Raphael, un ph anticaídas
Oficinas de EMI-Hispavox en la Ciudad de la Imagen de Madrid. 8 de mayo. Tras una escucha privada, el nuevo trabajo de Raphael descoloca por insólito y desenfrenado: pop 'retro', canciones escritas muchas de ellas para mujeres y adornadas con sonidos de discoteca --ahora se llama 'dance'-- de rayo láser y esfera con espejitos. El cantante interpreta, sin miedo a los decibelios, temas de Radio Futura, Baccara, Kiko Veneno o Miguel Bosé a dúo con Rocío Jurado, Pastora Soler, Alaska, Rita Pavone, Jeannette, Elena Andújar, Caprice y Greta y los Garbo. Y el aperitivo que retumba en emisoras y 'shows' televisivos: 'Maldito duende', de Héroes del Silencio, en el que hiperactúa en solitario.Resulta (cuanto menos) curioso oír de boca de Raphael frases como "Oye, olvídate de los problemas, quiero que sepas que nadie baila como yo" --de 'Yes, sir, I can boogie'-- o "Te veo bailar con pegatinas en el culo y mueves con tu ritmo la cara de tus fans" --de 'Divina'--. Pero es que en este hombre ya poco sorprende. Él mismo se ocupa de echar luz a la cuestión con el pavoneo de "A quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga, yo soy así, así seguiré, nunca cambiaré", la letra del himno posmoderno de Alaska y Dinarama.
Hace casi cuatro décadas que nadie apunta con el dedo a la estrella española de la mano en el bolsillo y el tecleo en la barbilla. La que, a los 9 años, cuando todavía era Falín, fue elegida la mejor voz de Europa compitiendo con los Niños Cantores de Viena. La que ganó 6 de los 10 premios del Festival de Benidorm de 1962. La que, en México, inspiró el término 'raphaelazo' cuando la prensa describía un acontecimiento de masas. La que tiene clubes de fans en Nueva York, Moscú, Buenos Aires o Tokio. La que ha grabado más de 90 discos y ha vendido millones de copias. La que ha compuesto, en un musical, un Jeckyll y un Hyde que para sí hubiera reclamado el cine expresionista alemán. Entre tantas otras proezas.
La idea de hacer un disco para las pistas de baile con Raphael se le ocurrió a un ejecutivo de Hispavox a raíz de los duetos de Tom Jones. La selección de un grupo de 'raphaelianas' y la aportación de los productores de moda Carlos Jean y Arturo Soriano, obraron el milagro. El título: 'Raphael, maldito, Raphael'. La estética: una portada con dibujos de un Raphael estilizado, joven, con sus parejas de canto en un local 'kitsch', tigre incluido.
Discoteca Cool de Madrid. 14 de mayo. Raphael, pañuelo al cuello y gabardina, entra silbando 'Lessons in love', de Level 42. La sala elegida para la sesión fotográfica está decorada con cenicientas en tanga, amas 'sadomaso', rockers tatuados, vedettes... Mientras le visten y aplican un suave maquillaje, una persona de su entorno confiesa: "No tiene representante desde hace 15 años, tiene las cosas muy claras, es un don que posee. Se adelanta al tiempo, a las ideas. Como persona es muy humana, sincera, profesional y dedicada. Lo ve todo con los ojos de un niño. Los pilares de su personalidad los tiene firmes desde adolescente".
Raphael se gana las primeras simpatías echándose al hombro, teatral, la corbata color clorofila. Pide que traigan "el último CD" (lo pronuncia 'si-di'); pide un cigarro --"Sólo fumo un cigarro cuando me voy a dormir mientras un acontecimiento musical o una película en la cadena HBO" (lo pronuncia 'eich-bi-ou')--; pide al responsable artístico de la discoteca que le diga qué había ahí antes --"Ah, el Biombo Chino, era lo más popular de Madrid"--. Cuando ya está todo en su sitio, proyecta sin previo aviso un potente "¡laralilolaaaa!" a pleno pulmón. Está en plena forma.
Raphael, en el escenario inundado de humo artificial, se abstrae: la mano perenne en el bolsillo del pantalón, los ojos hacia el techo, las mejillas hundidas hacia el interior. Baila con ¡las manos! como si tintinearan mil cascabeles, un trillón de castañuelas en la punta de los dedos. Lo más sobresaliente, con diferencia, es la voz.
