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El fuerte Comansi

Periodista jubilado en la treintena (todavía) da pasos de ciego en pos de la escritura creativa (todavía). Y la gran obra universal, paralizada (todavía).

Barry, in memoriam

Buda del romanticismo de alto voltaje, el cantante norteamericano comparte a continuación sus nociones sobre lo imperfecto del amor y lo efímero de la pareja. Convencido de que antes se amaba mejor, su receta para aliviar corazones heridos es ‘The ultimate collection’, 18 grandes canciones que compendian tres décadas.

El timbre rocoso de Barry White brota de una gruta rosada. Es decir, su voz suena a tormenta con aparato eléctrico, pero lo que comunica ese trueno instalado en su garganta es fino como la lluvia. En la tempestad palpita la calma. La considerable humanidad del músico transpira palabras propias de un sabio del gueto cuando habla sobre los fenómenos meteorológicos del espíritu: el amor, la vida y la música.
El cantante norteamericano de húmedos monólogos, letras sofocantes y melodías sudorosas, ha vuelto, como ha hecho siempre, para caldear dormitorios repletos de almas climatizadas. ‘The ultimate collection’ (‘La colección definitiva’) es su declaración de amor al amor; y a Lady Music (La Dama Música), su señora.
Aún no tiene fechas para próximos conciertos en España, pero está aquí porque ha sido reclamado a propósito de la enésima marea alta que le reinstaura para el gran público. Al contrario de lo que le preguntaron en su reciente conferencia de prensa española, este disco no es un adiós. “Es un hola. Nunca diría que es una despedida”, dice, ataviado de una gama de azules intensos, en la habitación de un hotel de Madrid. A sus 55 años, se siente joven para replegar velas.
Pero lo que es cierto es que, desde hace 15 años, el autocalificado ‘The Man’ siempre está regresando a la palestra una y otra vez. “He sido muy afortunado de haber estado haciendo música durante todos estos años. Y este álbum abarca lo mejor de toda mi carrera. Me trae muchos, muchos recuerdos, todos ellos muy personales”, comenta mostrando una muralla de sillares impolutos.
“Cuando escuchas una canción, siempre te trae momentos a la memoria. Con cada corte de cada disco, podría decir dónde estaba, el ambiente que rodeaba la grabación de esa canción en el estudio… Son muchos recuerdos”, divaga.
Todavía con su chaqué puesto, una prenda que potencia su envergadura, Barry White se ha sentado, después de una mañana de trabajo promocional, en la terraza de su suite, desde la que se ofrece una espectacular vista de la avenida de la Castellana. Alguien instala un equipo de música que derrocha decibelios. Se escucha ‘Let the music play’. Es la versión ‘mix’ que sonará en España dentro de unos meses. El cantante se ensimisma con esos sonidos tan melancólicos y vibrantes a la vez. Parece que esté emocionado. Cuatro personas de su equipo y de la casa de discos oyen de pie con veneración. Él levanta su cabeza peinada hacia atrás con una delgada trenza y sonríe a los periodistas mientras les apunta con el índice a modo de despedida. En el interior de la suite, mira la tele recostada en un sofá Katherine, su novia de treinta y pocos años.
Es inevitable hablar de mujeres. Él mantiene que no tiene a ninguna en mente a la hora de escribir una canción. “Mi mujer es la música, esa es mi mujer”, exclama. O sea, Lady Music, como él la ha llamado repetidas veces. “Una maldición y una bendición, una prostituta y una santa, una bruja y una diosa, mi gloria y, a la vez, mi frustración”, la ha descrito, de forma algo grandilocuente, en el pasado.
“A lo largo de los años, siempre se ha hablado de que escribo para las mujeres –matiza--. Y, aunque estén continuamente presentes en mis canciones, no las dedico a ninguna en concreto”.
