Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

El fuerte Comansi

Periodista jubilado en la treintena (todavía) da pasos de ciego en pos de la escritura creativa (todavía). Y la gran obra universal, paralizada (todavía).

Empezamos bien, mago de Menlo Park


Buñuel nace en 1900 a golpe de tambor de la surreal Calanda. Sarah Bernhardt llega a una pantalla de cine con Hamlet’s duel. Spencer Tracy sonríe maliciosamente en una maternidad de Milwaukee. El bebé Louis Armstrong hincha por primera vez sus mejillas en Nueva Orleans. Xavier Cugat conoce a mamá (su primera mujer) el primer día del año en Barcelona. Al año siguiente, es el turno del berreo inaugural para Gary Cooper, Marlene Dietrich, Walt Disney y Clark Gable. Bela Lugosi debuta en un escenario húngaro, probablemente con el nombre de Arisztid Olt. Zeppo Marx conoce a la parte contratante de la primera parte. Lee Strasberg se despereza para su primera función (vital), sin conocer todavía a Stanislavsky. En 1902, despierta en Sora (Italia), Vittorio de Sica. En 19...

EN EL PARÍS DE 1900, LA 16ª EXHIBICIÓN MUNDIAL, CON 100.000 EXPOSITORES, SALUDA AL NUEVO SIGLO. EL ART NOVEAU COMPITE CON JUGENDSTIL, EL MODERNISMO ALEMÁN. ONCE AÑOS ANTES, LA TORRE EIFFEL HABÍA TRANSFORMADO LA URBE FRANCESA EN UNA CAPITAL FUTURISTA

Salvo por el lazo que me aprieta el gaznate, el traje se ajusta como un guante. Es el primero de mi guardarropa y, por si fuera poco, está confeccionado a medida. Algunos de los chicos de clase usan todavía pantalones bombachos, así que no me puedo quejar.
- La lana inglesa - dijo el sastre el día que vino a casa- son palabras mayores.
- Una indumentaria para un día especial - puntualizó mamá, orgullosa de ver a su hijo mayor vestido tan elegantemente.
Y hoy es un día especial: he acompañado a mi padre al estudio de cine. Sin embargo, esta vez no lo he hecho para curiosear un rato entre las cámaras y decorados. Esta mañana estoy aquí como el prometedor-joven-con-traje-y-aspirante-a-director-cinematográfico que ya soy. Cruzo las piernas reclinado en el sofá, le doy una palmada al amplio camal de mi pantalón negro con briznas grises y observo a mi padre mientras trabaja en su escritorio. Está flanqueado por dos columnas de guiones y lee con parsimonia uno de los libretos. Utiliza gafas metálicas de montura redonda. Su cabello oscuro escasea, su frente avanza a pasos agigantados hacia el cogote.

EN 1900, SIGMUND FREUD PUBLICA ‘LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS’

La luz de California entra por el ventanal del despacho y saca chispas de las fotografías enmarcadas que cuelgan en los escasos espacios de pared no tomados por estanterías repletas de libros y latas de película. Son fotos de actores maquillados que sobreactúan gestos efusivos de pavor, llanto... También hay una instantánea en la que mi padre aparece sentado tras una gran cámara de cine. Y otra con mi abuela en Laupheim antes de venirse de Alemania y de que yo naciera. Este sábado me ha dicho con su típica solemnidad:
-- Ha llegado el momento de que te muestre cómo funciona el negocio.
Y vaya si lo ha hecho. Todavía reposa sobre su mesa el telegrama que le ha anunciado la decisión de la Motions Picture Patents Company, también conocida como el trust Edison, de prohibir todo intento de distribución o exhibición de películas sin su permiso. Y por si fuera poco, quieren cobrar cada vez que alguien necesite usar sus patentes. Cualquier artilugio imprescindible para rodar o proyectar cine es ahora de su completa propiedad y habrá que aflojar la mosca. ¡Valientes Edison y compañía!

