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El fuerte Comansi

Periodista jubilado en la treintena (todavía) da pasos de ciego en pos de la escritura creativa (todavía). Y la gran obra universal, paralizada (todavía).

Cuando Canales casi fue estrella del celuloide

El bailaor ha dado un primer paso en el mundo del cine. ‘Vengo’, que clausura la Mostra de Venecia, es su prueba de fuego como actor. Y la ha superado, ya que ha atraído la atención de directores como Terry Gilliam o Pedro Almódovar. Pero lo que a él le gustaría es ser el director de una nueva fusión entre danza y cine.

“¡Toni! ¡Salud, ja, ja! ‘J’aime’ que me llames Caco”. Antonio Canales conversa, mitad en un francés “africano” --como lo define él--, mitad en su español del sur, por un móvil que le acaban de alcanzar. Toni, la persona que está al otro lado del teléfono, es Toni Gatlif, francés de origen a la vez gitano y argelino. Además, es el director de ‘Vengo’, la primera película que protagoniza el bailaor sevillano.
En su debut como actor de primer rango –en 1989 tuvo una pequeña participación en ‘Montoyas y Tarantos’, de Vicente Escrivá—Canales es Caco, un atormentado patriarca gitano que bebe y no logra olvidar un doble drama personal: la muerte de su hija Pepa –“cada noche abriré una botella por ti”, figura en su lápida-- y el destierro en el norte de África de su hermano Mario, que asesinó años atrás a un miembro de la familia rival, los Caravaca.
Gatlif y Canales hablan a larga distancia mientras el actor novel y experimentado bailarín pega zancadas, nervioso y en círculos, por el estudio de danza elegido para la entrevista. “Muy bien, buf, es una locura, ‘incroyable, incroyable’, tu película es la bomba aquí, en España. Tu film es ‘trés bon’, ¿eh?, ja, ja”, vocea Canales a su descubridor como intérprete. Está como un niño con zapatos nuevos, y esta vez no son de baile. En la película no se arranca con ninguna patada.
‘Vengo’ cerrará el próximo 9 de septiembre la Mostra de Venecia, fuera de la competición. Unas semanas después, el 6 de octubre, está previsto su lanzamiento en las salas españolas. “Sííí, vamos a Venecia. ‘On y va’, hombre, sí –le dice a Gatlif--. Ayer recibí el fax para ir con Tomatito y todo el mundo. Es ‘okay’, ¿eh? ¿Y para el 26, al Olimpia de París? ‘Parfait’, perfecto. Llegamos un día antes, para ‘pour’ la prensa y para preparar un poco el estreno en Francia, ¿no? Oye, estoy muy contento con la película, ja, ja. La apertura de Venecia la hace Clint Eastwood y la clausura Toni Gatlif, ¡aaah, uuuh!”, se suelta Canales.
Hace días que el bailaor no cabe de euforia. A la salida de un visionado para la prensa, confesaba que era la tercera vez que veía su película. “Tenía que ir a un ensayo con el Ballet Nacional pero me he vuelto a enganchar con la historia”, afirmaba. Y destacaba que, salvo Antonio Pérez Dechent (‘Solas’) y algunos estudiantes sevillanos de Arte Dramático, no hay actores profesionales en la cinta. “Gatlif me decía: ‘Tú, natural, Antonio, natural”.
‘Vengo’ es un híbrido entre documental y musical con una escueta trama argumental *–en el guión ha ayudado David Trueba--*, *como es costumbre últimamente en las cintas de Gatlif.* Las noches de juerga de Caco, dueño del burdel El Rey, en compañía de su sobrino Diego –el joven con parálisis cerebral Orestes Villasán Rodríguez--, son el vehículo para trazar una panorámica del flamenco del gusto de Gatlif, un experto en la geografía sonora del pueblo gitano. En la cinta aparecen Tomatito, la Paquera de Jerez, La Caíta y el grupo Gritos de Guerra, pero también músicos *árabes* como Sheikh Ahmad al-Tuni.
Gatlif ha recorrido anteriormente, a través de la música, las migraciones gitanas desde la India a España en el documental ficcionado ‘Latcho drom’. ‘Mondo’ cuenta las aventuras de un mendigo del Este por las calles de Niza (Francia). Y en cuanto a ‘Gadjo dilo’ (‘El extranjero loco’), su mayor éxito, se adentra en la poética, dura y diurna Transilvania de la mano de un joven francés fascinado por la vitalidad musical de los zíngaros rumanos.
