Terapia de cercanías
El altavoz de la estación de Sants proclama: “Tren de Molins de Rey con dirección a Tarrasa, hace paradas en todas las estaciones, excepto en Castellarnau y Torrebonica”. El tren de cercanías en el que paso 40 minutos diarios para ir a clase casi siempre está abarrotado. Más de una vez la espalda de algún señor me sostiene los apuntes que voy repasando con el traqueteo. Luego la marabunta deja el tren para ir a trabajar y los demás ocupamos los asientos todavía calientes. Las paradas son largas y entretenidas. Los pasajeros viajan a ritmo de rumba catalana. Yo me embobo con el paisaje industrial e indago en las cuadrículas de las ciudades dormitorio, que ya hace rato que despertaron. Gracias a que los asientos están enfrentados de seis en seis, se mantienen conversaciones de paso. Aunque no tengas bien abiertos los oídos, siempre se te cuela alguna charla fugaz, comentarios sobre familiares enfermos, esperanzas de amores adolescentes, críticas demagógicas a los gobernantes… En fin, no es lo mismo que recorrer el trayecto de la zona norte, en el que hay más trajes de diseño, urbanizaciones de clase alta, mucho verde y bastante más silencio.Hace poco se sentaron frente a mí dos chavales que se habían apresurado de un vagón a otro. Uno de ellos llevaba una guitarra española con una raja abierta en la caja. Aún así, repiqueteaba encima con unas uñas ennegrecidas y sacaba ritmo de esos sonidos huecos. El otro iba despistado, se entretenía pellizcando el posabrazos y haciendo montañitas con los trozos de espuma. No hablaban entre ellos. Sólo se hacían preguntas en voz baja
- ¿El Jero te dijo que estaría?.
- Su vieja ha dicho que sí. Hoy no tiene mercadillo.
Cosas así. También miraban sobre el asiento por si venía el revisor. Luego se durmieron y yo también.
Me despertó el revisor. El coche ya iba otra vez bastante lleno. Le entregué mi billete y me lo picó. Los dos chavales seguían durmiendo. El empleado tuvo que agitar un poco al que estaba junto al pasillo para que abriera los ojos. El chico se quedó pasmado y miró a su amigo, al que estuvo a punto de caérsele la guitarra al suelo.
- No llevamos billete.
- Pues son 190 cada uno.
- ¿Tú tienes algo? – le preguntó el músico al hurgador de posabrazos.
- Yo no. ¿Y tú? – dijo el hurgador con cara de desamparo.
- Pues aunque parezca que no, en el tren hay que pagar –se puso duro el revisor.
- Pues como no toque algo… -dijo el músico en plan contestón.
- Vamos a ver, chavales, si no tenéis dinero os bajáis en la próxima.
- Yo no me bajo –el músico adolescente ya había hecho su declaración de intenciones.
- Venga, pa la puerta los dos.
- ¿Oyes algo, Riquelme? Porque a mí me ha parecido escuchar a este tío dándonos órdenes –su amigo balbució una risotada.
- Mira, hijo, que no está el horno pa bollos. Vamos a tener la fiesta en paz y os bajáis en Torredembarra.
- Joder, este tío está sordo. Que no me bajo, te digo.
El revisor empezó a ponerse color azul uniforme. Se guardó el taladrador de billetes en la funda del cinturón, se ajustó la gorra de funcionario y agarró del brazo al hurgador de posabrazos. El chico no se resistió. Estaba en el pasillo observando a su amigo, que se abrazaba a la guitarra.
- Pa fuera –gritó el revisor.
- Ni lo sueñes –replicó el músico rebotón.
- Hoy no tengo mi mejor día, chaval, levántate o te levanto yo a sopapos.
- Venga, chulo, a ver si te atreves –se levantó el músico amenazando con el mástil de su guitarra al revisor.
Hacía falta una tercera persona en esa discusión, alguien que calmara los ánimos, que pusiera paz y encauzara el conflicto hacia buen puerto.
- Venga nen, haz el favor de hacer caso al señor – intercedió una mujer de mediana edad con un cesto de la compra.
- Señora, nadie le ha dao vela en este entierro –contestó el músico samurai.
- ¿Será posible? Anda, que si te oyera tu madre… Un par de hostias es lo que necesitan estos niños de hoy en día –dijo la señora, e inmediatamente sacó un monedero y le tendió al revisor 400 pesetas.
