Prince y su ego
Industria / Libertad. Amor/ Idolatría. Verdad / Ilusión. Son ideas que brotan del discurso de Prince como si de una ‘jam session’ unipersonal se tratara. El músico dejó un rastro de críticas a su paso por Madrid. Llevaba a cuestas su último disco, ‘Rave un2 the joy fantastic’. Aquí expone su pacto con la vida positiva y un gran amor propio.Es densito en sus conexiones neuronales, enlaza los temas tomando atajos que sólo se esperan viniendo de él. Pero también es a menudo fresco, espontáneo, algo femenino, místico, verborrágico, con un pie en la ingenuidad y otro en lo tormentoso. Y también le gusta hacer un poco el payaso. Sorprendería verle hacer graciosos aspavientos y poses de acróbata por el camerino si no hubiéramos oído hablar mil veces de que es la extravagancia en persona. Es como un niño grande en un cuarto de juegos. Aunque ya haya alcanzado la cuarentena. Por otro lado, es conocido en lo drástico de sus decisiones, que a menudo se interpretan como caprichos de estrella del rock. Él lo justifica asegurando que está tras la felicidad permanente, algo que liga a amarse sobre todo a uno mismo y a no dejarse avasallar en lo que considera innegociable: su música.
Prince Rodgers Nelson (Mineápolis, 1960) recibe al periodista a solas tras un día bastante accidentado, lo que incluye una grabación televisiva abortada. Todavía lleva puesto el atuendo utilizado para el ‘show’: un gorro negro de bufón con una ristra de lentejuelas, que hace juego con un peto de colores (negro, melocotón, púrpura, son sus favoritos). Ha pasado toda la tarde probando el sonido para su actuación en el programa de la televisión estatal ‘Séptimo’. El día anterior ha cambiado todo el plan de trabajo, que afecta a un equipo de unas 30 personas. Esa misma mañana ha estado a punto de cancelar su participación en el espacio musical argumentando que su voz no estaba en plena forma. El cineasta Pedro Almodóvar, encargado de entrevistarle para ese programa, tira la toalla ante tantas idas y venidas.
Finalmente, ofrece una frenética actuación de 38 minutos acompañado por su banda, New Power Generation. Se acerca a la grada, agradece con una tímida sonrisa una rosa que le regala un espectador, saca al público a bailar y todo termina con una larga y rítmica fiesta de hermandad entre la estrella, su mujer Mayte García, los músicos y un auditorio sorprendido.
-- Parece que le gusta que su público participe. ¿Cómo se lleva con la gente?
-- Me encanta la gente, son los que están detrás del escenario, los ejecutivos, los que no me gustan. Estoy en contra de las personas que creen que son mejores que otras. Yo mismo fui acusado de ser así, y no es cierto. Yo no soy así, me encanta la gente; y amo a la gente latina: me casé con una mujer latina. Pienso que los ejecutivos han estado en el poder tanto tiempo que llega un momento en que se lo creen. Como hoy, por ejemplo. En los programas de televisión, el sonido siempre suena mal, pero en éste el sonido era horrible. Nunca tardamos tanto tiempo en hacer una prueba de sonido. Si quieres que suene medianamente bien, al menos aísla el estudio. Tan solo necesitas un poco de tela. Me dicen que gente como Madonna y REM han venido a este programa y que nadie ha tenido problemas, sólo yo. ¿Y qué pasa? Se trata de mi música, yo quiero que suene bien.
-- ¿Los ejecutivos no entienden la música?
-- No entienden la música para nada. No les juzgo, pero mi música hoy no sonó correctamente. La percusión se oía como un ‘jjrrr’. Y yo me decía: ‘¿Pero qué están haciendo con mi música?’ Les pedía que me dejaran solucionarlo a mí y me respondían que el sonido estaba saturado. Les insistía: ‘Dadme sólo cinco segundos para arreglarlo’. Pero nada. Voy a lanzar mi propio programa de televisión y haré las cosas como se deben hacer. Quiero meter la cámara entre la gente, que se acerque a las caras, que sea alucinante. En un programa de música debe haber un espacio entre el público para poder bailar con ellos.
Prince siente la necesidad de explicar su versión de lo hechos acaecidos pocos minutos antes de esta charla. Debía mantener una entrevista con el director del programa, el cantante Miguel Bosé, necesaria para completar el monográfico dedicado a su persona. Pero la, en su opinión, baja calidad del sonido y el comentario de Bosé sobre la docilidad de otros eminentes invitados al programa, le han impulsado a abandonar el estudio.
