientos a un lado (todo lo que se pueda), diré que el espectáculo me pareció buenísimo: rítmico, sutil, poético, vibrante, violento, amoroso, fibroso, rico, emocionante, triste, hipnótico, alarmante...
Puede que hubiera público que se marchara sin haber conseguido atrapar ese racimo de sensaciones u otro manojo parecido, y que yo necesitara varios minutos para que el huevo bajara de la garganta a su lugar natural, y que necesitara ir a tomar el aire para que se me pasara un leve mareo y un templequeo de piernas fruto de la emoción puede que fueran resultado del amor fraterno y de lo mucho que me atrapan los trabajos de Arrieritos, desde el principio.
Acostumbrados como estamos a que nos mientan y se excedan con nosotros, pobres ciudadanos, a diario, '13 rosas' es un alud de verdad, de honestidad, de contención y de todas esas cosas que a veces olvidamos que no se pueden perder.
Como la memoria. 13 mujeres inocentes (¿no siempre somos inocentes?) fueron fusiladas en agosto de 1939, tras la guerra civil española. El homenaje que les otorgó Arrieritos las trajo de nuevo con nosotros, que es donde deben estar y nunca haberse ido.
'13 rosas' se representará de nuevo del 17 al 20 de noviembre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, además de en otras ciudades españolas. Más información en www.arrieritos-flamenco.com Leído 488 veces

Djuna cierra su blog

Me ha causado una sensación de tránsito la noticia de que Djuna cierra su blog. He estado entrando en él desde que descubrí este mundillo y aterricé en su universo de no ficción durante una noche en vela en la que me lo leí de pe a pa. Todo lo que contaba Djuna, y espero leerla siempre en alguna parte, era fascinante. No por lo que decía sino por cómo lo decía. La anécdota más trivial, si se le daba una vuelta de tuerca y se espolvoreaba con la poesía de los corazones burbujeantes como el de Djuna, se convertía en clave vital.
Yo he aprendido mucho en estos meses, he cambiado como ahora hace ella, estoy también en tránsito. Y el tránsito, señores, es vida.
Djuna escribía en Lo raro que es vivir.
Ese blog casi se puede leer como una novela. Lo que quiero decir es que me gustaría que ella lo transformara para dar forma a una novela.
Ahora tal vez lo haga en otrosviajes.bitacoras.com
Buen viaje, Djuna.
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Gore y humor a lo Tarantino versus violencia en el cine

Se va a estrenar próximamente Kill Bill Vol. 2, la epopeya gore de Quentin Tarantino. Se ve que el antiguo dependiente de videoclub, aparte de cinéfilo empedernido, quiere emular a El señor de los anilllos con eso de las sagas para ver si así consigue una pila de Oscar. O a lo mejor es que le sobró un bidón de zumo de tomate de la primera parte.
Yo, digámoslo de antemano y sin pudor alguno, me dormí en Kill Bill Vol. 1. Pero eso es otra historia: simplemente, no puedo ir al último pase de ninguna película. También me dormí La guerra de las galaxias. Episodio 1, El planeta de los simios y una muy bonita con Paul Newman, con lo que me gusta el tipo ese que, digámoslo aunque no venga a cuento, ahora se dedica a las carreras de coches y a las salsas (de tomate, también). Ya no se acuerda de cuando se le desmayaban chicas (literalmente, con llamada al 092 y todo) en plena calle.
Pero, ¿por dónde iba? Primer aviso: la última de Tarantino se encuadra en el género de la comedia de acción. Hacía tiempo que no veía algo tan bien definido. Oiganlo, señores aficionados al séptimo arte: Quentin no va en serio. Se despiporra en su casa después de cada estreno, mientras lava las camisas de sangre salpicada. El que sí va en serio es Mel Gibson, en cuya vida compagina sin vergüenza alguna los alegatos machistas contra las mujeres (una vez dijo que las mujeres, a la cocina) y el coloreado de rojo de La pasión.
Quentin, que es un director de la hostia (no nombran a cualquiera presidente del jurado de Cannes), trata la violencia con un sentido del humor que ya quisieran los que tratan la violencia en sus películas. Punto uno: la violencia de ficción no incita a pegar tiros. Lo que incita a pegar tiros son las armas de fuego, como diría Michael Moore.
Hay un director alemán al que le tengo especial tirria, de nombre Michael Haneke, que hizo una película llamada Juegos divertidos (Funny games). Ese tío sí que es un psicópata. Su intención era justamente la contraria, la de denunciar la violencia. Y más aún, la de denunciar que la violencia en el cine incita a pegar tiros a niños indefensos. En su película retrataba a dos jóvenes aficionados al tenis (con sus uniformes blancos y educación refinada) que entran en una casa bien de una familia que pasaba plácidamente el fin de semana. Allí se dedicaban a torturalos y a masacrarlos, incluido el niño pequeño. Para que se hagan una idea: cuando la madre le arrebata la pistola a uno de los tenistas cabrones, el director rebobina hasta el instante en que ella lo intenta, el tenista se lo impide y el concienciado realizador continúa la película desde ese punto. ¿Qué pasa? Que el tenista le vuela los sesos al niño contra el televisor. Qué gráfico y qué aleccionador. Y encima el tal Haneke se dedicaba a poner verde a Tarantino en las ruedas de prensa. Tarantino es un ángel y tú, Haneke, un puto psicópata. Con perdón.
Vamos a ver si nos calmamos. Quentin ha dedicado su filmografía a la violencia. Pero, ¿quién no se rió cuando en Pulp Fiction Travolta dispara sin querer al chaval negro que iba tan tranquilo charlando en el asiento de atrás? ¿Y el baile de Michael Madsen mientras le corta una oreja al policía en Reservoir dogs? Magistral, ¿no? En Jackie Brown, va y se tranquiliza un poco. Menos cuando Robert de Niro le pega un tiro a la pesada de Bridget Fonda en el aparcamiento. “Mira que te avisé”, le suelta. Y todos entre conmocionados y divertidos.
Yo creo que eso hace más en contra de la violencia que cualquier alegato pretendidamente culto. Riámonos de las desgracias, eso es darle importancia. Hay muchos funerales que acaban con todo el mundo contando chistes o sonriendo cariñosamente con las cosas que tenía el finado. Hay que quitarle tragedia a la vida, que ya bastate tenemos. En fin.
Vayan a ver Kill Bill Vol. 2. Si no están de acuerdo con lo que he dicho arriba, al menos podrán deleitarse con Uma Thurman. O con una recuperada Daryl Hannah. Ahí es nada, la replicante de Blade Runner.
Nota: este artículo fue escrito hace un año, cuando dice "vayan a verla" quiere decir "alquílenla", amigos. Leído 297 veces