Sigue la cháchara de Canales con su ‘directeur’. “Todos los ‘journalistas’ que han ido a ver la película salen con muy buena sensación, hablando muy bien de tu trabajo. Conocen mucho tus películas. Has hecho otro trabajo manual bueno, bueno, bueno”, dice el bailarín a propósito del estilo más o menos improvisado de Gatlif, en el que el guión crece a medida que la experiencia humana en la que se convierte el rodaje lo hace al mismo ritmo.
Por si fuera poco, la primera experiencia seria de Canales en el cine le está reportando acontecimientos inesperados, le cuenta a Gatlif: “Esta noche voy a cenar con Terry Gilliam. ¡Sííí! ¡Yo, ‘ce soir’! Oh, Toni, si fuera posible, ¿tú crees que sí? Porque él viene especialmente para verme, con Johnny Depp y la Vanesa Paradis. Quiere que haga el personaje del gitano Pasamontes. Es un ‘grand directeur’, ¿no, Toni? ‘Es el mejor del mundo’, me dice, ja, ja. No, el mejor eres tú. Después, ‘lui’”.
Se refiere a ‘El hombre que mató a Don Quijote’, que prepara *Gilliam*, antiguo miembro de Monty Python, amigo de Gatlif y autor de ‘Brazil’ o ’12 monos’. El actor francés Jean Rochefort será Alonso Quijano, Paradis interpretará a Dulcinea y Depp, a un director publicitario. “Es lo que tú me dijiste, Toni: ‘La mejor publicidad es cuando te vean en la película los directores’. Hasta Pedro Almodóvar, todos quieren trabajar ‘avec moi’, conmigo”, le explica Canales.
*Más que de promoción, está de fiesta. La semana en la que tiene lugar esta entrevista, acudió como invitado a varios programas de televisión y se lo pasó de lo lindo. Así que el día anterior a esta cita, se acostó a las 8 de la tarde. Finalmente, acude 40 minutos tarde, aunque fresco y dispuesto. Las buenas lenguas cuentan que, en una ocasión, tuvo esperando tres días, durante varias horas cada vez, al equipo de una revista que le iba a maquillar y fotografiar junto a los miembros de su compañía de flamenco.*
*Hoy llega a la primera, * Ha llegado acompañado por un guardaespaldas tamaño XL y por el mayor de sus tres hijos –Antonio-- de su matrimonio con Malen Rodríguez, exbailarina del Ballet Nacional. Mientras el fotógrafo dispara a su padre jugando con la amplia camisa y el pañuelo que lucía en la película, Antonio hijo contesta que él no baila, aunque le gusta la percusión. “Cómo me gusta hacerme fotos. Es algo que siempre me ha encantado”, confiesa luego el bailarín frente a uno de los espejos del aula.
Antonio Gómez de los Reyes, nacido en el barrio sevillano de Triana el 3 de diciembre de 1961, es hijo de padre payo y madre gitana. “Soy cuchichí, mestizo”, dice. Su madre, Pastora de los Reyes, fue bailarina profesional en su juventud. De su abuelo cantaor José Canales tomó el apellido. A los 17 años, el bailarín se trasladó a Madrid, donde asegura que algunos días tuvo que dormir en el metro y comer en un albergue de caridad.
Entró en la escuela del Ballet Nacional y, con el tiempo, fue solista bajo la dirección de María de Ávila y José Antonio. En 1985 dejó ese puesto para viajar a París y formar parte durante un año de la compañía de la francesa Maguy Marin, con la que conoció la danza contemporánea. “Fue mi época hippy intelectual”, ha dicho después. En Francia, también bailó a las órdenes del mítico Maurice Béjart. Y, como artista invitado de otras compañías, compartió escenario con Nureyev, Maya Plisetskaya o Julio Bocca. En 1992, formó su propio grupo, con el que ha montado una decena de espectáculos que ha escenificado por medio mundo. El más requerido, ‘Torero’, con más de 400 actuaciones. El más reciente, ‘Prometeo’, estrenado en el pasado Festival de Teatro *Clásico* de Mérida. En 1995 consiguió ser el segundo artista flamenco que recibe el Premio Nacional de Danza, tras Antonio Gades. La coreografía ‘Gitano’ recibió el premio Max al mejor espectáculo de danza en 1998.