En fin, que no necesita mirar a una fémina a los ojos para enamorar oyentes. “Cuando estoy en el estudio grabando una canción, ¿sabes lo que sería que hubiera una mujer? Jamás. Todo lo que hago es bajar la luz e introducirme en mi mundo imaginario”, señala sin especificar qué provoca la presencia femenina, si falta de concentración o qué.
Hoy, Barry White tiene una actitud mucho más tajante que cuando afirmó: “A una amante nunca se la satisface. Y más aún cuando la amante es la música. Lady Music es la dama a la que siempre he tratado de satisfacer”. Ahora, asegura: “No lo intento, la satisfago. Mi mayor alegría es cuando termino una canción y ella, mi música, sabe que le estoy sonriendo porque estoy seguro de que es una canción auténtica, con una gran producción, arreglos y músicos”.
¿Y sabe inmediatamente Barry White cuándo esa composición es la que buscaba? “Simplemente, es así”, dice chasqueando los dedos. “Nunca lo paso mal en el proceso de creación de un tema. Nunca. Siempre he sido muy preciso con mi música, no recuerdo nada que no me haya gustado”, asevera.
El hombre que ha vendido 130 millones de discos a lo largo de su carrera –100 millones entre 1972 y 1978--, adelanta que no hace discos por dinero: “Hay quien dice: ‘Voy a hacer un álbum para sacar pasta’. Yo no necesito eso. Yo hago música cuando tengo una canción determinada, en un momento idóneo y sobre un tema que me interesa. Es cuando decido lanzarme a por ello y ponerme a trabajar”.
Obviamente, teniendo enfrente al hombre a quien se ha apodado como The Maestro of Love (El Maestro del Amor) o The Icon of Love (El Icono del Amor), no se puede esquivar el eterno tema. “Todo el mundo se enamora. La mayoría de los hombres y mujeres quieren permanecer felices el resto de sus vidas, piensan que seguirán así para siempre. Pero esas palabras, ‘para siempre’, no tienen sentido. Eso son gilipolleces”, opina.
¿Es cierto lo que oímos? ¿El estandarte del pop-soul sensual amplificado con románticos violines, uno de los mas eficaces marcapasos que ha tenido el corazón desde los años 70, responsable de infinidad de estremecimientos y pulsaciones aceleradas, no cree en el amor? Que se explique: “La verdad es que, en el fondo, no sabes cómo va salir una relación. ¿Tienes una mentalidad positiva? ¿Tratas a tu mujer con respeto? ¿La amas? ¿Haces todo lo que está a tu alcance por tu parte? Bien. Pero si ella no está comprometida con la relación como lo estás tú, la pareja va a ir por el camino equivocado. Así que no hay ‘para siempres’ que valgan, no cabe pensar: ‘Va a ser de esta manera hasta el fin de los tiempos’. El amor no es eterno”, expone mister White, suponemos que desde la experiencia del que es padre de 8 hijos de tres mujeres diferentes.
“Si tienes suerte y ocurre, es porque formáis una pareja extraordinaria. Se ven personas casadas desde hace 40 o 50 años, pero son extraordinarias, no son gente común y corriente”, añade.
Barry White habla de las relaciones de pareja desde su perspectiva actual, trazada en más de medio siglo de vida. “Sí, yo he estado ahí, lo he vivido, tengo una edad. Pero he sabido esto desde que tenía 14 o 15 años. He estado rodeado de gente durante toda mi vida y todos perseguían un amor perfecto. Y no hay amores perfectos. Es algo que la gente no entiende, no hay nada que sea perfecto en este mundo”, advierte.
En ‘Ally McBeal’, que ha ayudado decididamente a su renovado tirón comercial, Barry White ha tenido apariciones estelares. “Lo único que sabía de la serie era que ponían mi música. Pero no sabía de qué iba, tuve que enterarme después”, comenta. Ahora el cantante sí está al tanto de que la telecomedia trata sobre un peculiar equipo de jóvenes abogados de ambos sexos que cada semana sacan a pasear un corazón escéptico y falto de amor. “Lo sé, eso es porque son gente corriente”, atestigua White.