El último minuto

SEC. 1 INT./DÍA. Quirófano.
Un hombre maduro está entubado en el quirófano de un hospital, en penumbra. La máquina que hace bip bip emite de repente un sonido monocorde, señal de que el paciente entra en una situación crítica. Suena una sirena y en un letrero luminoso aparece, parpadeante, la frase: “Situación crítica”.
Una enfermera aparece en el quirófano, revisa el gotero y vuelve a salir a toda prisa.

SEC. 2 EXT./DÍA. Cancha de baloncesto.
Suena una sirena, se interrumpe el partido y los jugadores, un grupo de adolescentes, se arremolinan alrededor del entrenador al borde de la cancha de baloncesto. El entrenador, sudoroso, cabizbajo, preocupado, toma de los hombros a los dos que tiene más cerca, hacen una especie de cabaña humana entre todos (el entrenador, los cinco que estaban jugando y tres reservas) y el entrenador saca un portafolios y un rotulador.

ENTRENADOR
Bueno. La situación es crítica. Nos jugamos el todo por el todo. A vida o muerte.
Los jugadores se intercambian miradas de honda preocupación.

JUGADOR 1
¿Entonces? ¿Le abro yo una vía? Una inyección de 30 miligramos de Pentotal será suficiente.

Hay un instante de silencio. Villaescusa y el entrenador observan al Jugador 1, pensativos.

ENTRENADOR
De sobras. Mejor, que sean 20 miligramos.
(dirigiéndose al jugador que está a su derecha)
Tú, Villaescusa, deja de hacer todo lo que has estado haciendo y ten listo el electroshock.

VILLAESCUSA
Entendido. Espero hasta el último momento.

Villaescusa agita sus brazos, tuerce a un lado y al otro su cuello, como calentando para el momento que se avecina.

ENTRENADOR
Sí, eso es, antes tenemos que aguardar a que sus defensas bajen la guardia. Hasta ese instante quiero que los demás, Luismi, Javier y Petra, mantengáis la presión sanguínea, cada uno en su puesto.

El entrenador traza círculos y flechas sobre el área que tiene dibujada en el portafolios.
Hay que estar muy atentos a cualquier fallo orgánico. Tenemos que salvarlo por todos los medios.

PETRA
Venga, ¡vamos!, ¡a por todas!

Los jugadores y el entrenador unen sus manos en el centro de la cabaña humana y las bajan de golpe.

TODOS
Gritando al únisono.
¡Juan-an-to-nioooo!

El equipo se dirige a sus puestos en la cancha. Luismi va a sacar desde la banda, Petra intenta desmarcarse de su oponente para recibir el balón, los demás se mueven en sus posiciones de ala (Javier) y pívots (Jugador 1 y Villaescusa). En la banda, el entrenador y los tres reservas se muerden las uñas al unísono. Luismi consigue pasarle el balón a Petra.