Junto a Joaquín Cortés, con el que coincidió en sus comienzos en el tablao Zambra, de Cristóbal Reyes, es el bailaor más afamado de su generación.
-- El otro día, a la salida del cine, decía que ha tardado 20 años en tener un estatus importante en la danza y, de repente, el cine le ha llegado así, como un relámpago.
-- Buf, como un relámpago... Luego, que los directores ahora mismo están muy pendientes de mí como actor. Aparte de la gran película que ha hecho Toni Gatlif, que yo creo que es muy manualista, un documentalista de la verdad. Es mucho más difícil ser actor en ese tipo de películas porque se te ve el plumero muy rápido. *Era algo que yo no me lo esperaba*. Yo, con Malen, siempre he dicho: “Jolín, el cine. Habrá que estudiar mucho”. Y la verdad es que estoy estudiando interpretación y leyendo y preocupándome de estar con el mundo del cine para escuchar opiniones, razonamientos. Pero, a la hora de la verdad, en la cámara estás más solo que la una y si no enganchan tus ojos no vales ‘pa na’.
-- ¿Tenía la intención de hacer cine hace tiempo? Estuvo en ‘Montoyas y Tarantos’.
-- *Aquella era una película de flamenco.* Yo hacía el papel de Diego, que era el hijo mayor de Cristina Hoyos. Fue el mismo que hizo Antonio Gades con Carmen Amaya en aquella película maravillosa que fue ‘Los Tarantos’. ‘Montoyas y Tarantos’ era una versión actualizada con música de Paco (de Lucía). Fue bonito, pero estaba muy conectada con el mundo del flamenco. *Yo bailaba, * Me tuvieron que doblar. Aquí, al contrario, tanto el francés como el español lo he hecho yo con mi propia voz. *Es un doble trabajo, la primera vez que hacía una película, tenerla que hacer en francés. Tuve que coger un ‘coach’ (instructor) durante dos meses para poder hablar un francés marsellés. Encima, con acento. Se supone que yo soy un gitano de Marsella que lleva al niño (Diego) a Sevilla para que haga el amor.*
-- Toni Gatlif ha reflejado en muchas de sus películas la cultura y la música gitanas.
-- *En ‘Vengo’ aparecen gitanos egipcios e iraquíes que cantan y tocan instrumentos.* Pero nunca se dice que somos gitanos, podríamos ser una familia mafiosa del campo.
-- Su personaje tiene una obsesión por la música, pero le viene de la tristeza, de una herida gordísima.
-- *Le viene de una herida gorda porque * Es un hombre que abandonó a su hija muy pequeñita, la dejó viviendo con sus tías. Después se dedicó a hacer tráfico desde Marsella, a montarse puticlubes, a tener una red de mafia total. Y cuando llega al pueblo, y ha muerto su hija, empieza a vender todos los puticlubes y a gastarse el dinero en la música. Para darle gusto también a su sobrino. En alguien que parece incapacitado para la vida, él encuentra la verdadera felicidad. Pero Caco, al final, va directo a la muerte, como el cordero al degolladero. Él va buscando la muerte.
-- Gatlif dice que comenzó a hacer películas sobre la cultura gitana por que lo sentía como una “misión”. ¿Ha *vivido* algo parecido?
-- Desde que era muy pequeño, he escuchado a Camarón, a Paco (de Lucía), a Manolo Caracol. Luego llegué a Madrid, parecía *mi* destino, como si alguien me hubiera dicho que mi futuro estaba en el ritmo, la música, en vivir así. Y a Toni le pasa eso. Yo creo que en su película se ha hecho una autobiografía. Él dice que no, se ríe. Pero quiso reflejar a un Caco que es él. El premio Cesar que le dieron por ‘Latcho drom’ lo tiene en el bar de la esquina de su casa, en la vitrina de las botellas. Allí, por lo menos, lo ve todo el mundo. Y, como está más tiempo en el bar... Caco es él.
-- ¿También es un juerguista?