EL ARQUITECTO CATALÁN ANTONI GAUDÍ COMIENZA A CONSTRUIR EL PARC GÜELL (1901-1904), SU FANTASÍA SURREALISTA Y MASÓNICA

Ante la noticia, mi padre ha pedido inmediatamente una conferencia telefónica para hablar con su colega William Fox y así obtener más información sobre el conflicto que nos afecta. El inventor Thomas Alva Edison, o Mago de Menlo Park (llamado así porque en esa ciudad de Nueva Jersey regenta uno de sus famosos laboratorios), ha reunido en la costa Este a su plana mayor. A la convocatoria han acudido, según las primeras especulaciones, su lugarteniente Edwin S. Porter; el productor James Stuart Blackton (de la Vitagraph); el principal director de la Biograph, de nombre David Wark Griffith; y el renegado Thomas Armat, que tiempo atrás demandó a Edison por apropiarse de la patente de su proyector Vitascope y ahora es aliado suyo.
Aguardando al otro lado del hilo telefónico, en París, se encuentran los magnates europeos del cinematógrafo Charles Pathé y Léon Gaumont, así como los afamados realizadores Ferdinand Zecca y George Méliès. Mi imaginación me dice que desde su cuartel general hay una espectacular vista de la torre Eiffel.

EN 1901, SE INSTAURAN LOS PREMIOS NOBEL SEGÚN EL DESEO DEL FALLECIDO ALFRED NOBEL, INVENTOR DE LA DINAMITA. EN 1903, MARIE Y PIERRE CURIE RECIBEN EL DE FÍSICA

Un reparto de campanillas para esta película de enredos industriales. Las ínfulas monopolísticas de esa banda de secuestradores de imágenes con alma de banqueros chupasangre tiene muy cabreado a mi padre, como es de suponer. Con esas palabras me los ha descrito hace un rato, justo después de desayunarse con el telegrama. Yo comparto su ira, que en mi caso se ha transformado más tarde en impotencia y, paradójicamente, también en un ambiguo sentimiento de fascinación. Nada más imaginarme a ese grupo de señores cortando los extremos de sus caros cigarros en algún salón de Nueva York, se dispara mi incontrolable fantasía. Y es que me resulta difícil odiar a los responsables de las películas que veo sin pausa cada sábado y domingo, desde las matinés a entrada la tarde, en el nickelodeon que posee mi familia en Main Street.
Por esa razón, para dejar patentes mis sentimientos encontrados, me he puesto a escribir, sentado sobre mi cálido traje, en el reverso del primer guión desechado esta mañana por mi padre. Odiar o admirar. Son valores que se me agolpan y me confunden.

LA EXPEDICIÓN ‘DISCOVERY’ DE SCOTT INICIA SU PENETRACIÓN EN LA ANTÁRTIDA (1901)

Explicaré el porqué de mis diatribas personales. Edison no es sólo el padre de la lámpara de luz incandescente o el fonógrafo. Su atrevimiento le ha empujado a idear artefactos como la máquina multicopista y el transmisor telefónico. Y a pronunciar aquella frase de 1888: “Estoy experimentando un instrumento que logra para el Ojo lo que el fonógrafo consigue para el Oído”. Se refería a la linterna mágica desarrollada más tarde por uno de sus asistentes, W.K.L. Dickson, quien siguió los conceptos de los fotógrafos europeos Etienne-Jules Marey y Eadweard Muybridge sobre la “persistencia visual”.
Para hacerse una idea de la trascendencia de Edison y su obra, es necesario tener en cuenta que Garret P. Serviss, autor del pulp A Columbus in Space, transformó en su primera novela al Mago de Menlo Park nada menos que en un genial inventor que salva a la Tierra y somete a hordas de alienígenas. Casi nada.
Al kinetógrafo o cámara eléctrica, le siguió el proyector Vitascope. Gracias a todos esos ingenios técnicos, yo he podido ver La vida de un bombero americano o El gran atraco al tren, dos de las películas favoritas de mi niñez. Porter, que dirigió en 1902 y 1903 esas dos historias, ha sabido extraerle el jugo a la cámara, moviéndola, logrando primeros planos, sacándola al exterior para que los espectadores nos recreáramos en paisajes naturales. Griffith, el gran genio de la síntesis e innovación narrativa, en estos últimos años de la década rueda 21 películas por semana, hasta el punto de que los actores de la Biograph deben trabajar en varios films diferentes en un mismo día. Y, además, presta especial atención a las actrices, cosa que nunca está de más a los ojos de un varón. De Blackton diré que terminé con dolor de mandíbulas cuando vi en 1906 Fases humorísticas de una cara graciosa, de dibujos animados.