El artista norteamericano todavía tiene la espina clavada de sus abruptas relaciones con la industria del disco. Rompió hace tres años el multimillonario contrato firmado en 1992 con Warner (108 millones de dólares durante siete años) porque se sentía atado de pies y manos. Y sigue con su batalla con la discográfica por hacerse con los originales de sus canciones. Después del divorcio con su sello de siempre (grabó 17 discos con Warner), se rebautizó con el conocido simbolito ambivalente, vendió discos por Internet y ahora compagina su antiguo nombre con el rimbombante The Artist: en su último álbum Prince aparece como productor, mientras que los arreglos, la composición y la interpretación se las adjudica su enigmática identidad gráfica.
En parte, se ha reconciliado con la industria. Un retroceso en las ventas de sus discos le han obligado a ello. Para dar a conocer mejor sus más recientes canciones, llegó a un acuerdo con Arista, del grupo BMG. Pero no cesa en controlar el proceso de su obra de principio a fin.
-- Después de un tiempo como músico independiente, ha vuelto con una multinacional. ¿Por qué?
-- Te lo pongo de esta manera: tú y yo llegamos a un acuerdo. Es decir, tú escribes lo que yo he dicho pero no puedes escribir lo que no he dicho. Si no va a ser de esa manera, tendremos que firmar un contrato. Y yo prefiero los acuerdos a los contratos, que para mí no son la manera de dirigir un sello discográfico. Volví con una multinacional para probar que un acuerdo puede funcionar, al contrario que un contrato. No me pueden decir que no puedo grabar con otra gente. No quiero que nadie me diga lo que tengo que hacer, que si me apetece grabar con Lenny Kravitz no me dejen hacerlo. Y sin embargo, Lenny Kravitz sí puede por el acuerdo que tiene con su discográfica. ¡Yo soy el hombre, no me digas lo que tengo que hacer! Yo les hice poderosos y ahora no me dan nada a cambio.
-- ¿Se puede definir su carrera con la palabra libertad?
-- No sé si hay una sola palabra para definir tantas cosas. Si consigo que un acuerdo sea bueno, eso me permitirá que mi música cambie, que siga su flujo. ¡Cómo voy a comprometerme a siete años, no sé dónde voy a estar dentro de siete años! ¿Tú lo sabes? ¿Y si cambia el presidente de la compañía y el siguiente no respeta lo pactado?
-- ¿Es este disco el mejor de los que ha hecho en los 90?
-- No sé, a mí me gustan todos. Si alguien dice que es bueno, esa idea se extiende. Si dice lo contrario, no. Ése es mi problema con los críticos musicales. Y yo les digo a los críticos: ‘¡Tú no hiciste el disco, yo sí!’ Si yo fuera un crítico, sólo escribiría sobre lo que me gustara. Si no te gusta, no gastes tinta.
-- ¿Cómo se siente al haber recuperado los derechos de sus canciones?
-- No poseo las antiguas versiones, pero las nuevas saldrán con el símbolo y con New Power Generation. El ‘new power’ representa mi etapa actual, significa tener el control de mi propia familia. El problema de los originales no sólo es una cuestión de dinero. Ellos harán algo más de dinero. Pero yo les digo: ‘¿Ganasteis dinero? Entonces, devolvedme mis canciones’.
-- Son demasiado ambiciosos.
-- ¡Son un poquito demasiado ambiciosos!
Prince deja reposar su espalda sobre el sofá por primera vez durante la conversación. Parece algo cansado de clamar en el desierto su obsesión particular. Hace unos meses se abrió otro frente después de que el músico demandara a varias páginas de Internet y revistas impresas por un supuesto uso fraudulento de su obra y marca registrada. The Artist también ha respondido relanzando su propio sitio en la red, Love 4 One Another, que es supervisado por sus empleados en los estudios Paisley Park, que son de su propiedad. En esa página, aparece un artículo escrito por Prince en el que relata un sueño en el que Madonna le ayuda a que Warner le devuelva sus grabaciones con esa compañía. Está claro que su obsesión le quita el sueño.
-- ¿Qué opina sobre que algunas páginas web de fans suyos hayan cerrado después de la demanda que usted puso? ¿Tiene que ver esto también con tener control sobre su música?