Se dispone a conversar. Sosegado, firme, con un tono amable que recuerda al de un cura. No en vano, estudió sus primeras letras y corcheas con los Padres Capuchinos. Rafael Martos Sánchez, nacido en Linares (Jaén) el 5 de mayo de 1943, creció en Madrid y fue el eje magnético de una familia humilde. En la actualidad, tiene 23 años. "Tengo dos hijos, de 27 y 21 años. Y 26, la niña", señala. O sea, que hace rechifla con la idea de que sólo uno es menor que él. “¡Qué broma! Lo digo en serio. Hay una anécdota del Carnegie Hall de Nueva York. Estaba viéndome mi hijo el mayor. Ese día cumplía un año más que yo y, entonces, le dije desde el escenario: “Estarás contento, ya eres mayor que tu padre”.
Guiños coquetos aparte, la lozanía con la que ha sido inmortalizado en el diseño del disco es, dice, casualidad: “No está hecho a propósito”. Aunque lo inequívoco es que el espíritu de su nuevo trabajo es juvenil. “Sólo he tratado de rescatar canciones de los años 80 que me han gustado siempre mucho, que no son mías y las he puesto en mi forma de hacer".
Ritmos y letras que tal vez se aparten de su línea. "Pero ¿cuál es mi estilo? Yo soy camaleónico, tengo mucha suerte de poder meterme en todos los jaleos. La grabación ha sido fenomenal, con gente joven. Todos menos que yo porque ellos se me cansan antes”.
¿Dónde queda aquello de que con él el público no iba a bailar para prestarle atención? “Es verdad. Dije esa frase en Zaragoza hace mucho tiempo: 'Conmigo no se baila'. Lo que pasa es que entonces no existían esta clase de ritmos ni de canciones. Ahora es el tiempo de que, aparte de escucharme, se baile conmigo en el verano y las discotecas". Un hecho irrepetible, ya que en el próximo disco regresará "a la música para escuchar”.
Firmó su primer contrato, con Philips --por eso se le ocurrió incorporar a su nombre la 'ph'--, el mismo día que Miguel Ríos. A Raphael le costó más despegar porque no cantaba rock, tuvo que habituar a la audiencia a sus peculiaridades. “Y la acostumbré, la acostumbré bien. Pero, hombre, a estas alturas del partido creo que es bueno que después de tanto disco muy en serio (no digo que éste no lo sea), muy de Raphael, dé la oportunidad a la gente que tiene 20 años de conocerme y, ¿por qué no?, hasta bailar conmigo”.
Urge que defina el término 'raphaeliana', en el que se circunscriben sus acompañantes. “Los artistas normalmente son muy ‘raphaelianos’ todos”, asegura. “A ellas les gustan mucho las cosas que hace Raphael. Las hemos elegido porque son a las que mejor les va este tipo de canciones. Para ‘Sevilla’, Rocío era la voz ideal. Es una mujer a la que quiero mucho, intimísima amiga mía. Para ‘Una rosa es una rosa’, está fenomenal Pastora. Y Rita Pavone, a la que admiro con pasión desde siempre, se sale en ‘A quién le importa’. Alaska, un encanto de gente, está fantástica en ‘Divina’...”.
¡¿'Raphael, maldito Raphael'?! “Es como si yo te digo: “Qué golfo eres, diablo, golfo, maldito, sinvergüenza, iiih...” --aprieta los dientes como quien da un pellizco--. Eso es lo que quiere decir". El carácter del repertorio escogido también ha contribuido en la elección del título. “Claro, es un poco salirse de todos los cánones. La gente que está acostumbrada a comprar discos míos durante toda la vida dice: 'Iiiih, ¡qué malo es!'. Malo en el sentido de 'no, si le voy a tener que comprar también éste, ¡es un maldiiito!”.
¿Se identifica con la letra de 'A quién le importa'? ¿Se la cree? “Yo me creo todo lo que canto, si no sería muy difícil. Con el ‘Maldito duende’ me creo perfectamente lo que estoy diciendo. Me creo las historias, los ritmos, el ambiente de una canción”, dice para despejar las escasas dudas sobre su capacidad de simbiosis con un tema.
Hay que insistir: ¿y se cree 'A quién le importa'? “Esa letra hay que tener en cuenta que ya la he cantado antes. ¡Hombre, por Dios! He hecho una canción que es ‘Digan lo que digan’. ¡Por favor!, si todo esto está inventado... Yo he sido el primer artista que cantó canciones protesta. Pero no le daba importancia. He cantado canciones sociales como 'Van a nacer dos niños', uno pobre, otro rico. Lo he hecho con una inocencia grande, no me he parapetado en esa cosa --en la canción protesta, se refiere-- porque no me hace falta. No me escudo en ‘A quién le importa’, eso lo canté hace mucho”.