SEC 3. INT./DÍA. Quirófano.
El equipo médico entra apresuradamente en el quirófano. El cirujano se dirige a su equipo, que se arremolina alrededor de él, mientras se lava las manos y se enfunda los guantes.

CIRUJANO
A ver, Marimar, tú recibes en primer lugar y marcas jugada. Rosales, busca posición para lanzar en los últimos segundos. Vamos a ir 1 3 1. O sea que Rosales, va a estar más allá de 6, 25 hasta que se termine la posesión. Los demás, debéis conseguir que los defensas se abran para conseguir espacios en blanco. Hay un sólo tiro. Es a vida o muerte.

La Enfermera le coloca la mascarilla. El equipo médico se dirige a sus posiciones. El paciente ya está preparado para la operación. El cirujano levanta una tela cuadrada a la altura del pecho del paciente, que queda al descubierto.
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Cavilaba Bruto cuando llegaba el otonio

“Siempre que viene el tiempo fresco, o sea al medio del otonio, a mí me da la loca de pensar ideas de tipo eséntrico y esótico, como ser por egenplo que me gustaría venirme golondrina para agarrar y volar a los paíx adonde haiga calor, o de ser hormiga para meterme bien adentro de una cueva y comer los productos guardados en el verano o de ser una bívora, como las del solójico, que las tienen bien guardadas en una jaula de vidrio con calefación para que no se queden duras de frío, que es lo que les pasa a los pobres seres humanos que no pueden comprarse ropa con lo cara questá, ni pueden calentarse por la falta del querosén, la falta del carbón, la falta de lenia, la falta de petrolio y tamién la falta de plata, porque cuando uno anda con biyuya ensima puede entrar a cualquier boliche y mandarse una buena grapa que hay que ver lo que calienta, aunque no conbiene abusar, porque del abuso entra el visio y del visio la dejeneradés tanto del cuerpo como de las taras moral de cada cual, y cuando se viene abajo por la pendiente fatal de la falta de buena condupta en todo sentido, ya nadie ni nadies lo salva de acabar en el más espantoso tacho de basura del desprastijio humano, y nunca le van a dar una mano para sacarlo de adentro del fango enmundo entre el cual se rebuelca, ni más ni meno que si fuera un cóndor que cuando joven supo correr y volar por la punta de las altas montanias, pero que al ser viejo cayó parabajo como bombardero en picada, que le falia el motor moral. ¡Y ojalá que lo que estoy escribiendo le sirbalguno para que mire bien su comportamiento y que no searrepienta cuando es tarde y ya todo se haiga ido al corno por culpa suya!”.
César Bruto, ‘Lo que me gustaría ser a mí si no fuera lo que soy’ (capítulo: ‘Perro de San Bernaldo’). Extraído de ‘Rayuela’, de Julio Cortázar, edición Literatura Contemporánea, Seix Barral.

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Sigo esperando

Ahora no tenían micros en el otro cyber. Así que, después de repartirnos unos segundos de dulzura, se ha ido al de enfrente. Ojalá seamos audibles esta vez. Tenemos toda la mañana, para ella, y toda la tarde, para mí. Algunas veces ha sido toda la noche, para mí. Y lo que querríamos es tener mañanas, tardes y noches para nosotros. Me comprendéis, ¿verdad?
Será curioso cuando no tengamos que correr hacia una máquina cuando queramos vernos, sólo recorrer un pasillo, salir de una habitación para entrar en otra.
Creo que, sólo por costumbre y para reirnos un poco, nos escribiremos mensajes en una servilleta de papel, mientras nos cojamos la mano y nos miremos por fin, a los ojos. Esos enormes que ella tiene. Y pondremos jja y dibujaremos una cara sonriente o alucinada.
Todavía no.
Y toda mi vida esperando.
Y la suya, a dos océanos de distancia.
Queda muy poco. Leído 255 veces

Mientras espero

Se está cambiando a otro cyber. En el que nos hemos encontrado, ella a las diez de la mañana y yo a las seis de la tarde, no nos oíamos aunque sí nos veíamos.
Nos conocimos, como he dicho por ahí, a través de un blog mexicano en el que ella encontró un comentario perdido mío. Y fue a parar a este rinconcito del ciberespacio. Leyó un post, se sintió identificada con lo que yo decía. Y me escribió.
El resto es una historia de amor.
No nos conocemos en persona. Seríamos carne de cañón para el diario de Patricia o algún programa de esos. Pero nada más lejos de la realidad. Lo nuestro es otra cosa. Nos conoceremos el 25 de noviembre cuando ella llegue al aeropuerto de mi ciudad, procedente de dos océanos más allá.
Mi amor intangible, pero visible (aunque hoy no audible) es de verdad. Y esta manera de conocernos ha sido todavía mejor para lo nuestro que si nos hubiéramos conocido en una calle de Madrid, pongo por caso, en un museo o en un concierto.
La diferencia entre ella y el resto de los mortales (escribo esto después de leer el último comentario a aquel post) es que ella supo ver un recóndito secreto en mi corazoncito, que era el mismo que en el suyo. Algo así sucedió.
El resto es una historia de amor.
Todavía no ha llegado al otro cyber.
Todavía falta un poco para el 25 de noviembre.
Todavía se puede uno enamorar.
Todavía se puede.
Todavía.
Toda mi vida.
Tú eres todo mi vida.
Todavía no ha llegado al otro cyber. Leído 304 veces

