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El fuerte Comansi

Periodista jubilado en la treintena (todavía) da pasos de ciego en pos de la escritura creativa (todavía). Y la gran obra universal, paralizada (todavía).

Aquel verano de 2002

Si me lo permiten, desconocidos y nuevos lectores, me voy a poner nostálgico: el verano ya no es lo que era. Recuerdo que antes el estío era eterno y, cuando ponía su punto y final, se extendía la sensación de tragedia en el ánimo de los mortales. Se escribían canciones melancólicas a propósito (“El final del verano llegó y tú ya no estás” o “Cien gaviotas dónde irán”) y había quien visitaba por última vez las rocas de Santa Pola, bermudas y rebeca, transfigurándose en un anacrónico lienzo romántico. La bicicleta volvía a oxidarse en un trastero y uno pasaba unos días confundido, sin saber si quitarse las chanclas o ponerse unas botas de agua. La visión de un flotador de playa medio desinflado y con restos de arena ennegrecida era un simple motivo para visitar al psicólogo. En fin, un drama.
Ahora nos alivia la alegría que da que las barracas de las fiestas se hayan quedado por fin mudas. Todavía me despierto sobresaltado después de una pesadilla en la que unas psicópatas cantan no sé qué de ‘Aserejé’ al tiempo que me taladran los tímpanos con sus altavoces. Pero poco más.
El verano se ha ido y nadie sabe cómo ha sido. Bueno, sí, fugaz. Julio es un mes laborable. Vale, está el Festival de Cine Independiente de Elche y su horchata entre palmeras. Se está fresquito viendo cortos. “¡Anda, ahí está Paul Naschy!”. Se termina y empiezan a afinar voces los niños del Misteri o Festa, como también se lo conoce. Llegan ministros y otras personalidades y el cura se levanta antes de la representación y, como somos patrimonio de la humanidad por partida doble y mucho más, se dirige a ellos en vez de hablarle al pueblo, que debería ser el verdadero protagonista. Los moros y cristianos se ponen sus trajes recargados y sonríen y fuman puros. Los franceses de apellido hispano les graban con su cámara de vídeo. Los cristianos, más serios, lucen cruces y leotardos de malla. Todos sudan. Los franceses siguen grabando. Después, en la charanga, imitamos al carnaval de Santiago de Cuba o al de Notting Hill, pero en cutrecillo.
Y llega la explosión de luz. Después de una cohetá de aquí te espero, la palmera de la Virgen me parece menos impresionante que otros años, contiene demasiado humo. La Nit de l’Albá da paso a los carretilleros, que se queman menos que otros años. A los de Cruz Roja se les nota algo desocupados esa noche. Sólo 130 heridos, más o menos. Ni siquiera merecemos una noticia breve en los telediarios nacionales. Tampoco la Alborada, con lo bonita que es. Lo sería más si no se nos hubieran subido los humos: ahora ponen el final de La Festa en una grabación en la que hasta se oyen los aplausos y las campanadas de la basílica de Santa María. ‘Aromas ilicitanos’ viene después, también en disco. Ya no nos dejan ni cantar nuestro himno popular espontáneamente. Comamos sandía.
Se tercia volver a Santa Pola, que queda mucho agosto. En Camelot, a una hora indecente, el dueño de Auge, que hoy está con Pedro, el de Pedal, me comenta que el negocio veraniego de los pubs ya no es lo que era. Confirma mi idea inicial. Se le nota apesadumbrado mientras va amaneciendo y el jardín de la discoteca se inunda de una neblina húmeda y grisácea.
Habrán notado, desconocidos y nuevos lectores, que en mi recapitulación vacacional falta algo. Echo de menos una niña de seis años jugando con su primo en su cuarto a inventar canciones. Y a un hombre de mediana edad esperando al autobús. Pero eso es de lo que ‘ellos’ querrían que habláramos. Yo prefiero recordar aquel verano del 2002, que ya ha terminado para siempre. Aunque no haya sido lo que era.
[Quizás faltara también la mención a unas bombas enterradas en la arena de la playa y otra junto a una casa-cuartel de la guardia civil].
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Comentarios

  1. Veranos que terminan e inviernos que vomitan los restos de algodón en el cielo. Y las bicicletas que se oxidan y las que se mojan. Y los recuerdos que dejas y los episodios que vienen. La ropa gruesa contra la delgada y casi inexistente.

    Entonces era el año con ún par de 2 y un par de 0. El nuevo, el impar con un 5 tan grande como la mano de un asesino (aunque nadie muera).

    saludos

    Comentario de Carolina Moro hace 4 años y 52 meses

  2. 2 somos pareja, 0 y 0 mis ojos de asombro y 5 la goleada de este año.

    Comentario de Andrés hace 4 años y 52 meses


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