EN 1902, CUBA SE LIBRA DEL DOMINIO DE ESTADOS UNIDOS TRAS LA GUERRA CONTRA ESPAÑA. LA ISLA CONCEDE GUANTÁNAMO. THEODORE ROOSEVELT PONE EN MARCHA LA POLÍTICA DEL ‘BIG STICK’, CON EL FIN DE INTERVENIR EN EL EXTERIOR. EN 1903, EEUU OBTIENE EL DERECHO A CONSTRUIR EL CANAL DE PANAMÁ

Y llegamos a Méliès. Es el que más me fastidia que esté dentro de esa mafia de especuladores. Mi padre asiente ante mi dolida afirmación y sigue refunfuñando entre dientes al otro lado del escritorio de caoba.
- El oscuro señor Don Dinero -añado yo. Y creo que resumo lo que a los dos nos ronda la cabeza. ¿De qué sirve el progreso si sólo se encuentra en manos de unos pocos privilegiados? ¿Eh?
Mis padres nos llevaron a Carol y a mí, en octubre de 1902, al Electric Theatre de Los Ángeles. Se presentaba Viaje a luna, del Gran Georges (como lo llamo yo), tan solo cinco meses después de su estreno en el Théâtre Robert Houdin de París. Carol, entonces una niña de seis años, se asustó cuando el rey de la luna explota y los selenitas (mitad pollo y mitad langosta) persiguen a la expedición de sabios liderada por el presidente del Club de los Astrónomos, el profesor Barbenfouillis (interpretado por el Gran Georges), hasta el proyectil con el que logran volver a la Tierra. Pero a mí esa fue precisamente la parte que más me gustó. Aunque hubo otras escenas impactantes, 13 minutos dan para mucho. Era una de las primeras películas de más de 120 segundos que se proyectaban, ¡y qué efectos, qué decorados! Luego, ya adolescente, la he vuelto a ver y se me quedaron sobre todo grabadas las formas de las sonrientes coristas con pantaloncillos que introducen el proyectil dentro del cañón que lo lanza a la Luna. Pero reconozco que, dejando a un lado los sublimes momentos de opereta, la imagen de la luna antropomorfa con el cohete incrustado en el ojo será la que pase a la historia.
Se trata de sueños. Sueños filmados, pero sueños al fin y al cabo.

EL PRIMER VUELO CONTROLADO A MOTOR SE LLEVA A CABO EL 17 DE DICIEMBRE DE 1903 EN KITTY HAWK (CAROLINA DEL NORTE). EL AEROPLANO ‘FLYER’ DE LOS HERMANOS ORVILLE Y WILBUR WRIGHT SE DESPLAZA POR EL AIRE 36 METROS, DURANTE 12 SEGUNDOS

Aparece por la puerta Doug, el bueno de Doug. Se me había olvidado nuestra cita en los billares.
- ¿Otra vez en las nubes, Carl? Buenos días, señor Rupprecht –dice irrumpiendo el bueno de Doug en el despacho. Mi padre levanta un ojo y le lanza un saludo militar. Doug va vestido como un estibador del puerto y lleva un ejemplar del San Francisco Examiner bajo el brazo.
- ¿Qué haces disfrazado de fiscal? – suelta, el muy impertinente.
- ¿Y tú de sindicalista de San Petersburgo? –le respondo, con reflejos.
Mi padre sonríe y, antes de que Doug y yo salgamos por la puerta, me recuerda que a las 13 horas hay junta del personal del estudio para estudiar los últimos acontecimientos.
Para hacerse una idea de quién es Doug, un lector empedernido (quizás por ello un joven con ideas algo extravagantes sobre política), diré que tiene como uno de sus libros de cabecera The Iron Heel, de Jack London, una novela que refleja el choque entre el capital y el trabajo. El libro se traslada a un imaginario 1912, el año en el que los socialistas ganan las elecciones en Estados Unidos: al final, se les impide gobernar y se desata la revolución y la guerra.

EN 1903, EMMELINE PANKHURST CREA EN MANCHESTER LA UNIÓN SOCIAL Y POLÍTICA DE MUJERES TRAS ABANDONAR EL PARTIDO LIBERAL INDEPENDIENTE, OPUESTO A CONCEDER EL VOTO A LA MUJER

- Otros que soñaron antes que el Gran Georges (no olvides que fue vecino y admirador del mago Robert Houdin y prestidigitador antes que cineasta) –perora Doug-, fueron el francés Julio Verne y el británico H.G. Wells. Pero, si quieres escribir sobre el tema, debes saber que la fantasía futurista tiene su germen en las convulsiones sociales que ha provocado la revolución industrial. En el orden literario, has de recordar que Wells fue profesor de ciencias en sus primeros tiempos. Los inventos más o menos rocambolescos que aparecen en las novelas de anticipación tienen su origen en el maquinismo y lo que este fenómeno ha supuesto para nuestra sociedad. Por ponerte un caso, está la cuestión de los viajes al año 2000.
Cuando a Doug le planteas un tema es capaz de la más documentada e irrefrenable de las conferencias. Parece el Transiberiano chirriando a su paso por Vladivostok. No hay que dejarle tomar aire.
- Sí, el viaje al futuro. Como en La máquina del tiempo, me la sé de memoria –le digo.
- Y yo. Ahí Wells se excede un poco, cuenta un viaje al año 802.000 y pico. Y, no es por sacar el tema, pero el escritor plantea que en ese futuro tan remoto el hombre vive en armonía con la naturaleza y en una sociedad ideal que tiene un sistema social que no es otro que el comunista. No hay duda de que lee los periódicos y sabe lo que se avecina.