Letra para '13 rosas'

Flor nocturna

Dulce centinela
de mi luz sombría
guarda la memoria
de cuando moría

Rosas en el alma
calman mis fatigas
agua de una celda
vino en mis heridas

Muy calle adentro
la falsa verdad
encontró tormento
donde hubo paz

Soplos de aliento
amiga le dabas
a este trapito
de mi soledad

Tú vigilas mis destinos
tú lavas el desencanto
tú sabes pintar de oro
cada cual de mis pedazos

En un cruce del camino
me mató la madrugada
flores en mi lecho frío
perfumaron mi morada
gracias por salvarme hermana
gracias por salvarme hermana

Esta letra la escribí hace unas semanas para el espectáculo de flamenco-contemporáneo 13 rosas. Y hoy se la regalo a mi amor y a su amiga más querida, ellas saben por qué. Leído 302 veces

Banderas republicanas

Los símbolos tienen importancia, y no todos se la dan en su plena magnitud. El banderón instalado por los anteriores gobernantes en la plaza de Colón de Madrid no se puso ahí porque sí. Por ejemplo. Y ayudó a que saltaran algunas chispas. “No hay que avergonzarse de los símbolos patrios”, vinieron a decir los patriotas. Pero se olvidaban (de forma sibilina, pensarían algunos), de que ese símbolo, la bandera, tiene alguna que otra connotación histórica en esta sufrida piel de toro. A veces, todavía traumática.
En Cataluña y en el País Vasco, la presencia de la bandera del Estado español levanta ampollas. Es algo que no se debe obviar. Despierta sensibilidades y hasta irrita, es una realidad. Algo tendrá que ver el pasado.
La bandera republicana (la tricolor: roja, amarilla y morada) fue arrebatada por la fuerza de las armas de la iconografía de los españoles, tras una sublevación militar. Era la bandera constitucional y fue eliminada, como lo fueron varios millones de españoles durante la guerra civil.
Una imagen ilustrativa, descrita el 7 de septiembre de 2003 por Emilio Soler en ‘Semana de pasión en el campo de los almendros’, un artículo publicado en el diario Información sobre el libro ‘El año de la victoria’, escrito por el periodista Eduardo de Guzmán durante su exilio mexicano: “Mientras dos navíos cargados hasta los topes, el Stanbrook y el Marítima, salían de allí [del puerto de Alicante, el 29 de marzo de 1939, con 25.000 personas esperando a ser embarcadas], otros buques llegaban hasta la bocana del puerto y, cuando parecía que iban a atracar daban la vuelta y se volvían por donde habían llegado. Finalmente, el único barco que entró fue el nacionalista Vulcano que, según Guzmán, lo hizo ‘con la bandera bicolor desplegada al viento, ametralladora y cañones apuntando a los muelles y el desembarco de los soldados que van a poner final inmediato y dramático a nuestra estancia en el puerto”.
Y otra imagen: Cuando Manuel Azaña, el presidente de la República, falleció en Montauban (Francia) el 3 de Noviembre de 1940, tras haberse exiliado durante las postrimerías de la guerra, fue enterrado con su féretro cubierto con la bandera mexicana. Su deseo había sido ser sepultado con la bandera tricolor republicana, pero sus allegados prefirieron la de otro país antes que la bicolor.
Y otra, narrada por Baldomero López Arias. “Martes, 14 de abril [de 1931], Elche. Triunfo de la República en España. Las elecciones municipales han demostrado que España es republicana. El rey se marcha de Madrid a las nueve de la noche para embarcar a Cartagena. Alcalá Zamora y los demás firmantes del manifiesto de diciembre forman gobierno. A las seis de la tarde se forma una manifestación [hasta la] Plaza Mayor. Apenas si podemos ganar la puerta del Ayuntamiento. Casi me ahogan. Por fin subimos a la alcaldía y el alcalde don Diego Ferrández no está. Su suegra se está muriendo. Nos recibe Fluxá y el secretario. Se coloca la bandera republicana en el balcón principal. Se adorna dicho balcón con colgaduras y se encienden focos eléctricos. Julio María López Orozco dirige la palabra desde el balcón. Después yo hablo desde el balcón de casa de Julio. Después de cenar, paso al Círculo y allí estoy hasta las dos de la noche. Todos me saludan y felicitan”.
Dejando aparcada la Historia, abundante en carne viva, solamente un par de cosas que han pasado últimamente en Elche respecto a la bandera tricolor:
La que ondeaba desde el 1 de septiembre de 1977 en el local de los republicanos de ARDE en Elche, es arrancada por desconocidos en varias ocasiones.
La bandera de la República aparece en las concentraciones pacíficas contra la situación de la industria del calzado. Sin contar las innumerables veces que salpica las manifestaciones de toda índole en todo el país desde hace unos meses.
Por algo será.
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Relato en construcción (II; el I forma parte del II)

