El ligue
Andrés - 03-08-2005 20:14:41 | Categoria: Diario a botepronto
Sólo por el título de este post se darán ustedes cuenta de que ando algo necesitado. Pero la vergüenza es menor que el afán de honestidad. Y a ambas las supera el hecho de que narrar lo ocurrido hace dos días aquí cerca, en la playa, me permitirá revivir algunos instantes gloriosos, dignos de figurar en mi disco duro sentimental.Es imprescindible aclarar algo: no soy un ligón de playa. Nunca lo he sido y nunca lo seré. En realidad, no soy un ligón, en el más amplio sentido de la palabra. Ni de playa ni de campo ni de montaña. Yo no sé ligar. En todo caso conozco gente, entablo pequeñas conversaciones triviales en sitios casuales. Muy rarísimas veces. Y en esas contadas ocasiones, alguna vez la gente son mujeres. Sobre todo, esos encuentros nunca se producen en bares ni sitios por el estilo, en esos locales con música escupiendo por los altavoces soy incapaz de intentar conocer a nadie. Odio no entender lo que me dicen cuando me rechazan.
Hace unos años, cuando vivía en Madrid, presencié una escena en un vagón del metro que me sacó de mis casillas. Iba yo de pie agarrado a la barra metálica cuando una mujer joven, quizás rumana, pasó pidiendo limosna. La chica tenía la tez morena y podría jurar que no era del sol, seguramente el hecho de no tener lavabo en su poblado chabolista o en su portal abandonado cubierto de cartones daba la explicación al tono grisáceo de sus mejillas. Su única posesión de valor, una funda de oro en uno de sus colmillos.
Un señor canoso, pantalones de pinzas y costosos complementos en su atuendo, se giró al ver la mano extendida de la rumana, detuvo la conversación con el amigo al que tenía acorralado y le soltó a la pedigüeña, en plan paternalista: “Hay que trabajar...”. Yo no pude evitar arrugar la frente y abrir los ojos de pasmo. Pero no dije nada.
Ahora puedo entender el fastidio que crean la multitud de mendigos que pueblan la gran ciudad. Y el silencio al que les someten los pasajeros del metro cuando pasa el enésimo paria solicitando ayuda con estratagemas cada vez más lastimeras y rebuscadas. Pero aunque fueras a dar, lo mejor es callarte ante la desgracia ajena. Y, especialmente, el moralismo barato está de más.
Cuando la rumana se preparaba para salir del vagón, una chica española, más o menos de mi edad, se levantó de su asiento y le dijo al señor canoso que la rumana a lo mejor no pedía por gusto sino por necesidad y que si no sabía que los trabajos no llueven del cielo. El hombre dio una respuesta que venía a definir a todos los que piden como vagos y maleantes. Más o menos. Fue como ver al caudillo resucitado. Así se lo hice saber yo, mascullando “menudo franquista” mientras salía del vagón. O a lo mejor no lo dije, ahora ya no lo recuerdo.
El caso es que se creó un hilo de complicidad entre la chica española y yo, ambos caminamos juntos por túneles y escaleras hasta la salida mientras poníamos de vuelta y media al facha aquel. Al llegar al exterior, a mí se me pasó por la cabeza que aquella chica y yo habíamos conseguido conectar por un segundo en la fría marabunta urbana y que hubiera estado bien volvernos a ver, aunque en ese momento nos apresuráramos cada uno a sus quehaceres. Sin embargo, no dije nada. Y ella tampoco. Quizás un “hasta luego”. Se perdió entre el tráfico, mi corazón dejó de latir al ritmo de los planes que había ido preparando fugazmente y ella desapareció para siempre.
Nada importante, si no fuera porque es mi sino. Con lo raro que es conocer a alguien que remotamente pudiera conectar contigo, y la dejo escapar. Aquella chica ni siquiera me atrajo físicamente, solamente la vi como una hipotética alma gemela, o simplemente hermana, o prima hermana, o prima segunda. Pero, al fin y al cabo, era alguien. Alguien, después de meses sin cruzarme con ninguna sonrisa, real o imaginaria, en la gran ciudad.
El otro día, en la playa, vi la luz. Llevaba trencitas rastas en el pelo rubio, atadas a trocitos con pasadores de bisutería de colores. Un bikini anaranjado y una sonrisa espectacular. La observé, la sonrisa y todo el cuerpo que la acompañaba, mientras yo vigilaba a Alejandrito, que hacía surf como nadie a sus tres años y ocho meses con su tablita de Spiderman. Le quitaba el ojo de encima a la chica, de veintilargos años, con la excusa de tener que dedicarme a comprobar que mi sobrino no se ahogara. Pero, qué les voy a decir, a mi sobrino podían pasarle por encima veinte motos acuáticas que a mí me daba igual. Mi ojo derecho se desviaba irremediablemente. Y creo que ella se cruzaba con mi mirada de cuando en cuando. Aunque es verdad que el niño que a su vez ella vigilaba se interpuso en una ocasión en nuestra trayectoria visual.