‘SCHÉREZADE’ (1903, RAVEL), ‘MADAME BUTTERFLY’ (1904, PUCCINI), ‘LA VIDA BREVE’ (1906, FALLA), LA ‘OCTAVA SINFONÍA’ (1908, MAHLER), ENRICO CARUSO, ARTHUR RUBINSTEIN Y ANNA PAVLOVA, CONVIVEN EN LA PRIMERA DÉCADA DEL SIGLO.

Doug y un servidor estamos sentados en la escalera de incendios de un edificio del centro, con los pies colgando en el vacío. Yo ya me he quitado la chaqueta y, con cariño, la he dejado plegada a mi lado sobre el suelo metálico. Hemos parado a tomar un respiro antes de los billares. Yo, además, necesito ordenar mis ideas. Y es que Doug y la perspectiva de su verborrea, agotan.
- Está claro que las novelas de anticipación de Wells tienen una base científica, real o no. Probablemente, no es el caso de El hombre invisible, La guerra de los mundos o Los primeros hombres en la Luna. Aunque tú seguro que concedes alguna credibilidad a esas fábulas –ataca el bueno de Doug.
- Claro que me las creo, ¿cómo quieres que pretenda dedicarme a hacer películas si no fuera así? –le respondo-. Además, La máquina del tiempo podría emparentarse con Einstein y su teoría de la relatividad, que ha puesto cabeza abajo las antiguas ideas sobre las leyes del Universo. La cuarta dimensión, o sea, el tiempo, es un hecho científico.
-Ya... No sé, no sé –creo que acabo de conseguir una victoria parcial desde mi condición de sparring, aunque Doug es un púgil ágil-. El único Wells que yo me trago es el que retrata una invasión de marcianos a la vez que un Londres totalmente real, una ciudad en la que se toma el té de las cinco o se viaja en ómnibus. Hasta el hecho más vulgar se transforma en extraordinario si se sitúa en un entorno conocido.
No hay quien pueda con Doug.

FINALIZADA LA GUERRA RUSO-JAPONESA, EN 1905 LAS TROPAS DEL ZAR MASACRAN A LOS OBREROS REVOLUCIONARIOS DE SAN PETERSBURGO QUE PEDÍAN MEJORAS SALARIALES Y REDUCCIÓN DE LA JORNADA LABORAL. NICOLÁS II CONVOCA, Y DISUELVE POCO DESPUÉS, LA DUMA.

- Pero Wells nos hace viajar por un porvenir imaginario que se diría real –argumento yo-. Con seres increíbles como los Morlocks y todo, el relato que narra en el salón de su casa a sus invitados es nítido, no es el desvarío de un loco. Recuerda su descripción del fin de los tiempos: el eclipse, la más completa de las muertes, el silencio, el cielo totalmente negro. Y luego, cómo renace la vida en la orilla de un mar color rojo sangre. Una mancha oscura que se mueve y respira y pisa tierra firme. ¡Es tremendo! La vuelta a los orígenes, la vida que resurge. La mano destructora del hombre que no puede impedir el ciclo natural que hace persistir nuestra propia supervivencia.
- Vale, vale –dice Doug, y medita durante un segundo mientras se ordena los pliegues de su jersey de estibador del puerto. En este momento, parecemos un par de energúmenos discutiendo a gritos en lo alto de esta escalera de incendios-. Fíjate también en Verne –prosigue mi amigo-. Si Wells es más o menos realista, aun cuando habla de la utopía, al viejo Verne había que meterlo en saco aparte. Es el creador de la novela científica de aventuras. En apariencia, cuentos para niños. Pero sus historias predicen un mundo futuro en el que el hombre es víctima de la tecnología que él mismo ha creado. Pone en jaque el destino del hombre sin elubraciones fantasmagóricas. Y visto lo visto, creo que va mucho mejor encaminado que tu Wells. ¿Has leído El eterno Adán? Me lo he comprado esta mañana, acaba de salir, es el libro póstumo de Verne. Escucha: “Ver romperse a los pies de uno el ídolo elevado en su corazón, reconocer que ha sido víctima de un espejismo, decirse que se ha construido sobre una mentira, que nada de lo que se ha pensado es verdad, y que se ha sacrificado uno estúpidamente a una quimera, ¡qué fracaso!”. No era tan optimista al final de sus días, ¿verdad? La fuerza de la naturaleza no lo puede todo.
No, amigo.