Título.

Volver
Recuerdos a la familia
Da recuerdos
¿En qué piensas?
La vista atrás
El repaso
Memories (del inglés y valenciano)
Si mal no me acuerdo
Yo me acuerdo
¿Recuerdas?
¿Te acuerdas?
Sí, me acuerdo (memorias de Mastroiani)
Heridas
Escrito en bronce

Referencias.

Stanbrook. Memorias de un exilio
Cuento de Borges (Funes el memorioso)
Carnaval
Palombela rosa (Yo me ricordo)
Totó el héroe
Canción ‘Volver, volver’

Sinopsis.

Ese verano, Saúl está sentado frente a una mesa en el porche de la casa de campo familiar mientras escribe en un cuaderno. Los grillos ponen la banda sonora a la tarde todavía asfixiante de agosto. Saúl escribe y a la vez cuenta en voz alta una imagen que se le ha quedado grabada: la de una chica que vio salir del mar y a la que observó mientras caminaba por la arena todavía con mil gotitas de agua sobre su cuerpo.
Su hermana pequeña se desliza junto a él y le dice que no haga ruido, que Nejune y ella van a darle un susto a su padre. Hace un gesto con un dedo sobre la boca a su amigo invisible para que guarde silencio y se dirige al pequeño jardín en el que duerme en una hamaca el padre. La niña se acerca sigilosa, nerviosa y divertida, al padre. Está dispuesta a darle un susto. Cuando está junto a la hamaca, el padre se adelanta y le da un susto estruendoso que hace a la niña brincar por la sorpresa y luego correr divertidísima otra vez hacia la casa. La niña pasa a toda velocidad junto a su hermano y entra en la casa por la puerta principal.
La casa está repleta de la luz del verano. La habitación principal está llena de cuadros a medio pintar y un par de ellos en caballetes, uno ya terminado. Hay tubos de pintura y pinceles por todas partes. Los cuadros están en una especie de salita mora: dos taburetes, un puf, alfombras y una mesa con una bandeja de plata labrada encima. La niña frena su carrera y se queda mirando fijamente el cuadro terminado. Se sienta en el suelo, sobre una alfombra, para verlo más cómoda. Su cara resplandece.
El padre se levanta lentamente de la siesta, pasa al lado de su hijo y sonríe. Le toma prestado su vaso de ron y le da un sorbo. Va vestido como un árabe, con una túnica blanca hasta los pies, y lleva algunas flores diminutas en los rizos del pelo y la barba. El padre entra en la casa arrastrando las babuchas.
La niña, al verlo llegar, se levanta dando gritos de socorro, auxilio y muerta de risa. Él hace como que va a atraparla, pero ella se escapa y corre hacia su madre, que está poniendo la mesa. La madre, que está despeinada y lleva un delantal y unas alpargatas, retiene a su hija y le pide que le ayude a colocar los cubiertos de plata. El padre le pregunta a la madre quién va a cenar, que si tienen invitados. Ella duda, dice que no, que no lo sabe, pero que quiere que esté todo bien preparado, que no falte nada. Vuelve a la cocina, en la que humea una gran olla. El padre la sigue e inspecciona el interior de los cacharros: es cus cus. La madre le pide que la deje sola y le da unas flores que ha colocado en una lata vacía de aceitunas para que las ponga en la mesa. El padre se queda mirando la lata pero obedece.
Saúl sigue escribiendo frente a la mesa. Narra detalles de su imagen: la chica mesándose el pelo, dejando un rastro de pequeños lunares de arena mojada, y él en la playa agachándose y recogiendo uno de esos pequeños círculos de arena húmeda, que se le deshace en la mano. Cuando vuelve en sí, está agachado en el porche mirándose la mano vacía y frente a él hay un piloto de aviación de los años 50. Se quedan mirándose. El piloto lleva la bufanda al viento, como si estuviera en pleno vuelo. El piloto le saluda y le pregunta si llega a tiempo para la cena. Él le dice que sí, que todavía faltan un par de horas. El piloto le da las gracias y entra en la casa. Saúl le sigue, muy intrigado.
El piloto entra, se queda mirando el cuadro terminado, y sigue hasta la cocina. Allí se encuentra con la madre, que está como loca entre los cacharros y la tabla de cortar verduras. Ella se vuelve, se queda estupefacta al verlo, se limpia las manos en el delantal y le dice que siente su aspecto, que sea bienvenido, que esa es su casa, que le estaba esperando.
La familia y el piloto cenan cus cus. La madre, ya emperifollada, le pide muy atentamente que les cuente alguna de sus experiencias como aviador. Él relata: era una noche con una meteorología bastante inestable, tenía que cubrir el vuelo entre Orán y Alicante, la avioneta era antigua, la guerra había dejado la flota de su compañía totalmente maltrecha, el aire entraba por todas las rendijas; llevábamos a una familia, un matrimonio, dos chicas jóvenes y un niño de 10 años, con sus baúles; pero su experiencia como piloto le permitió que el trayecto fuera como la seda, a pesar de los baches. Lo cuenta con mucho entusiasmo. La madre abre los ojos como platos mientras le escucha. Enseguida, sale de su asombro y bromea con la idea de que haya baches en el cielo, como los de las carreteras, como si hubiera agujeros en las nubes y los obreros tuvieran que subir a taparlos. Todos sonríen. El padre comenta que su mujer hizo un viaje como ese tiempo atrás, cuando era una chica joven, a la vuelta del exilio de sus padres. Todo se queda ahí.
A la hora de cenar del día siguiente, Saúl está fantaseando de nuevo con su imagen de la chica de la playa, habla de la sal impregnada en el vello de su antebrazo. La hermana pequeña está en el suelo jugando a las cartas con Nejune, su amigo invisible. En ese momento aparece una mujer espectacular, de unos 30 años, alta, delgada, con un pañuelo en la cabeza y sofisticadas gafas de sol, vestida al estilo de los 60. Pregunta en francés a Saúl si llega a tiempo para cenar. Él responde entusiasmado que sí, que ahora mismo iban a sentarse a la mesa. La mujer le da las gracias en francés y entra en la casa. Saluda al padre, en francés, que le besa la mano. Le estaba esperando, le dice a la mujer. Ella se pone coqueta.
La familia, la mujer y el piloto cenan cus cus. El padre le pregunta si sería tan amable de recitarles algo. La mujer dice que encantada y comienza a interpretar un extracto de ‘La noche de Molly Bloom’, todo muy afectado. El padre exclama que es una gran actriz, que le recuerda a aquella vez en el teatro Olimpia de París, en el 62. Ella responde que aquella interpretación le dio la gloria.
(...)

