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El fuerte Comansi

Periodista jubilado en la treintena (todavía) da pasos de ciego en pos de la escritura creativa (todavía). Y la gran obra universal, paralizada (todavía).

Flo

Un gigantesco conejo azul. Un ciclópeo jugador de rugby, sonrisa dentada con palas de zanahoria y, coronando la testa, dos jertas puntiagudas de liebre color celeste, está al borde del placaje. El contrario se lo ve venir, se apresta a la avalancha del titánico mamífero roedor sin frenos. Cae encima sin contemplaciones y el grito que emite al hacer crujir los huesos es: “¡’Cuñao-o-o-o-o’!”. Un alarido en el que cabe una risa mellada entre las oes.

Florentino Fernández –dientecillos simpáticos, carrillos acolchados, una humanidad desmesurada-- acaba de calcar la gracia de ‘El Risitas’, famoso por el marido de su hermana o por el hermano de su mujer a raíz de las entrevistas concedidas por ambos a Jesús Quintero, El Loco de la Colina. El lamento en forma de hermano político ha quedado capturado en una de las ‘betas’, como se les conoce en ‘El Informal’ a las estrechas salas de doblaje de sus celebrados vídeos.
‘Cuñao-o-o-o-o’ ha sido la chorrada colectiva del año, como ‘pecadorrr’, ‘porconsiguiente’ o ‘bandi-do’ lo fueron anteriormente. Florentino, o Floren, o Flo, que es como se dirigen últimamente a él sus compañeros de equipo en el informativo satírico de Tele 5, lo sabe. Y le saca partido. Hoy no surge ningún ‘mireusted’, pero seguro que será oportuno algún ‘¡Ssssspaña!’.
Flo lleva media hora de esta tarde de diciembre grabando voces prestadas, imitaciones, ruidos y gruñidos. Los guionistas no se aguantan los pfff, ja, je, ji, ji. Es un aperitivo de lo que se desternillarán los televidentes que conecten de las 21.30 a las 22 horas con el noticiero humorístico. ‘El Informal’, en sus cuatro temporadas y 740 emisiones, ha obtenido un 20.5% de cuota de pantalla y una media de 2.968.000 espectadores.
-- Llama la atención que haya repetido tantas veces: “No soy mi propio personaje”.
-- Hombre, en ‘El Informal’ intentamosss (Flo suele silbar las eses) que todo sea un poco fuera de tono respecto a la vida real. No soy como el personaje que represento, aunque tengo algo de él. O sea, me gusta el cachondeo, pero soy bastante más serio. Y poco menos que ingenuo.
-- ¿Sorprende? ¿Se lo dicen?
-- ¿Personalmente? La verdad es que la gente se piensa ‘puej’ que soy igual que en el programa, ¿no? Entonces, cuando ven, así, a un tío un poco más serio y tal, les choca. Y dicen: “Hostia, éste no es él, no es él, se parece mucho pero no es él”.
Sí, inesperadamente, Flo es un tipo grave, con aplomo, concienzudo, solemne... ¡Un momento!: al leer entre líneas los valles y lomas de su imponente rostro de hombre de más de 1.80 se adivina su imposibilidad de retener dentro de sí una ebullición de personalidades dándose de codazos por salir.
-- ¿Se ha vuelto más serio desde que trabaja en la tele?
-- Pasa que la tele me cuesta mucho trabajo y para mí eso es serio. Estoy fabricando entretenimiento. En los ratos libres me reciclo, no me divierto tanto como los demás. Aquí me lo paso tan bien que, al llegar a casa, clof, me pongo a mi rollo, no me río tanto.
Flo, nacido en Leganés (Madrid) hace 29 años y transplantado por sus padres a Guadalajara, se estrenó artísticamente con un grupo de teatro de aficionados al tiempo que se ganaba el pan con chorizo como vigilante de seguridad. “En la obra que hicimos, de Ana Diosdado, mi papel era serio. Lo que pasa es que la gente se reía cuando yo salía al escenario. El director”, recuerda, “me decía: ‘Pero tío, ¡es que no puedes hacer reír! ¡Joder, que tu papel es de juez!’ Yo salía con una toga negra y, je, ch, ch, je, la gente se ‘despollaba’. No sé si por mi figura, la chepa, la barriga y tal... Vamos, por la pinta que tengo”.