EN 1905, EL FUNDADOR DEL VESPERTINO EVENING POST, JOSEPH PULITZER, DIRIGE LA CAMPAÑA POR LA LIBERTAD DE PRENSA

- Wells tampoco era un iluso –le contradigo-. Él imagina para su viajero del tiempo una estancia en lo que llama la Edad de Oro, una civilización de organización automática, plena de comodidades. El hombre vive en un pic-nic perenne, sin preocupaciones, y sin embargo está esclavizado por los Morlocks y se desliza hacia la decadencia.
- ¿Y qué te parece Joseph Conrad? No es estrictamente futurista pero su discurso te transporta a territorios insospechados. El rey belga pronunció un discurso con motivo de su proclamación como soberano del Congo. Dijo que lo hacía “para perforar el corazón de las tinieblas”. Y Conrad, o Konrad, marinero de origen polaco muy viajado, decide escribir El corazón de las tinieblas. Kurtz, un hombre enfermo, es un tótem sagrado para los negros cuando Marlow lo encuentra río adentro, en la oficina que recoge el marfil. Los nativos lo veneran de tal manera que incluso combaten por él y, cuando llega el momento de marchar, intentan retenerle. Kurtz muere en el viaje de regreso y, pese a su evidente locura, Marlow le transmite (falsamente) a la prometida de Kurtz que la última palabra que pronunció fue el nombre de su amada. A ojos de Marlow, el complejo Kurtz era una mente lúcida que había levantado una civilización a su medida en un confín oscuro del mundo. Da a entender que hay luz en las tinieblas.

EN 1906, UN TERREMOTO DESTRUYE SAN FRANCISCO (EEUU)

Jenn y Linda detienen en seco la conversación. Caminan por la acera con sus largas faldas, sus botines y sus blusas abrochadas hasta el cuello. No podemos dejar de mirarlas. Nuestras gargantas se agrietan y las cuerdas vocales se enredan. Ellas sonríen de refilón y continúan su camino.
Con la idea de dejar reposar un rato mi dolorido cerebro, me he traído a Doug al nickelodeon. Aquí, por lo menos, tendrá la boca cerrada un rato. En el billar habría conseguido que empezara a decir tonterías e, incluso, a estar de acuerdo con él. Hacemos cola en la taquilla detrás de Jenn y Linda, más que nada para saborear sus perfumes, ya que el níquel que cuesta la entrada (cinco centavos, son cinco centavos) nos lo ahorramos gracias a que soy el hijo del dueño.
Ya aposentados en nuestras butacas de madera, el programa de esta mañana se abre con Arriando la bandera española, de Blackton. Probablemente, la primera película propagandística de la historia. Un soldado norteamericano arría la bandera roja y gualda para izar la de las barras y estrellas. Son 40 segundos rodados la misma noche de 1898 en la que estallaron las hostilidades entre España y Estados Unidos gracias al despliegue informativo de los rotativos amarillistas de William Randolph Hearst después del hundimiento del Maine. Lo increíble es que se asegura que fue filmada en plena batalla, cuando mi padre me ha dicho que el escenario es el amplio apartamento de Blackton en Manhattan. Para nuestro asombro, el público aplaude a rabiar. Menuda estafa.

A PARTIR DE 1907, MÁS DE UN MILLÓN DE INMIGRANTES LLEGAN ANUALMENTE A ESTADOS UNIDOS DESDE EUROPA. LA ESTATUA DE LA LIBERTAD, INAUGURADA EN 1886, LES RECIBE DESDE LA BAHÍA DE NUEVA YORK.