-- Una cosa son los fans y otra los ladrones. Se presentan como fans pero no hacen más que robar. Luego yo parezco el chico malo. Si coges el símbolo y lo pones en una web, da la impresión de que ésa sea mi página. Pero luego ponen debajo un montón de mentiras: que si grabaciones inéditas, que si listas de conciertos… Nada de eso es verdad y es algo que hay que parar.
Prince lleva colgado del pecho su signo distintivo como si fuera un crucifijo. Ha elaborado una iconografía propia, muy conectada con una estética que se ha llamado posmoderna. Es el único miembro de una religión cuyos mandamientos crecen según el grado de evolución personal del artista. Se recorta la barba con esmero y se recoge el pelo largo con trencitas ‘rastas’ que esconde dentro del capuchón. El pasado día 23 de noviembre, un día después de esta entrevista, apareció de esa guisa en Madrid, en su único concierto español. Para verle actuar, el público tuvo que esperar tres horas. Algo parecido a lo que ocurrió la semana anterior en París. Da la impresión de que adore, para bien o para mal, llamar la atención por cualquier medio.
-- ¿Qué tal se encuentra en este momento de su carrera?
-- Estoy muy contento. Sólo quiero tocar para la gente, y quiero hacerlo por mí mismo.
-- ¿Cómo está su alma?
-- Cada día mejor. Aprendo más, amo más, creo más…
-- ¿Está enamorado?
-- Estoy enamorado… del amor.
-- ¿Y está enamorado de sí mismo?
-- Por supuesto, como le debería ocurrir a todo el mundo. Si cuando escribes algo sabes íntimamente que has dicho la verdad, la gente se conmoverá. Si consigo hacer lo que quiero, no tendré techo ni jefe. Si inspiras a la gente y lo percibes, te querrás a ti mismo. Larry Graham (el bajista de su grupo) me hace feliz. Así es como actúa Dios, a través de la gente. No hay nada malo con quererse a uno mismo.
-- ¿Tiene planeado salir de gira?
-- Ahora quiero volver a casa y poner juntos algunos buenos sonidos. Algunos días nos juntamos la gente de la banda y no sale nada. Nos sentamos y nos quedamos mirándonos los unos a los otros. Y al día siguiente, se da la situación contraria. Estoy contento con mis músicos, pero si se diera el caso de que a mi guitarrista se le olvidara una canción, ya no estaría en la banda.
-- ¿Está interesado en la idolatría?
-- Desde que cambié de nombre, nunca firmo autógrafos. A los fans les digo: ‘Todo está dentro de ti, ¿qué puedo darte yo? No tienes ninguna razón para no ser feliz’. Hay gente que crea ídolos de las drogas o el alcohol. Ser adicto a las drogas o a alguien como yo, es malo. Hay gente que me persigue por la calle. Y yo me vuelvo y les digo: ‘¿Qué pasa, por qué me sigues?’ Conocí a una chica que tenía toda una pared llena con fotos de Mayte, quería ser Mayte.
-- Los Foo Fighters cuentan que una vez conocieron a un chaval que se vestía, se movía y se comportaba exactamente como Kurt Cobain.
-- A lo mejor a ese chico le pasa lo mismo que a su ídolo. No era el mejor ejemplo a seguir.
-- ¿Cómo anda su español?
-- Sé decir: ‘¿Qué tú miras?’ Mayte me ha llevado a unos restaurantes maravillosos en Marbella. La gente me miraba fijamente con el rabillo del ojo mientras comía. ‘¡Qué! ¿Por qué me miras?’, les preguntaba yo.
Mayte García es una puertorriqueña que conoció a Prince cuando ella contaba con 18 años, hace siete. La actual esposa del músico formaba parte del cuerpo de baile. Ahora interviene en sus conciertos animando al respetable y tocando la pandereta. También es su vínculo con el mundo hispano. Prince compró no hace mucho una casa en Marbella.
-- ¿Qué representa Mayte para usted? Ella dice que usted es muy espiritual.
-- Mayte me mantiene con los pies sobre la tierra, es un maravilloso espejo. Yo me veo de una manera, ella me ve de otra y yo mejoro con su visión. Los espejos pueden ser claros o borrosos. Un buen espejo no juzga, simplemente refleja. Y así tú mismo te puedes juzgar.
-- ¿Es difícil encontrar un espejo así?
-- Sí, es difícil. Por eso ella y yo nos casamos. Porque no me juzgó. Todo el mundo lo hace, me juzgan y me dicen ‘tienes que hacer esto o lo otro’. En el 99 he estado estudiando la Biblia. Pero no se trata de religión. Hay gente que tiene una percepción de que el ‘show’ es perfecto y yo tengo la percepción de que quiero hacer uno mejor. El sonido tiene que ser ‘mmppff’.