¿Cantaba 'Digan lo que digan' con más entrega por algo en especial, porque oía cuchicheos a su alrededor? “No, nunca he oído cuchicheos de nada, mi vida siempre ha sido muy aburridamente normal”, afirma. Es oportuno recordarle que su gran gestualidad está en la calle. “Eso no es gestualidad, eso se llama arte. En mí eso es lo normal. Yo soy una persona que levanta la mano porque la sabe levantar y punto. No hay más, no hay que buscarle tres pies al gato”.
Está el chisme de su amaneramiento. “No, eso no es amaneramiento, eso se llama ‘latinada’. Eso se llama ser latino, que somos los que sabemos mover las manos, hacerlas expresar. Y los que no saben, pues peor para ellos”.
La expresividad latina de Raphael la vislumbró a la legua Antonio 'El bailarín', que fue juez suyo en un examen para el carnet de artista --obligatorio durante el franquismo--. “No me dio tiempo ni a mover una mano. Fue llegar caminando hasta el centro del escenario y me gritó: 'Basta, puede usted marcharse'. Ahora lo entiendo, se nota mucho que alguien es artista o no nada más salir a escena. No solamente es el andar, sino el saber estar en ese momento tan estresante”.
Al cantante no le preocupa la expectación que levanta, negativa o positiva. La autocrítica en él existe, pero con desapego. “A veces me equivoco. Luego lo olvido; si recuerdo mis equivocaciones son dos veces equivocaciones. Las cosas malas no las recuerdo. A parte de que no recuerdo nada porque no vivo del pasado ".
Tampoco lleva la cuenta de las copias vendidas. "Ya la he perdido. Pero yo no ‘he vendido’, no soy tiempo pasado. ‘Vendo’ muchos discos. Siempre los he vendido y espero en Dios que siempre los venderé. Cuando me muera, más. Por eso de tener un recuerdo de un señor que se fue. Y mis películas se verán más que nunca".
¿El chico de negro de ‘Cuando tú no estás’, ‘El golfo’, ‘El ángel’ o ‘Sin un adiós’ va a hacer más películas? “Pero eso no es un proyecto, es una realidad. Haré más cine, igual que volveré a grabar discos o representar musicales, en el momento en que tenga un tiempo, que ya está más o menos proyectado. Será un cine más comprometido, aunque no estoy nada quejoso del que hice porque trabajé con unos grandísimos directores como Mario Camus, Antonio Isasi Isasmendi o Vicente Escrivá. Y ya no haré el papel de un chico que se enamora de una rubia que al final se le muere y canta una canción”. Pero, que va a hacer cine, dice, “eso está más claro que el agua ".
A propósito de un disco poblado de féminas, hablemos de ellas con el señor que ha tenido la suerte de conocer a Ava Gardner, Edith Piaf o Jane Mansfield. Aparte de la suya propia, la periodista y escritora Natalia Figueroa, hija del marqués de Santo Floro. "Mi mujer es intocable, ella es un ser... es una cosa punto y aparte en mi vida. Sí, ha habido mujeres que me han interesado. Por Edith Piaf he tenido siempre pasión, no como mujer sino por la forma en que cantaba. Me encanta una mujer artista y con pasión, que lo venda bien, que sepa exponer las cosas. Tengo la inmensa suerte de admirar a mucha gente, eso es bueno".
En los 39 años en la música de Raphael ha habido fans, muchas fans. Se dice que fue el que importó a España el fenómeno que une trenzas y autógrafos. ¿Cuándo fue su último 'raphaelazo'? "¿Con la gente puesta en pie y así? Eso lo vi anoche en Barcelona en un programa de televisión, yo no vivo de recuerdos. O sea, yo continúo, es una cosa permanente, afortunadamente para mí. Estoy en la onda, como dicen".
Se pueden entresacar dos instantes de la vida de Raphael que suponen un punto y aparte. Aquella vez que decidió, tras presenciar 'La vida es sueño' en una carpa, que él era artista. O cuando se bautizó con la 'ph'. "Indudablemente, me marcó más cuando fui a ver 'La vida es sueño' porque fue lo que empujó todo lo demás". En ese momento, descartó definitivamente la aspiración de ser 'Falín, sastre'. "Sastre nunca fui, desgraciadamente”, bromea. “La 'ph' era la única forma de que mi nombre se pudiera leer en todos los idiomas. Ya tenía idea del márketing, sin saber qué era". A riesgo de que le llamaran Rapael. "Bueno, Rocío me sigue llamando Rapa". Y él no la corrige. "No, ¡si me parece encantadora!".
Rafael. Falín. Raphael. Rapael. Rapa. Rafael. Un ser múltiple, incorruptible al desaliento, siempre sujeto al mañana. Él no se cae, se levanta. Si no lo logra una de sus personalidades, lo hará la otra.
Comentarios (0) - Referencias (0)
Leído 349 veces