A continuación, La luna a un metro, también de 1898, cuenta en 4 minutos cómo un astrónomo dibuja un globo terrestre en una pizarra y a éste le salen cuatro patas con las que empieza a moverse. Todos los objetos del observatorio comienzan a cambiar de sitio y el astrónomo, al mirar por el telescopio, descubre una luna con cara de malas pulgas que intenta comerse una silla y un paraguas. Luego escupe por su boca a dos bailarines, etc, etc. Es del Gran Georges, no podía ser de otra manera.
La fantasía y los ingenios de la técnica se han dado la mano desde los comienzos de este nuevo arte. En 1895, Louis Lumière patenta el cinematógrafo, pero también es el año en el que W. A. Roetgen exhibe un nuevo invento, los rayos X, descubiertos por sir William Crookes. En abril de 1897, ciencia y cine se dan la mano con la presentación ante la Glasgow Philosophical Society, por parte del doctor John McIntyre, de una película divulgativa acerca del efecto de los rayos X sobre unas ancas de rana. En el mes de octubre de ese año, el químico y cineasta James A. Williamson, que acababa de adquirir un aparato de rayos X, inspira un cortometraje cómico a George Albert Smith, un vecino suyo. Los avances científicos se habían convertido en objeto de entretenimiento.
Ah, ahora viene otra de Méliès. Es El hombre de la cabeza de goma, producida en 1902. Sin comentarios. Bueno, sí: el gran director francés es un alquimista que intenta inflar con un fuelle una cabeza viviente igualita a la suya. Suficiente. El público se rompe las manos. Y yo también.

EN 1907, EL HELICÓTERO DE PAUL CORNU VUELA DURANTE 20 SEGUNDOS

Walter R. Booth, el llamado Méliès británico, es el creador de una locura titulada El agrandador eléctrico (1909). El profesor Puddenhead, quien protagoniza dos de los films pseudocientíficos de Booth, posee una varita mágica eléctrica capaz de aumentar el tamaño de personas, animales o cosas. Estamos en una época en la que la electricidad es la excusa para películas como El policía eléctrico, El criado eléctrico, Transformaciones eléctricas o Electricidad para el nerviosismo, todas de 1909 y con personajes tremendamente agitados. Ejem. No por casualidad, una historia sobre un profesor que resucita animales muertos, El vitalizador eléctrico, también de Booth, se produce en el mismo año (1910) que la versión cinematográfica de la novela de Mary W. Shelley Frankenstein.
La energía magnética, las imágenes tomadas del microscopio, los artilugios voladores (A la conquista del aire, 1901, Ferdinand Zecca), las lociones capilares, el transplante de órganos, el darwinismo, los elixires vigorizantes y los autómatas son las estrellas de otras cintas de gran éxito en el nickelodeon.
Después de la salvaje Viaje a través de lo imposible (1904), 30 minutos de un Méliès más evolucionado (un automóvil alucinantemente rápido y un funicular que se convierte en nave del espacio y se estrella contra el Sol, entre otras visiones del transporte futuro), vemos El hotel eléctrico (1908), de Segundo de Chomón. Al parecer, el turolense afincado en Francia recibió el encargo de los hermanos Pathé de emular El hotel embrujado, de Blackton, en la que los objetos parecen tener vida propia. La estudió durante varios días y descubrió que estaba rodada imagen por imagen, con el llamado paso de manivela. El español adopta el sistema e incorpora chispas dibujadas directamente a mano con tinta negra sobre el negativo. La mejor escena es cuando el operario ebrio de la sala de máquinas del hotel empieza a accionar descontroladamente los mandos y los muebles de las habitaciones giran sin ton ni son. Sólo hay que imaginar las caras de los huéspedes.
La película perfecta para continuar el día con buen ánimo.

PICASSO PINTA ‘LAS SEÑORITAS DE AVINYÓ’ (1907), PUNTO DE PARTIDA DEL CUBISMO

- Qué lejos quedan los hermanos Lumière y la salida de los obreros de la fábrica de Lyon Mont-Plaisir, o la llegada del tren a la estación de la Ciotat –le comento a mi amigo con los ojos todavía enrojecidos por las filigranas que nos acaban de salpicar desde la pantalla.
- ¿Sabes cómo descubrió Méliès que el cine tenía otras posibilidades aparte de filmar paisajes urbanos? –dice Doug a modo de pregunta retórica, porque sé que conoce la respuesta-. Resulta que un día, mientras rodaba unas tomas en la plaza de la Ópera de París, se le atascó la película dentro de la cámara y, unos segundos después, volvió a funcionar. Al revelarla, observó que ese intervalo había provocado que un ómnibus se transformara en coche fúnebre y que los hombres que paseaban se convirtieran en mujeres.
Ya son las 12.50, Doug y yo nos encaminamos al estudio. Una parada para admirar de cerca el Ford T recién adquirido por los Anderson, los de la funeraria, para su uso privado. Parece un coche de caballos evolucionado y con motor. Doug comenta que prefiere el modelo 1900 de la fábrica alemana Mercedes-Benz o, en todo caso, el automóvil que acaba de comercializar la casa francesa Renault. Es tan resistente, dice, que podría ser utilizado para operaciones militares.
Doug me habla de Airship Destroyer, rodada por Booth en 1909. En esa película, las costas inglesas son invadidas por un enemigo armado hasta los dientes. Su distribuidora, la Charles Urban Trading Company, utiliza como promoción una advertencia sobre un futuro cercano en el que los aviones se han perfeccionado y se convierten en máquinas de guerra. El referente de ese film, especifica Doug, es la futurología elaborada por Verne, Wells y Rudyard Kipling. Al mismo tiempo, ése es un miedo que queda patente asimismo en la prensa amarilla, en cómics infantiles o en obras de teatro dirigidas a la burguesía. Inglaterra invadida, un musical que combina teatro, cine, canciones y poemas, ha tenido un gran éxito en los teatros de Londres y, más tarde, en una multitudinaria gira por el país. Un año antes, en 1908, H.G. Wells se entrega a la narración de una guerra futura, plena de dramatismo, en La conquista del aire.