- Nada de eso, ¡hasta ahí podríamos llegar! ¿Se va a quitar usted de lo suyo por estos dos energúmenos? –dijo el revisor.
- No lo hago por ellos, lo hago por usted. Y porque me va a dar otra vez la jaqueca.
- No puede ser. ¡Van a bajarse por mis cojones! –y esto lo dijo el revisor con un sollozo.
- Pero, hombre de dios, ¿se va a poner usted a llorar? ¿Por estos dos mindunguis? –dijo la mujer cogiendo del hombro al revisor.
- No, si no es por ellos… Es que ya he dicho que no tengo mi mejor día.
- Pero, ¿qué le pasa, hombre?
- Nada, nada, mi mujer…
- Ayyy, las mujeres.
- Se ha ido esta mañana, y se ha llevado toda su ropa.
- Ay, señor. Pero algo habrá hecho usted…
- ¿Yo qué voy a hacer? Ser un santo toda mi vida, ganarme el pan honradamente para darle un techo a ella y a los hijos –exclamó el revisor mientras soltaba un alarido lastimero.
- Ay, señor –repitió la buena mujer permitiendo que el revisor sollozara sobre su hombro.
El músico adolescente, al comprobar que ya no era el centro de atracción, bajó el mástil de la guitarra, le hizo una señal a su amigo el hurgador y salió al pasillo aprovechando que el revisor moqueaba sobre el vestido de la buena mujer. Luego, los dos delincuentes juveniles salieron corriendo hacia la puerta del vagón y, cuando apareció el cartel de Torredembarra y el tren se detuvo, saltaron al andén y se perdieron a ritmo de rumba.
Sin prestarles atención, el revisor soltó algunos hipos más, la buena mujer sacó un chorizo de su cesto y le ofreció un buen cacho al funcionario abandonado. El embutido, mezclado con las últimas lágrimas de disgusto, hicieron su efecto y yo pude seguir disfrutando del paisaje.
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Owwww, pobrecitooooo. Me gustan los trenes surrealistas, a veces no hace falta ir leyendo para ver buenas historias
PD: no se, pero yo no estoy salida eh? xDComentario de BabyMoon hace 4 años y 52 meses
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Lo de salida era un chiste fácil, el cartelito arriba de tu cabeza en tu blog... Es como cuando Pablo Carbonell, en CQC, le preguntó a una policía negra y enorme que guardaba una entrada al edificio de los Oscar: "¿Estás 'entrance'?".
Comentario de Andrés hace 4 años y 52 meses
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Es que Pableras es un crak xDDDD Y se que era un chiste facil, soy la reina de las coñas contextuales malas :P
Periodista tambien? Quizas si estas en la universidad (que por lo que leo como que no, y menos en la de madrid pero bueno...) y hablando de Carbonell le hayas visto. Iban a proyectar un DVD de Javier Crkake (nucna se como se escribe y se que lleva H pero no se donde) e iba el de invitado.. pues el tio dijo 2 palabras y salio diciendo que tenia que ir al dentista, que no era la tipica excusa, que era verdad, que tenia hora... todo esto mientras se acercaba a la puerta. Y se fue. Nos quedamos todos flipaos. Esta colgado el tio xDComentario de BabyMoon hace 4 años y 52 meses
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Yo pasé una noche en una fiesta en Madrid (vivía allí, pero estudié en Barcelona) contando chistes con el señor Carbonell, él, yo y un amigo francés en la cocina contando chistes. Lo dejamos cuando mi amigo Christophe llevaba 10 minutos con el mismo chiste. Los de Carbonell eran menos surrealistas. Este showman es mi preferido desde que lo vi en directo con los Toreros Muertos, en un local pequeñito de Barcelona, el antiguo Zeleste. Comenzó el concierto con tres abrigos y ocho jerseys, y acabó en camiseta y calzoncillos. Buenísimo.
Comentario de Andrés hace 4 años y 52 meses
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Mira nada más todo lo que se puede perder uno por ir durmiendo en el vaivén del tren. Cada asiento lleva su historia. Yo frunzo el entrecejo, no puedo evitarlo, así sintonizo la conversación de los que están atrás o a un lado, ¡Es más entretenido que ver la televisión lo juro!
Comentario de Mary Carmen hace 4 años y 52 meses