-- Sí. Luego, es un tío que yo me quedé ‘pasmao’. *Es como el Terry Gilliam éste, por eso son tan amigos.* Durante los rodajes, cuando está metido en la forma creativa, lo ves que está como ‘dejao’, *como una cosa extraña,* la barba, el pelo, te da miedo. Y, cuando termina y ha hecho ya el montaje, va ya con el pelo cortito, super aseadito. Me dijo cuando lo vi así en París: “Sí, soy el mismo, pero en el interior. Lo que pasa es que ahora tengo tiempo para estas cosas”. *Cambian, e*llos también se transforman a la hora de dirigir. Como bichos.
-- ¿Es necesario vivir al límite para hacer música, para bailar? ¿Es necesario vivir la noche?
-- Un poco, sí. Es una asignatura más. El artista tiene que sentir qué pasa cuando se está más embriagado, cómo ocurre el arte espontáneo, cómo surge el duende a altas horas o a pocas horas pero en sitios que son donde suele aparecer. Es una asignatura más que el artista tiene que experimentar. No se puede vivir muy cuadriculado. Hay temporadas que un poco más, pero no son matemáticas exactas.
-- ¿Qué espera de su faceta de actor?
-- Si hago una película con Terry Gilliam y Johnny Depp, después de haber clausurado Venecia, donde no sé cuantos años hace que no ha ido una película española, ya sería la catedral total. Sé que es un punto muy difícil, porque sería una película en inglés y yo no lo hablo mucho. Pero rápidamente me pondría las pilas, me ha dicho Pedro Almodóvar que puedo hacerlo. *Lo que ocurre es que entrar en una producción de 5.000 millones, da miedo. Pero yo creo que sí, porque Gilliam ya ha visto ‘Vengo’ y hay muchas caras en el mundo para venir a buscarme precisamente a mí.*
-- En el mundo del flamenco mandan las individualidades, las estrellas. ¿Qué le parece eso?
-- Es individualista. Pienso que, al igual que *en* el deporte o los toros tienen sus ídolos, el flamenco tiene sus caras. Aunque luego sea el trabajo *de un montón de gente,* de un equipo. Sin un equipo, como decía Che Guevara, nadie vale nada. Si no hubiera tenido unos músicos, *si no hubiera tenido* o unos bailarines, que en cierto momento se dejaron el pellejo en la compañía y lucharon porque creían en ello, no hubiera llegado a lo mejor a mi imagen. *Pienso que también se puede triunfar en grupo, pero es un camino diferente. Es otra forma, no es una sola persona la que fija sino que hay que ofrecer una idea.*
-- Ahora, no sólo coincide con Joaquín Cortés con sus respectivos espectáculos, sino también en cine. (Cortés *ha estrenado* ‘Gitano’, con la modelo Laetitia Casta).
-- Eso ha sido gratuito porque nosotros la rodamos mucho antes que ellos. *No tienen nada que ver porque mi director y el productor son franceses. Y no se ha sabido nada hasta ahora, ya se va a ver.*
-- Pero les comparan como bailarines y ahora les confrontarán como actores.
-- Eso ha sido coincidencia. Yo le deseo lo mejor. Además, ellos tienen a la Casta, con esas tetas impresionantes, un guión de Arturo Pérez Reverte... Tienen todos los ingredientes para que les vaya bien y guste al público. Un paso más para el cine español, creo. Aunque yo salgo de la mano de un director francés.
-- ¿Qué cree que les diferencia a Cortés y a usted? Se habla de que él es un bailarín más clásico y usted un bailarín más flamenco.
-- Sí, más bien yo soy bailaor, y él es bailarín. Pero nos diferencian muchas cosas: la edad, que tenemos 5 años de diferencia; que él no está casado y yo tengo 3 hijos, la estabilidad que cada uno lleva. Él hace un tipo de ‘star system’ que al flamenco, en cierto modo, le viene bien porque lo internacionaliza. Aunque sea con ‘glamour’, tiene que haber de todo en todas las épocas. No es tan perjudicial como alguna gente dice. Creo que somos dos personas muy diferentes. *Nos hemos criado en los mismos sitios, con los mismos amigos, *con los mismos bailarines, sabemos de donde hemos partido. P*ero el trabajo que él hace es muy diferente al mío.
-- ¿Usted está más interesado en la parte teatral, en la danza contemporánea y la innovación?