EN LA PRIMERA DÉCADA DEL SIGLO XX, LA PRODUCCIÓN ANUAL DE PETRÓLEO PASA DE 10 A 50 MILLONES DE TONELADAS

Los avances aéreos y en la industria del automóvil vaticinan velocidad para los desplazamientos del hombre. Doug añade, porque no está en mi mano impedírselo, que no está para nada de acuerdo con las condiciones laborales de los obreros de la cadena de montaje, en esta sociedad del capitalismo financiero que perpetúa las diferencias de clase.
- Jornadas de trabajo agotadoras, niños explotados como mano de obra barata... ¿Sabes que en Inglaterra las trade unions agrupan a más de 4 millones de obreros? Más o menos lo mismo que en Alemania. Francia va bastante más rezagada en la cuestión sindical, sólo tiene alrededor de un millón de afiliados. Y eso que el Partido Socialista francés tiene nueve años de vida. En cambio, el Partido Laborista inglés se ha llevado en las elecciones de este año el 42% de los sufragios. Aunque yo me declaro anarquista. ¡Muerte al Estado!
- Yo me inclino a pensar que se puede transformar la sociedad a través del arte –le replico.

EN 1908, JUAN BELMONTE TOMA LA ALTERNATIVA EN MADRID DE MANOS DE MACHAQUITO

- Sí, como los futuristas italianos, ¿no? Eso es un canto de sirenas al hombre de la sociedad industrial, una loa a las máquinas, la velocidad, la guerra, la lujuria, las ametralladoras... Lo que es lo mismo, a la represión del capital y el poder. El manifiesto de Marinetti está fuera de la realidad y, te diría más, es peligroso.
- Yo me quedo con la frase “un automóvil de carreras es más bello que la Victoria de Samotracia” –le digo echando mano de mi culturilla-. Y estoy de acuerdo con lo de la lujuria, claro. Además, los futuristas son muy cinematográficos. Dicen cosas como “un caballo corriendo no tiene cuatro patas, sino veinte”, o “un autobús se abalanza sobre las casas junto a las cuales pasa, mientras las casas, a su vez, se precipitan sobre el autobús y se confunden con él”.
Esperamos en el despacho de mi padre a que dé comienzo la reunión. Echo un vistazo al diario –un New York Telegram que mi padre recibe periódicamente- y a la tira cómica de Windsor McCay, Little Nemo in Slumberland: el niño, como siempre, baja en sueños de su gran cama y su cuarto se abre a Slumberland, un inmenso paraíso Art Noveau de seres estrafalarios que, inexplicablemente, suelen ponerme nervioso. Es alucinante. En la última viñeta, como siempre, Little Nemo se cae de la cama enredado en sábanas, y se despierta de golpe. Recuerdo una tira en la que viaja por un paisaje surrealista de edificios que se erigen verticalmente, los hombres viven finalmente en las cimas de las montañas. Seguramente, McCay ha tomado como modelo la zona sur de Manhattan. Hay una historieta (¡qué espeluznante para la imaginación de un niño de aspecto tan inocente!) en la que ratas, reptiles y hombres primitivos rastrean en busca de comida entre las ruinas de una gran ciudad, bloques de viviendas de los que sólo quedan sus esqueletos. Un paraje onírico desolador. Eso sí, como el protagonista es tan pequeño y no es cuestión de que se asuste demasiado, McCay se lo lleva a veces de paseo hasta el palacio del rey Morfeo, en el que se convierte en compañero de juegos de la princesa de los sueños.