Actualización.
La idea de este relato o sinopsis o tratamiento de guión de cortometraje era contar la convivencia de una familia con sus recuerdos, físicamente. En unos días de aplatanamiento, pantalón corto y cri cri de chicharras veraniegas, la familia recibe la visita de dos seres extraños y excepcionales, un piloto de los años 50 y una actriz de los 60. Llegan como por arte de magia y se quedan a cenar y, por lo que se ve, también a dormir y a vivir. Para alegría inicial de las personas que los habían convocado sin saberlo: la madre al piloto y el padre, a la actriz.
Tal mágica situación despierta las envidias de los hijos. Los hijos poseen el recuerdo de dos seres intangibles que también quieren recuperar: la niña a un amigo invisible y el hijo adolescente, a la imagen de una chica en la playa. Pero ni el uno, una especie de Pinocho sin madera, ni carne ni hueso, ni la otra, la idealización del amor, aparecen.
La noticia de la presencia de esos visitantes tan estrambóticos corre por el vecindario, y el mismo día el pueblo entero quiere recuperar sus recuerdos más preciados. Pero la magia no vuelve a producirse.
La actriz y el piloto se instalan como miembros de hecho de la comunidad, para regocijo del padre y de la madre. Y para resquemor del resto de los vecinos, que ya se han enterado bien enterados después de la entrevista realizada a los dos recuerdos en la televisión local.
Un día, al piloto le empieza a desaparecer la bufanda (que, recordemos, siempre llevaba ondeando al viento). Esa tarde, después de la estupefacción de la madre, viene la del padre: a la actriz le está desapareciendo el pañuelo que lleva como turbante. Esa noche, en la cena, al piloto se le oye entrecortado, como un móvil sin cobertura. A la actriz, se le oye repetir constantemente "mais, oui, monsieur", le pregunten lo que le pregunten. Al padre y a la madre se les nota apesadumbrados.
¿Cómo terminará? ¿Alguien quiere participar? ¿Tal vez habéis querido recuperar alguna vez un recuerdo? ¿Físicamente?
Ahora es vuestra oportunidad.