Al rato de ese tira y afloja óptico, ella ya sabía que nos mirábamos y yo empecé a imaginar la manera de acercarme a ella y decirle que no quería volver a perderla de vista en mi vida entera. Necesitaba una excusa, por pequeña que fuera, para hablar con ella. A pesar de que su toalla lindaba tres metros con la mía, no encontraba la manera. Hace unos años ni me lo hubiera planteado, era demasiado tímido. Pero ahora se ve que soy, simplemente, cortado para esas cosas. Queda muy feo acercarte a una desconocida para molestarle con una declaración de amor, con el calor que hace.
Y precisamente ahora que se había quitado la parte de arriba del bikini. Así que tenía que esperar a que decidiera volver a ponérselo. No podía acercarme a sólo un metro de tamaño espectáculo. No puedo describir cómo era en top less, todavía me mareo. Sólo me viene a la cabeza la palabra perfección. Así que las miraditas empezaron a sobrar. ¿Para qué iba a mirar si no me decidía a hacer nada? Me contenté con acariciar un par de veces su perfil, salado a esas alturas de la mañana de baños. Le encontré alguna imperfección, como las que se encuentran en la foto de un paisaje caribeño de arena blanca y palmeras acostadas sobre la orilla.
Ya se iba haciendo la hora de marcharse. Ella se había puesto la parte de arriba del bikini, pero ni aun así me decidía. También me frenaba el hecho de que estuviera acompañada por su hermana mayor, o eso parecía, una mujer oronda que se interponía en nuestra relación. En eso que Alejandrito vino y me dijo que el nene ese se había quedado con su pala azul.
-Pues ve y pídesela –le dije, ilusionado. Era la primera excusa potente que el destino me brindaba para comenzar una larga andadura sexual con aquella diosa alicantina.
Alejandrito salió corriendo detrás del nene y entablaron un forcejeo. Volvió sin la pala azul y, entonces, la diosa se volvió hacia mí y me preguntó algo sobre la pala. Yo le dije, con mi mejor voz de locutor, que Alejandro decía que era suya, pero que daba igual. A Alejandro le aconsejé (le rogué) que le regalara la pala al nene. Pero él, que ni patrás. Excusé la tozudez de mi sobrino con mi mejor sonrisa, colocando en un equilibrado perfil mi bronceada anatomía con diez kilos menos este verano, y ahí se acabó la cosa.
Vi a la mujer oronda recoger sombrilla y toallas, incluso las dejó junto a mi tabla de Spiderman por un momento, mientras yo enjuagaba los pies a Alejandrito. Me hice bastante el remolón, para ver si la diosa aparecía, se colocaba algo distanciada de su oronda pariente y yo podía colarle un “je, ¿te gustaría tomar algo conmigo?” o un “mm, me gustaría volver a verte”. No fue así. Alejandro y yo arrastramos los pies todo lo que pudimos, pero ya sólo la pude ver desde mi cuesta encaminándose a lo lejos a su futuro sin mí.
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No me gusta llamarlo ligar. Prefiero hablar de galanteo. El estar buscando ser querido por una mujer/hombre paga el precio de "perder" bastante tiempo en imaginar, en soñar lo que podria haber sido y no fue.
A lo largo de mi vida, y de la tuya, seguramente nos cruzemos con MIL personas que podrian haber encajado perfectamente en nuestra vida. PERO LA REALIDAD ES QUE NO HA LLEGADO A MAS. No nos podemos parar a pensar en esa mujer, que conocimos una vez, conversamos y no hemos vuelto a ver. Sinceramente, perdemos demasiado tiempo en pensar estas cosas que no hacen mas que autodestruirnos.
:D saludosComentario de el cacas hace 4 años y 52 meses
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Bueno, esto ha sido algo así como un ejercicio literario. Es para lo que sirve escribir, para que situaciones efímeras se conviertan en permanentes.
En realidad, yo nunca he sido nostálgico de lo que pudo ser y no fue. Todas mis novias lo fueron desde el primer día, o no lo fueron. Otra cosa es el desamor, que se da cuando se va alguien con quien de verdad construiste algo. Eso sí que puede llevarte a la autodestrucción. Aunque a mí, ya con el tiempo, el desamor me resbala un poco.Comentario de Andrés hace 4 años y 52 meses
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Pase a leer tu post. Bonita historia. Pero como todos, o al menos como mi Kike, indeciso y con poca valentia. Eso es lo que nos hace rallarnos a nosotras, eso es lo os hace parecer lejanos y en ocasiones hacernos daño.
Comentario de netesfera hace 4 años y 52 meses
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Bien dicen por ahí que la vida es una ventana, te asomas y formas parte del paisaje o simplemente lo ves desde ahí. A veces quisiera tener uno más valor.
