Me desvelé
Andrés - 31-08-2005 06:46:29 | Categoria: Diario a botepronto
Sí, me desvelé. Por cierto, ¿qué hago yo hablando en latinoamericano (o en americano, a secas)? Yo digo “me he desvelado”. Como buen español de España que soy. Muy a menudo me sorprendo diciendo “lindo” y cositas de ese estilo. Debe ser la influencia de tanto sudaca (con perdón) a mi alrededor. Mis queridos sudacas, mis amadas sudacas. Son tan lindos (¿veis?, lo he vuelto a hacer). Tienen un encanto especial, algo que yo describiría como un punto retornable sobre la vida.A ver si me explico. Hay envases retornables y no retornables. Los no retornables se lanzan, tras ser consumidos, al cubo de la basura, bien para ser reciclados o no. Me hacen pensar en la sociedad de usar y tirar que tenemos por estos lares, tan deshumanizada a veces, tan deglutinadora (sic), tan falta de buenas digestiones y sobremesas. Los envases retornables entran en el circuito de la vida, se intercambian, forman parte de una red de usuarios que beben del mismo frasco o botella. Y eso une mucho a las gentes. Si tienes que devolver la botella al tendero, ya es una razón más para verle la cara a tu vecino, darle los buenos días o mandarlo a la mierda (si es cliente tuyo y te ha dejado algún impagado).
Pero no, por aquí vas al súper, cada vez menos a la tienda. Y agarras lo que te encuentras por el camino casi sin mirar, tomas tetabriks a montones, botellas y latas de todo tipo, cuanto más baratas mejor. Pagas con tarjeta (ni siquiera te entretienes con el tacto de los billetes) y, como mucho, le murmuras un “hasta luego” a la cajera (que sólo dice “buenos días” o simplemente “hola” cuando te va a atender, aunque lleves delante de ella diez minutos). Más tarde, todos esos envases desaparecen. Si reciclas, los comprimen a lo bestia y vuelven al mercado con otras formas y colores. Pero si no reciclas, que es lo habitual, lo más probable es que tu lata de cerveza 00 sin alcohol o el tetabrik del zumo del niño se conviertan en viviendas de protección oficial para insectos del vertedero.
En fin, que amo a los latinos y, sobre todo, a las latinas. Me hacen sentir que retorno siempre a algún sitio. ¿Han visto ‘Un lugar en el mundo’? La película más bella sobre la búsqueda de la propia identidad que he visto. Estos argentinos me ponen de los nervios, de lo listos que son. Esa peli es pura poesía, un amor de película, es pa verla. Pero me ponen nervioso con tanta imaginación, poesía y recursos que tienen estos argentinos. Será envidia. Debo decir que nunca, cuando viví allí por unos meses, me sentí intimidado por la tan mentada prepotencia de los argentinos. Como mucho, sufrí en mis carnes la altanería de un par de pibes pagados de sí mismos. Pero en general todo el mundo era encantador. Y veían la vida con ojos nuevos, frescos, amables, y quirúrgicos y terapeutas también.
Podría seguir con los habitantes de otros lugares que he conocido: Uruguay, Colombia, Cuba, Venezuela, México... Pero lo dejaremos ahí, en que todos comparten, a mi modo de ver, un punto retornable sobre la vida, un halo alegremente contagioso (cuánto grito, cuánta música a todo volumen), amable (tal vez por ello a veces desconfiamos de ellos, no estamos acostumbrados a la amabilidad), cariñoso (el amor para ellos es como comprar el pan todas las mañanas, hay que hacerlo; nosotros incluso lo congelamos para la semana siguiente) y reflexivo (lo que incluye hablar el mejor castellano, como es conocido).
Me iría mañana a vivir a cualquiera de esos países. De hecho, mi padre va a comprar una casita en Venezuela, al borde del mar, donde ya estoy imaginando que pasaré mi vejez: escribiendo, riéndome, compartiendo buenas palabras y sentimientos, charlando sin mirar relojes frente al Caribe.
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