Actualización. 24 de septiembre de 2005.
Tengo un recuerdo de algo que todavía no ha ocurrido. Es algo que le pasa a todo el mundo. No es un dejà vu ni una regresión ni una progresión al futuro.
Hay gente que ha visto que dentro de 3.000 años la Tierra será un lugar maravilloso, de gente feliz. Yo no termino de creérmelo. De todas formas, hace 3.000 años había gente feliz, e infeliz, ¿por qué no en 5005?
Mi chica de la playa, la de las gotitas de mar atrapadas en su vello erizado (siempre me da por las chicas en la playa) fue el recuerdo de lo que no ocurrió, sólo que se transforma en una chica con bolsa de Vuitton cuando la nostalgia otoñal empieza a aparecer.
Mi chica con bolsa de Vuitton es el recuerdo de lo que no ocurrió. Pero ocurrirá, vaya que si ocurrirá. Es la diferencia. Ayer le llegó mi primer regalo, era una película y una carta de amor, por lo tanto, ya somos novios. Yo la recuerdo cada día, sobre todo a la mañana siguiente, como hoy. Ayer hablamos más de 500 minutos, eso sí que fue un regalo.
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“Si la guerra fue una hora de TV, aquí se vieron cinco minutos”

Diego Miralles, ilicitano nacido en 1970, sabe lo que es una guerra, y una catástrofe natural. Conoce de cerca la muerte, la barbarie. Ha visto imágenes que reflejan el límite, el horror, la cara más oscura de la experiencia humana. Son instantáneas que nadie ha presenciado en esta burbuja de (supuesta) protección que llamamos Occidente y que él conserva como un tesoro, como la prueba de que él estuvo allí y puede contarlo. Podemos definirlo como un reportero de guerra, un asiduo de un espacio físico y mental que alguien llamó ‘Territorio comanche’. Es en definitiva, un periodista.
El año pasado, tras su experiencia en Irak trabajando como responsable de la única unidad móvil de retransmisión, vía satélite, que permaneció en Bagdad durante la invasión de Estados Unidos, le concedieron el prestigioso premio Ortega y Gasset de periodismo y el galardón ’12 meses, 12 causas’, otorgado por Tele 5.