¿No será que actualmente el amor es un valor algo caduco? Él sí lo cree: “El amor se está convirtiendo en cosa del pasado. La gente ya no es cariñosa, no es agradable. Las personas se han vuelto muy arrogantes. No están tan predispuestas para el amor como solían estarlo. Los años 70 fueron una época maravillosa, la gente estaba en el camino del amor y era positiva”, piensa White, quien cree que, actualmente, “hay mucho dolor en el mundo, muchas personas que sufren de heridas”.
O sea que, asegurémonos, ¿el amor romántico está ‘caput’? “Nunca se acabará, pero no es tan predominante como lo era antes”, sentencia ‘The Love Man’, otro de sus sambenitos.
Mister White siempre se ha referido al amor y, explícitamente, al sexo. Una de sus creaciones (‘Staying power’) se ha conocido como ‘canción Viagra’. “Cuando hablas, debes hacerlo claramente, has de decir lo que pretendes decir y estar de acuerdo con lo que dices. Por eso mis letras han llegado lejos”, dice el artista, que no oculta para nada la vocación erótica de sus canciones.
Aparece la tentación de preguntar si conoce qué es lo que una mujer quiere escuchar. “No hay manera de saberlo porque cada una es diferente. Cada mujer, en primer lugar, es un individuo y, después, una mujer. Todos tenemos diferentes puntos de vista sobre lo que desean oír y cómo quieren que lo digas”, dice desde su cátedra.
“La gente me pregunta: ‘¿Cómo es una noche perfecta con una dama?’; una preocupación muy sabia. Y yo digo que no existe una velada perfecta, depende de lo que os guste a ella o a ti. Son dos las personas involucradas, no sólo una”.
¿Ha sido Mister White un romántico? “No sé cómo responder a eso. Nunca fui una persona romántica en el sentido de ir tonteando con diferentes chicas, regalarles flores o bombones. A mí me encanta la música emotiva y, si tu dices que eso es romántico, entonces es así”.
“Siempre, desde que era un niño pequeño, he sido consciente de la emoción que la música contiene – recuerda--. Hablo de cuando tenía 5 o 6 años. Reconozco que las canciones que escuchaba hacían llorar o te empujaban a bailar o te animaban a estar con alguien”.
Pero no, en el fondo nunca se ha considerado un donjuán galante: “Soy un romántico cuando se trata de mi dama y en ciertas cosas. Pero no siempre. Soy una persona muy realista. Reconozco una fantasía cuando la veo venir. No me gusta tratar con fantasías, prefiero las cosas reales. Y lo romántico puede llegar a ser muy fantasioso”.
La vida de Barry White tuvo un punto de inflexión a los 15 años por algo muy real. Hasta entrados los 16 años, pasó un tiempo en un centro penitenciario juvenil. Fue una etapa que le ayudó a saber lo que quería y lo que no. Al recobrar la libertad, se puso a trabajar inmediatamente en la música. “Tan pronto como salí de la cárcel en 1960, mi mundo echó a andar”, dice.
El joven, crecido en el gueto del barrio de East Side de Los Ángeles, había nacido en Galveston, Texas, en 1944. Él y su hermano menor, Darryl, dos pandilleros, pasaron la niñez metiéndose en líos. Barry fue expulsado del colegio por golpear a un profesor y, al igual que su hermano, fue mandado a un reformatorio por el hurto de un coche y un asunto con unos neumáticos robados. Darryl murió más tarde en las calles de Los Ángeles. Barry se agarró a la música.