Desconcertado por las lágrimas de risa de ese público primigenio y por la bronca ‘amateur’ de aquel director, masculló: “Coño, casi a lo mejor que yo sirvo para ‘ejtas’ cosas, y tal”.
Antes, a la edad de la videoconsola, montaba su “espectaculillo” doméstico a la hora de comer. Sus familiares quedaron acribillados a parodias. La siguiente zancada de mastodonte conejil hacia la popularidad la dio en el colegio. “En clase, los profesores me decían que leyera los textos como Felipe González para que los niños aprendieran mejor y no sé qué. En BUP, había quien hacía pellas para ir a la clase de teatro y ja, ja. Yo salía siempre voluntario”, recuerda.
-- ¿Recurría a su propia cosecha como cuando se fue al ‘casting’ de ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’, el programa de Pepe Navarro?
-- Sí, me grababa cintasss y hacía ‘playbacks’ de canciones, iba pegando una canción con otra y formando una historia. Cosas así, no sé de dónde me vendría eso, tío.
-- Más tarde, patentó la imitación del humorista, la de Chiquito.
-- Todo lo que me gusta, lo intento representar. Todo lo que me estimula, lo que me hace sentir bien, puess intento tenerlo muy cercano. Fue el caso de Chiquito de la Calzada. A mí me, me... Vamos, soy fan número uno. Recuerdo que antes fue Felipe González. Y Alf, el muñecajo extraterrestre. Me parecía cojonudo, tío, la voz me encantaba.
-- Sus parodias hacen crecer al personaje, llega un momento en que ya no es Chiquito y contiene otras muchas influencias.
-- Eso ya no lo juzgo, no lo controlo tanto. Lo que pasa es hay un grupo de guionistas que se inventan comparaciones y que hacen crecer al personaje mucho más. Yo soy un mero vehículo de conducción de todo eso, ¿no? Aporto lo mío, pero por la parte interpretativa. En ‘El Informal’, entre todos hacemos un consenso para que salga adelante.
-- En los cinco años largos desde que llegó a la tele, ¿qué ha hecho?, ¿subirse a la corriente, sin analizarse mucho, aprovechando lo que venía?
-- Es cierto, sin analizarme mucho. No he pensado nunca ni plantarme un reto en la vida ni decirme “voy a llegar hasta aquí”. No ha habido nada premeditado. Ha sido todo ocasional: en su momento, me salió el ‘Mississippi’; luego, ‘La sonrisa del pelícano’; después, un programa en la ‘uno’ con Norma Duval; luego vino ‘El Informal’; el teatro, con ‘5 hombres.com’, y la serie ‘7 vidas’. Cuando miro para atrás, que intento no hacerlo mucho, digo: ‘¡Hostia!, es que es la hostia, ¿no?”.
-- De todos sus personajes, Crispín Klander, Lucas Grijander, Juan Pedro, Fernanbizco y Félix Gimeno, Fernández, el copresentador de ‘El Informal’, es también ficticio, claro.
-- Intentamos marcar la antítesis entre Javier Capitán y Florentino Fernández. Capitán es la persona con rigor y seriedad, que da la noticia. Y Fernández es un poco la voz de la calle, del tío que se entera perfectamente pero que... que... le suda los cojones. O sea, que... que es consciente de lo que está pasando pero quizás no le da la importancia que nos quieren hacer ver en la prensa o los telediarios y demás.
-- ¿Cree que llega más a la víscera el humor surrealista que el humor blanco, por ejemplo?
-- Creo que no. Son dos víasss distintasss. O sssea, quiero decir, son dos canales de comunicación. Yo creo sssiempre en una sola cosa y es que tú comunicas algo y la otra parte lo recibe, ¿no? Para reírse, para llorar, para odiar, para lo que sea, pero recibe algo. El medio de comunicación da igual Y el tipo de humor... Tan digno es lo que hacen en ‘Noche de fiesta’ como en ‘El club de la comedia’, dos antítesis que siempre se sitúan a ambos lados.
-- Hay gustos, también.
-- Mientras se marque lo bueno, que es comunicar, creo que cada uno es libre de hacer cualquier cosa, ¿no?
-- A ver, elija entre estos cómicos: Chaplin, Buster Keaton o los Hermanos Marx.