En el bar Luis, del Centro Social de Perleta-Maitino, la pedanía ilicitana en la que vive junto a su mujer y sus dos hijas, de dos y cinco años, Diego Miralles desmenuza la infinidad de veces que ha viajado por el mundo en los últimos diez años. La calma que se respira en el Camp d’Elx y la simpatía con la que le acogen sus vecinos quedan muy lejos del drama que él no duda en relatar de una forma generosa. Tal vez su rostro curtido, whisky y cigarro rubio en mano, es lo único que conecta con ese pasado épico.
Lleva con la cámara al hombro desde que era un chaval. En el año 1984 comenzó a trabajar para la extinta Televisión Ilicitana y en los primeros pasos de TeleElx. En 1989, se fue a Madrid para cumplir con el servicio militar y pronto recuperó su vocación periodística, colaborando con Europa Press TV y TVE.
Más tarde, montó (técnicamente hablando), para la empresa Frames, delegaciones de Tele 5 en Alicante, Murcia, Valencia, Castellón y Palma de Mallorca. Trabajó en programas como ‘Misterios sin resolver y ‘La máquina de la verdad’, sin dejar nunca de lado los informativos. En ‘Luz roja’, presentado por Elena Ochoa, aprendió bajo las órdenes de Chicho Ibáñez Serrador, el gurú de la televisión española.
A partir de 1994, se alió con el periodista vasco Jon Sistiaga para recorrer casi toda Sudamérica y Centroamérica. Entre otros reportajes, incursionaron en la jungla colombiana para grabar el desmantelamiento de un laboratorio de cocaína que producía 1.800 kilos diarios. “Para llegar al laboratorio de coca estuvimos seis horas pateando la selva. La policía colombiana entraba a quemarlo, lo cual era más peligroso ya que los narcos aguardaban para volarlo con cuantos más policías dentro mejor”, recuerda.
Ha conocido a los guerrilleros de las FARC colombianas y a los insurgentes zapatistas del Subcomandante Marcos en Chiapas (México). “Tengo tres pasaportes llenos de sellos de países de todo el mundo”, sintetiza.
El relato de Diego salta de una punta a la otra del globo: “En Sudán, un país en guerra civil desde hace más de 30 años, estuvimos en el campo de refugiados más grande del mundo. Era tan grande que había guerra incluso dentro del propio campo de refugiados”.
Pero no sólo ha acudido a conflictos bélicos. Entre otros cometidos, ha sido responsable técnico del mundial de fútbol de Corea y Japón. Proporcionaba la señal ‘pool’ para las televisiones que no tenían los derechos de emisión, que eran de Antena 3. Y, algo que le toca sentimentalmente, se encargó de una serie sobre patrimonios de la humanidad encargada por la UNESCO para la cadena japonesa KBS. Entre otros, hizo los documentales del Misteri y del Palmeral.
P: Luego está la guerra de Irak, que marca un antes y un después en tu trayectoria.
R: Sí, me han concedido, sin tener el título de Periodismo ni el de Imagen y Sonido, dos importantes premios. Fueron 23 días entrando en directo con más de 37 países de los cinco continentes. Aunque en Irak estuvimos 62 días en total, adonde me fui con 600 kilos de material y un equipo de personas (un productor, un ayudante de producción, un operador de satélite y yo, como responsable técnico y operador de cámara) enviado por Mediapro, una de las empresas españolas más grandes en unidades móviles vía satélite. Hacíamos jornadas laborales de 22 horas.
P: Aún así, ¿se podía reflejar toda la magnitud de la guerra?
R: Yo tengo guardadas más de cuatro horas de imágenes que no han sido emitidas, todo lo que se nos recortaba a nivel interno, por el Gobierno de Irak, y externo, desde España. Si la guerra ha durado (digamos) una hora de televisión, vosotros os habéis enterado de cinco minutos. Allí debíamos pedir permiso hasta para poder hacer una llamada a tu familia. Los primeros días nos precintaron hasta la ropa. Teníamos al lado todo el día a una persona del ministerio de Información iraquí, o sea, un espía. Apuntándote con un Kalashnikov, te decía lo que podías emitir y lo que no. “Por tu seguridad, te aconsejo que esas imágenes no salgan de Bagdad”, señalaba. Y te lo decía muy claro porque hablaba muy bien español, fue traductor de Sadam. Me di cuenta de que le gustaba el whisky y, al cabo de unos vasos, de esa manera podíamos pasar alguna imagen que otra.
P: ¿Cuál es tu opinión sobre la guerra de Irak?
R: Yo nunca me quiero involucrar, sea una guerra o un desastre natural. Mi trabajo es la imagen, quiero contar la pura y dura realidad. Quiero ir lo más neutro posible. Por otro lado, yo vi muchas casas en Irak que no tenían retrete, mientras que en los palacios de Sadam, que han salido en la tele, los aseos eran de oro. Además, los terroristas suicidas que venían a inmolarse se alojaban en el hotel Palestina, con la prensa internacional.
P: ¿Crees que el asesinato del cámara José Couso fue premeditado?
R: Tengo en mi poder las imágenes del tanque americano cuando disparó, me las trajeron los periodistas franceses. Puede que los militares de Estados Unidos dispararan para avisar, pero sabían de sobra que estábamos en el Palestina. Couso era un amigo, trabajamos muchos años en Tele 5. Poco antes de su muerte, me dijo: “Estamos en una guerra, Dieguín. Pero esta no es una guerra normal, aquí hacemos Historia”. La Historia la hizo él. Todavía conservo la llave de la habitación de Couso, yo fui el último en cerrarla. En fin, cuando acudes a una guerra sabes que no vas a un desfile de Versace.
P: Los reporteros de guerra, ¿estáis hechos de una pasta especial? Arturo Pérez-Reverte contó cómo son ese tipo de periodistas.
R: Puede que estemos hechos de una pasta especial, pero no él. Él iba por Bosnia con un 4x4 de TVE blindado, y muchas veces se quedaba en el hotel. Pero bueno... Sí que nos encontramos siempre los mismos. Si ahora tengo que salir para Haití, me voy a encontrar al 90 por ciento de los que estuvieron en el terremoto de Armenia o el de El Salvador, por ejemplo. Estamos hechos de una pasta o de un tragar saliva duro.
P: ¿Hay manipulación en la televisión?
R: A mí me han llegado a decir: “Eso no lo envíes que puede herir la sensibilidad del espectador”. Y yo, contestarle: “¿Quieres que me dé la vuelta con la cámara y grabe unos jardines?”. Cuando hacíamos noticias para la Forta, la red de canales autonómicos, no tenía nada que ver una noticia de una televisión con la de la otra, una vez montadas y emitidas según las pautas que cada cadena daba.
Diego Miralles se queda con el recuerdo de su trabajo en Irak o cuando recibió felicitaciones desde Hispasat por haber dirigido 2.500 directos, sin ningún problema. O aquel día que tuvo saltar por encima de un tanque norteamericano para salvar unos cables de televisión. “El peor día fue cuando entraron los americanos en Bagdad, era un directo por minuto. Salía Jon Sistiaga y entraba Ángela Rodicio, se vio en Tele 5 y TVE a la vez. Siempre habíamos dependido de la CNN o de la BBC, pero esta vez Irak ha sido la única guerra en la que se ha hablado español”.
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