Prince muestra su puño fuertemente cerrado con el fin de poner todo el énfasis en su afán perfeccionista. Este objetivo es el eje que recorre la trayectoria del artista. Cuando tenía siete años, sus progenitores se divorciaron y su padre, pianista de jazz, dejó el piano en casa. Prince lo aprendió a tocar. Más tarde, la guitarra eléctrica captó también su interés. Ahora domina 30 instrumentos musicales. En sus conciertos pasa de uno a otro como el que cambia de carril en la carretera.
-- ¿Qué le ha enseñado la Biblia?
-- Me ha enseñado a ir en busca de la verdad. Después de leerla, la dejé a un lado y saqué mi propia impresión. La Biblia te enseña que no puedes ser feliz siempre, sólo a veces. Pero yo creo que si pones al derecho un enchufe como el de esta lámpara, funcionará. Mientras que si lo pones al revés, no se encenderá.
-- ¿Quiere decir que, al contrario de lo que ha leído en la Biblia, se puede ser feliz continuamente?
-- Eso es, tío. Eso es. Si colocas bien el enchufe, algo triste que te suceda se transformará en una experiencia de aprendizaje. Entonces, ya no se tratará de una percepción, de una ilusión, será la verdad. Cuando eres un niño pequeño, todo parece una ilusión. Observas a tus padres y piensas: ‘¿Por qué discutís? No os peleéis. La vida puede ser más fácil’. Es como cuando veo a los políticos discutir por televisión.
-- ¿Le importa la política?
-- No, no me interesa porque los políticos no colocan el enchufe correctamente. Se les llena la boca diciendo que van a hacer autopistas, que todo el mundo comerá… Para mí, los verdaderos líderes han sido siempre los artistas, los cantantes, los poetas, los filósofos. El rey David, por ejemplo, era un cantante. Daba una palmada y tenía 1.000 personas tocando en su orquesta: todo el mundo bailando como locos y haciendo una ‘jam’. ¡Eso es un rey! Nada que ver con un montón de gente drogada y exclamando al ver a un político: ‘Ése es nuestro rey’. Los políticos dicen: ‘Me preocupa la gente porque se parece a mí’. Pero en cambio no dicen: ‘Me preocupa toda la gente’. Cuando tocan el tema de la raza, los políticos mienten.
-- ¿En el siglo que viene sólo se hablará de la raza humana? ¿Seremos tolerantes con los demás?
-- La gente que hace una mala vida, no conseguirá ser así. El verdadero futuro llegará cuando vivamos en paz con nuestra comunidad y no tengamos que cerrar con llave la puerta de nuestra casa para que no nos roben. Otro tema es tener la capacidad de apagar la televisión. Cuando la apagas, eso te hace sentir bien. O sino, siempre se le puede dar una patada (lanza al aire el largo tacón de su bota blanca). O disparar al televisor como hacía Elvis, ¡pum!
The Artist es un hombre eufórico, algo egocéntrico pero con una personalidad expansiva. Observa con su típica mirada de cervatillo de ojos grandes ante cada pregunta y tan solo se le ralentiza por un instante la vitalidad cuando se le habla de niños. El año pasado murió su hijo recién nacido, víctima de una extraña enfermedad. Piensa montar un centro de acogida de huérfanos en nuestro país.
-- ¿Cómo va su proyecto para abrir un orfanato en España?
-- Todavía no sabemos, ha habido algún problema administrativo. Pero Mayte fue hace poco a visitar a los niños y comprobó que se lo pasan de maravilla. Armaron un buen lío: perdieron un pájaro, jugaban como locos en la piscina… Son felices estando libres. Yo creo que a los niños hay que enseñarles la verdad. Sobre todo, es necesario explicarles que se tienen que llevar bien con todo el mundo en sociedad, enseñarles a interactuar socialmente. Estoy convencido de que si escuchas a los niños tarde o temprano te dirán lo que quieren hacer en la vida. Hay muchas personas que han sido forzadas a elegir y ahora están dedicándose a un trabajo para el que no son idóneos.
Ya han abierto la puerta del camerino su responsable de prensa y un guardaespaldas con un auricular en la oreja. Él se queda sentado y comenta: “Es curioso, últimamente todas mis entrevistas tratan sobre el amor y la libertad y no tanto sobre la música. Es algo que me gusta”.
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