-- A mí me gusta más buscar conceptos, mezclar el contemporáneo, el teatro, hacer montajes, dirigir, como ahora he hecho con ‘Prometeo’, *donde he estado muy interesado en la posición de las cámaras*. Nos han visto por la televisión 18 millones de personas internacionalmente. Aquí en España nos vieron 1,4 millones, que ya es audiencia, un 41.5%. *Eso es porque a la gente también le interesa la danza.* Un partido de fútbol lo ven 2 millones y algo. Eso quiere decir que al público le interesa también las cosas importantes. Y que no las dirijan siempre la gente de teatro, los flamencos también lo podemos hacer.
-- Usted ha trabajado con directores de teatro, como Lluís Pasqual o Miguel Narros.
- Sí, para aprender. *Yo he trabajado con todos.* Pero eso también me ha servido para alguna vez poder dirigir. *No tener siempre que contar con ellos, si uno tiene esa creatividad y ganas de dirigir.* Y *poder* coordinar, como he hecho yo ahora, a 300 personas, 9 cámaras*, a operadores de 60 y tantos años que han hecho lo mejor del mundo*. Para eso hay que estudiar un montón, saber cuáles son los tiros de cámara, las ‘dollys’ (grúas), saber utilizar 300.000 pesetas de butano, cuando *podría* explotar aquello. Claro, Reyes Abades, que hizo los efectos especiales de ‘Prometeo’, ha ganado 5 Goyas, pero en la danza nunca se había hecho. Había que saber si el bailarín puede bailar con el gas butano y respirar bien. Dirigir a tantas personas y que eso se plasme... Puede haber gustos, pero lo que se ve es una dirección. El vestuario de *Hanibal* Laguna no se ha hecho para una pasarela de modelos, se ha hecho a pulmón, buscando en grabados antiguos. *Ya se empiezan a hacer los trabajos con un poco más de espesor.* A mí me gusta más eso que salir muy guapo vestido, de Armani o de quien sea. Que también me gusta, pero más lo otro, mucho más.
-- Le tira el lado de la creación.
-- La parte manualista, artesanal. Esa es una palabra que me gusta mucho.
-- Esta experiencia como actor, que le ha venido de improviso, ¿es *un pasaporte* de cara el futuro? Porque un bailarín tiene una edad en la que se retira.
-- Ahora tengo 38 años y siempre he dicho que a los 40 o 41 ya quiero decir*: ‘H*asta aquí, he dado todo lo que he podido’. Luego, haría algún papel de carácter. Y el cine... Lo que no puede uno es estar haciendo dos oficios a la vez, eso es muy difícil. *Claro que tendré que estar un tiempo entre medias, entre Pinto y Valdemoro. Pero pienso que si hago la película de Terry Gilliam ya no me quedará más remedio que meterme de lleno. Primero, a perfeccionar bien el inglés y el francés y poder hacer películas en esos dos idiomas y en español.* *Lo que haría es* divertirme, hacer dos o tres películas al año. Y, a lo mejor, en un futuro, poder dirigir cine, que es lo que me gusta. Tal vez, utilizar la danza, el flamenco, en mis películas. Las dos sapiencias que tengo, unirlas alguna vez. No como Saura y Gades, haría otro tipo de cosa. Eso sería ya, a mis 50 años, la maravilla.
-- ¿Qué es lo que le gustaría hacer concretamente? ¿Cuál sería esa fusión?
-- A mí me gustaría que el lenguaje del cine fuera, aparte de la palabra, el del movimiento. El movimiento, la fotografía y la cámara. Creo que con tres palabras, música y movimiento se puede hacer un cine diferente. A mí me gustaría hacer otro tipo de cine como director.
-- ¿Y le gusta lo que se ha hecho con la danza aplicada al cine? Como ‘Flamenco’.
-- Bueno, sí, Saura con Storaro, es como un pastelito muy bien hecho que siempre cuenta historias *que no tienen nada que ver, historias* absurdas que gustan mucho internacionalmente. Pero pienso que, al igual que Coppola, Almodóvar o Buñuel, cada uno en su estilo y su época, tiene que salir gente nueva que haga cine diferente. *Si tenemos marcadas siempre las formas del cine, es muy aburrido.* El punto de vista de un bailarín sería distinto. Seguir unos pies, cómo se mueven en un mercado, un gato con la cámara entre las piernas de la gente. Los pies te dicen mucho. Pies y voz, no hace falta verle la cara a la persona.
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