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El fuerte Comansi

Periodista jubilado en la treintena (todavía) da pasos de ciego en pos de la escritura creativa (todavía). Y la gran obra universal, paralizada (todavía).

El amor (II) o, más bien, El amor y otros milagros

(He decidido cambiar el título de este post porque me recordaba al título de una canción profanada hace un tiempo por un dúo de hermanas rumberas a las que tengo especial tirria. Sobre todo después de haberlas entrevistado dos (dos) veces. Incluso, me dan tirria estas dos primeras líneas que acabo de escribir. Pero de alguna forma tengo que desentumecerme del atracón de documentos, esos que en un futuro no muy lejano se convertirán en mi tesis. Iba a decir en mi primera tesis, y me ha entrado un ataque de ansiedad. Pero dijimos que nada de tesis durante un ratito).
El amor.
(Después de escribir esas dos palabras de arriba me doy cuenta de que no hay que repetir tanto un mismo concepto, por si se desgasta. Sólo de pronunciarlo en el interior de mi mente va transformándose en otra cosa y deja de tener el significado que verdaderamente posee, el íntimo dibujo se difumina y adopta otras siluetas, le crecen estrellitas y pies para caminar, corre arriba de un tobogán y se dedica a jugar sólo. Como todos los niños. Y es que los conceptos y los niños van de la mano, son ambos puros. Y no hay que estropearlos ni desgastarlos, así, frívolamente. Porque uno quiera tomarse un descanso de su tarea, egoístamente. Si han de desgastarse o pulirse o adaptarse o socializarse, ya llegará el momento, si tiene que llegar. Pero, mientras tanto, dejémosles que le crezcan estrellitas, y pies para caminar, si a ellos les apetece, hombre. Dejémosle al concepto que se lance por el tobogán, por dios).
Los milagros.
(Antes de escribir sobre este subtema que venía a colación de mi post anterior –subtema y colación no son palabras propias de mí, lo prometo-, diré que los milagros existen. Estoy seguro de ello. Habrá quien diga que no, pero yo le parto la cara en la calle a quien me lo insinúe. Me da igual que lleve dos copas de más o que sea un viejecito con gafas. Le parto la cara. Los milagros existen y, además, ocurren. Todos los días. Bueno, no todos los días porque sino no serían milagros, serían casualidades. Pero ocurren, vaya que si ocurren. Y no hablo de milagro en el sentido cristiano, o papal, de la palabra. No me refiero a que viene Juan Pablo II y te roza con el hábito morado cuando era obispo y tú, como un indito más, te curas de una afección. No. Me refiero al milagro de la naturaleza, a ese que hace crecer las plantas y a salir el sol todas las mañanas, cuando abren los after hours. El milagro de la vida. La creación).
El amor y otros milagros.
(Colocando frente a frente esos dos conceptos, dirán ustedes que tienen mucho que ver. Pues sí, tienen razón. El amor es un milagro –ya estoy repitiendo, prometo no hacerlo más-. Pero cuando se da, ¿cómo nos damos cuenta de ello? Como lo vas a saber si no te curas ninguna enfermedad, no te levantas y andas, no das de beber al sediento... No se abren ríos caudalosos ni llegan las plagas bíblicas. No resucitas, no curas tu ceguera, no baja la paloma blanca con una ramita de laurel en el pico para dar libertad a los hombres, no caminas sobre las aguas... ¿O sí?).
Pues ahí tienen mi post. Ustedes se saltan los paréntesis y ahí lo tienen.
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Comentarios

  1. Mi querido Andrés, el amor tiene muchas caras, provoca muchas cosas, tanto como la fe mueve montañas. Saber si lo sientes es fácil, pero saber si es el verdadero, el de "para siempre", eso es más difícil. Yo creo que como dije por ahí, es ese sentir de pertenencia que te hace pensar que donde quiera que estés si esa persona está ahí, entonces es el lugar donde debes estar.
    Ahhhhh pero qué maravilloso es, milagroso como dices, y aunque uno no quiera no puede evitarse la repetición de la palabrita porque viene danzando desde adentro tanto como palpita el corazón.

    Besitos con cariño !

    Comentario de Mary Carmen hace 4 años y 52 meses

  2. Bueno, Mary Carmen, a mí me gustaría estar ahí, donde está mi amor. Pero de momento, me conformo con pensar que gravita a mi alrededor, por encima y dentro de mí. Eso me colma, hasta el próximo capítulo.
    Si es el de para siempre, no lo sé, y prefiero no saberlo. Si lo supiera tal vez se me escaparía la calidad de muchos momentos, dejaría de atrapar la magia de cada uno de ellos. Y luego quizás vengan esos otros momentos cotidianos, a veces menos románticos pero igual de importantes, que conforman el para siempre, o sea, el cada día.
    Besos y gracias de nuevo por tus letras y tu generosidad.
    ¡Mira que me estáis cayendo bien las mexicanas!

    Comentario de Andrés hace 4 años y 52 meses


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