-- ‘Joer’, muy difícil, tío. Por orden me quedo con los Hermanos Marx, con Chaplin y con Buster Keaton, que lo he visto menos, pero lo poco que he visto me encanta.
-- Así, en persona, tan serio, parece más Buster Keaton que los Marx.
-- Je, pff, je. Lo de los Hermanos Marx es casi un reto. Es decir, ¡ojalá llegara yo a tener ese coco!, ¿no? Pero lo mío también es muy visual, momentáneo, natural. No me preparo nada, me sale o no me sale.
-- Tiene mérito esto que dijo hace un lustro: “Lo importante es que el actor se mantenga aunque el personaje muera”.
-- Sssí, creo que eso es muy importante. El actor es como la serpiente, va cambiando de piel y sigue en esencia. El actor tiene que seguir, en el fondo, siendo actor. Y todos los personajes que pasen por su vida, lo primero ‘ej’ que no te atrapen porque estarás ‘perdío’.
Capítulo de anécdotas misteriosas: ¿se lo pasó bien en la casa del ‘Gran Hermano’? Cinco minutos en los que el gran peluche vacilón entregó una pizza en motocicleta y se zambulló en la piscina con otro conejo descomunal: Íñigo.
-- Eso fue un momento de gloria...
-- No sé si me falta saber en qué medio estoy viviendo, porque quizá mucha gente lo disfruta más que yo. Para mí, entrar en la casa de ‘Gran Hermano’ me pareció curioso, me moló estar cerca de esa gente... Pero lo que hace parecer que es la hostia es la televisión, como con tantas y tantas cosas. Tú haces un chiste por la calle y no hace ni puta gracia. Sin embargo, lo ves por la tele y te ríes.
Capítulo de cálidos recuerdos infantiles. Un día de Reyes rememorado por Flo: “Siempre decían que los Reyes Magos te dejaban algo en un calcetín. En las películas, los calcetines se dejaban al lado de la chimenea. Pero claro, yo no tenía ni chimenea ni hostias...¡Qué chimenea! Y árbol, no teníamos árbol porque no cabe en casa. Dejé un calcetín en el sofá de mi habitación. Por la mañana, me levanté con muchas ganas de ver si realmente habían ‘dejao’ algo o no. Y cuando miré, habían ‘dejao’ carbón dulce. ¡Pero habían ‘dejao’ algo! Y estaba metido dentro del calcetín. A mí eso me dejó ‘marcao’, tío. Yo dije: “Hostia”.
-- De mayor, ¿resolvió el enigma?
Bueno, ahora lo sé. Pero nunca llegué a ver cómo llegó allí el carbón. Le dije a mi padre: “¡Hostia, me han ‘dejao’ carbón los Reyes! ¡Qué mal rollo!”. “No, no”, aclaró él, “es carbón dulce, te lo puedes comer”. “Ah, entonces no he sido tan malo”. “No, no, qué va”. Lo que pasa es que mis padres no tenían pasta ‘pa’ comprarme ‘ná’.
-- Florentino, ¿le queda alguna deuda pendiente, algo por hacer?
-- Tengo muchas inquietudes, pero a lo mejor tengo que administrarlas muy bien. ‘Joer’, muchas cosas, tío. Me gustan todos los palos de esta profesión: la imagen, el montaje, la cámara, la dirección, me gusta todo. A veces digo: “Joder, ¿por qué el día no tendrá más horas para poder controlarlo todo bien?”. Debo aprender a relajarme un poco.
-- ¿Ha conseguido ser un gordito ligón como el de su libro?
-- Ahí metimos ficción, pero que mucha. Pero es cierto que la fama te hace ver las cosas desde otra perspectiva y, si no tienes gente al lado que te baje los humos, ‘puesss’ puede ser muy ‘jodío’.
-- Por eso su vida normal es tan normal, ¿no?
-- Sssí, intento que sea lo más normal posible. Sólo he tenido un deseo, o dos: vivir en una casa grande y tener un coche de puta madre. Toda mi vida he vivido en 60 metros y era algo que... no sé. Yo quería algo grande, tío, aunque no lo usara para nada. Mi cuerpo no me pide hacer grandes cosas. El tabique de platino todavía no me lo he puesto, pfff, y tal, pero je, je, je. ¿Te quedas por aquí?
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