FRANCISCO FERRER, PEDAGOGO Y ANARQUISTA, ES ACUSADO EN 1909 DE FOMENTAR LA SEMANA TRÁGICA DE BARCELONA, SOMETIDO A CONSEJO DE GUERRA Y FUSILADO EN EL CASTILLO DE MONTJUICH

Ya seguía de cerca el trabajo del dibujante canadiense cuando publicaba Dreams of a Rarebit Fiend, el antecedente de Little Nemo. En esas tiras, los personajes sufrían pesadillas y alucinaciones fantasmagóricas después de haberse comido una tostada con queso fundido. ¿Por qué no?
- He oído que McCay actúa en Nueva York en un espectáculo de vodevil. Lleva un número en el que demuestra su rapidez con el lápiz, es capaz de hacer 25 dibujos en 15 minutos. Y creo que prepara una película de animación sobre Little Nemo con 4.000 dibujos, y que los hará él solo –le informo a Doug.
- No me extraña, McCay ha aportado al cómic conceptos como el travelling, con esos fondos que corren de una viñeta a otra –me explica.
Mi padre entra, nervioso, en el despacho. La asamblea se ha desconvocado, acabamos de recibir la visita inesperada de Jeremiah J. Kennedy, de la Biograph, un implacable ejecutivo del trust Edison que se dedica a inspeccionar a todos los productores, distribuidores y exhibidores independientes que no se someten a la disciplina de la Patents Company. Una alimaña, vamos. Se comenta que Kennedy ha extendido una vasta red de espionaje contra todos los empresarios rebeldes. Y hoy nos ha tocado el turno a nosotros. Era de esperar. Al parecer, la remota California ya está al alcance de la mano de la panda de mafiosos de la costa Este. Mi padre pide una segunda conferencia con William Fox. Oímos palabras sueltas de la conversación: tribunales y demanda son las más sobresalientes. Mi padre cuelga el aparato y Doug y yo le acompañamos al plató para enterarnos de lo que ocurre. Abajo, Kennedy y mi padre discuten. Le impedimos la entrada en la nave (repleta de cámaras, en teoría, propiedad del trust Edison) en la que pensamos iniciar en breve nuestra propia producción de películas. Kennedy se da por vencido y decide marcharse. Pero antes, lejos de la mirada de mi padre y los demás empleados, Doug y yo nos acercamos a él, no me lo pienso dos veces y le pregunto qué pinta el Gran Georges en todo este tinglado.

EN 1909, SE FUNDA EL GRUPO DE LAS CHICAS EXPLORADORAS, DOS AÑOS DESPUÉS DE LOS BOY SCOUTS.

Ésta es la explicación de Kennedy: hasta 1907, Méliès vendía desde siempre sus películas a los distribuidores, como era costumbre en los primeros tiempos del cinematógrafo. Lo que él no sabía es que, desde ese momento, perdía el control sobre su obra y el exhibidor era dueño y señor de las cintas, que eran proyectadas hasta que se estropeaban por el repetido uso. Algunos de los exhibidores sacaron copias ilegales para obtener mayores beneficios. De las cinco copias de Viaje a la Luna enviadas a Estados Unidos, afirma, se obtuvieron 100 réplicas piratas. Y mi padre, sospecha Kennedy, compró una de esas copias. En los últimos años, el método de exhibición ha variado: las películas se alquilan y entran en un circuito de salas estables. Así que, sospecho yo, mi padre ya está libre de toda culpa.
Empieza a llover, Doug corre a casa cubierto por su diario. Es hora de olvidar por un rato los negocios, colgar mi primer traje en el ropero y ponerme a escribir mi primera película. El día todavía tiene larga vida.

Vuelve hacia atrás la vista, caminante:
verás lo que te queda de camino;
desde el oriente de tu cuna el sino
ilumina tu marcha hacia delante.

Es del pasado el porvenir semblante;
como se irá la vida, así se vino;
cabe volver las riendas del destino,
como se vuelve del revés un guante.

Lleva tu espalda reflejado el frente;
sube la niebla por el río arriba
y se revuelve encima de la fuente;

la lanzadera en su vaivén se aviva;
desnacerás un día de repente:
nunca sabrás dónde el misterio estriba.
(Miguel de Unamuno)
Leído 473 veces

Referencias

Dirección para referencias

Comentarios


Recordar datos


El fuerte Comansi © Todos los derechos reservados al autor
Sindica este sitio usando: RSS 1.0, RSS 2.0, Atom.
Esta bitácora se mantiene con Bitacoræ.
LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009