El chico había conocido el mundo artístico a los 5 años, tocando el piano. Su madre le enseñó a armonizar el villancico ‘Noche de paz’. A los 8, entró en el coro de la iglesia. A los 16, tras la cárcel, escribía para grupos de ‘rhythm and blues’ como Upfronts. Enseguida, tomó el camino de la producción y los arreglos en sellos musicales y giras de grupos. A los 22 años, tenía cuatro hijos de su matrimonio con su novia del instituto. En 1969, un día en un estudio, conoció a tres chicas, decidió lanzarlas como trío –Love Unlimited—y casarse con una de ellas, Glodean James.
El single de debut de Love Unlimited, escrito y producido por White, se tituló ‘Walking in the rain with the one I love’ y contenía el primero de los ya míticos monólogos subidos de tono del cantante. “Yo hablaba al final de la canción, era una llamada telefónica –relata--. Ella me llamaba para que supiera que ya estaba en casa y yo le preguntaba qué tal había pasado el día. Eso te muestra la manera en que, en los comienzos de Barry White, ya visionaba la música como una historia entera y completa”.
Más tarde, se inició su experiencia con la Love Unlimited Orchestra, en la que 41 músicos ponían en marcha el sueño de White de unir una sinfónica y la música soul. “Las orquestas, aunque abarcan todos los instrumentos, son lo mismo que una sección rítmica formada por bajo, batería, guitarra y teclados. Mi tarea es juntar ambas para que parezcan una unidad. Y eso se consigue trabajando con cada músico en particular. Es lo que he hecho toda mi vida. Cuando escuchas la sección de cuerda o los bajos, sabes que son de Barry White. Son mis signos identificativos”, asegura.
Pero es otra cualidad de White la que le hace mucho más reconocible. Utilizar su voz nunca fue su propósito. “Es verdad, yo nunca quise cantar. Y ahora es mi marca registrada. Es mágico, no tenía ni idea de que eso iba a pasar”, afirma.
A su primer disco como cantante, aparecido en 1973, y al single ‘I’m gonna love you just a little more babe’, les siguió una fiebre de aciertos. White figuraba siempre en las listas de superventas, a veces simultáneamente con sus tres proyectos. Vendió 16 millones de discos en unos meses.
Era la época de ‘You’re the first, the last, my everything’ y de ‘Can’t get enough of your love babe’. En 1978, firmó un contrato de 8 millones de dólares con la CBS para dirigir Unlimited Gold, una colección que no tuvo éxito debido al boom de la música disco posterior a ‘Fiebre del sábado noche’. La crisis de la industria y la irrupción del ordenador ayudaron a que los 80 transcurrieran sin pena ni gloria para el músico. Hasta que en el 89 sacó ‘Barry White: The Man is back’ y desplegó su ‘revival’ de los 90.
Él justifica el respaldo popular a su música a que ha sido coherente con un estilo. “La gente de las casas de discos te dirán que hagas tal tipo de música, que suenes como no sé quién. Yo no hago eso. Sé que tengo un sonido que me distingue y que es sólo mío, no me tengo que preocupar por sonar como ningún otro músico. De lo que tengo que estar seguro es que todas las canciones que yo escriba se ajusten a esta voz. Y, hasta ahora, he sido afortunado por haberlo hecho bien”.
White explica el hecho de que haya vendido 100.000 copias de ‘The ultimated collection’ en España en dos meses, una serie de canciones grabadas, en su mayoría, en los años 70. “Eso es porque la gente joven de hoy puede sentir la música. No eran malas canciones cuando las grabé, sus padres ya estaban ahí cuando salieron y ellos tienen el placer de poderlas comprar ahora. Es el mismo sentimiento, lo que funcionó entonces, funciona ahora y lo hará mañana. Es música y emoción”.
Por lo tanto –le aventuramos--, por lo que se ve, teniendo en cuenta la reacción del público del año 2000, todavía debe quedar algo de romanticismo. “Hay que sentirlo aquí dentro (se señala el pecho). Esa es la magia de la música, saca los sentimientos del interior”, Y si salen a relucir a través de una canción de Barry White, él habrá satisfecho a Lady Music, habrá hurgado en el alma, en el ‘soul’.
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