A mí me ha encantado caer en tu blog, desde hoy considérame cliente frecuente.
Desde México con cariño!Comentario de Mary Carmen hace 4 años y 52 meses
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Netesfera:
Comprendo que pueda rallar la timidez o lo que yo llamaría más bien pánico escénico. Creo que el asunto me viene de malas experiencias en bares y de alguna respuesta maleducada ante algún intento de acercamiento. También es que he perdido la práctica, hace cuatro meses que mi ex y yo cortamos cuatro años y medio de convivencia. Y en este tiempo debo de haberme oxidado. Pero prometo (por mi bien) lanzarme un poquito.
Tengo otras historias sobre mi pánico escénico. Mi ex fue la que tuvo que entrarme un día que llevábamos doscientos metros mirándonos por la calle. "¿Es que los españoles son mudos?", me preguntó en el último momento, superando sus propios nervios. Y yo le expliqué eso de los bares, que en España no se estila abordar muchachitas por la calle y tal. Menos mal que se decidió a dar el paso, me hubiera perdido mucho. Me encantó que lo hiciera. Es algo que creo que debería ocurrir más. ¿Por qué siempre nosotros?
Comentario de Andrés hace 4 años y 52 meses
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Mary Carmen:
Unas veces quisiera formar parte del paisaje afuera de la ventana, otras veces simplemente me quedo gustosamente ahí, observándolo. Y otras, me tiraría al vacío. Luego, me despierto, salgo a la ventana y contemplo lo que me hubiera perdido en el resto del sueño.
Te estaré esperando si vuelves a pasarte por aquí.Comentario de Andrés hace 4 años y 52 meses
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Andrés, yo creo que no sólo es el miedo escenico (en tu caso si) sino el miedo en general: al compromiso, aperder una amistad, al que diran, a equivocarse, al rechazo del otro.
Ya sabes que pienso que a los chicos de hoy en día les ocurre algo, y que no hay ninguno que merezca la pena, porque quien sabe o mejor dicho, actua como quisieramos son los que nos dejan llorando, y los que nos traen de cabeza no hablan, se pierden, parece que no le importamos, vuelven a mirarnos, a decirnos una tonteria y a nosotras nos descolocan, y si tomamos la iniciativa pues encima se asustan y se pierden y se esconden porque estan acostumbrados a ser machoman.
No se si me entiendes... escribi en cierta parte mi historia con mi kike porque aunque me descoloca y tiene cosas de niñato cabrón, en realidad siempre que lo necesito está ahí y comprendo en algunas ocasiones su actitud aunque no la comparta.
Y quizás el problema que existe entre nosotros sea absurdo...pero el miedo paraliza a las personas..... sea del tipo que sea, las paraliza y les hace perder oportunidades y entre ellas quizás la oportunidad de ser feliz.Comentario de netesfera hace 4 años y 52 meses
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Pues yo te juro que no me asusta nada que una chica tome la iniciativa. Es como si se me abriera el cielo.
En mi opinión, lo mejor es que desde el princio queden claros y encima de la mesa qué sentimientos o sensaciones están en juego. Si ambos nos abrimos desde el primer flechazo, nos conoceremos luego mucho mejor, creo yo.
Lo único que a mí me cuesta es el primer paso. Pero sobre todo, encontrarla a ella, a la que me haga tener clarísimo qué es lo que quiero. Cuando lo sé, me vuelco.
Pero claro, también es bonita una amistad que se va pintando de sentimientos, que evoluciona. Aunque no es mi experiencia.Comentario de Andrés hace 4 años y 52 meses
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Este es el comentario!!!!!!!!!!!!!
Besos!Comentario de MP hace 4 años y 51 meses
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Aaah, ya entiendo.
Besos a ti también.Comentario de Andrés hace 4 años y 51 meses
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Jolíne!... Vaya rollo... Yo pensé que la cosa iba a terminar diferente. Si supieras las historias más alucinantes que pasan a a diario al común de la gente!...
Comentario de Pedro hace 4 años y 50 meses
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Sí, a mí también me han pasado cosas alucinantes, pero no ese día. Y mira que me hubiera gustado. Pero uno es como es.
Comentario de Andrés hace 4 años y 50 meses
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eres más tonto que pegar a un padre.Si hubiera sido yo la hubiera cogido y la habría dicho:Eres mía...
Comentario de javi hace 4 años y 50 meses
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eres tonto
Comentario de afkal hace 4 años y 50 meses
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Qué bonito es eso que me dices, amigo. Quizás por eso tú andas babeando revistas de moda y yo, al final, llego a conocer mujeres de verdad. Es curioso, este post no gusta a los hombres y, en cambio, sí a las mujeres. ¿Por qué será?
Por cierto, para insultar, mejor no te pases por aquí.Comentario de Andrés hace 4 años y 50 meses