Cuentos entre palmeras
Tradicionalmente, el cuento se suele equiparar a la mentira. “No me cuentes cuentos”, se suele reprochar a los que mienten. Tomando esta idea como punto de partida, José Monleón, director del Instituto Internacional del Teatro del Mediterráneo, planteó un debate con los cuenteros asistentes al Festival Internacional de la Oralidad (Un mundo de cuentos) en Elche, la ciudad de las palmeras, que es la sede principal de este encuentro y que se extendió al País Vasco, Cataluña, Aragón y la Comunidad Valenciana. El Festival de la Oralidad ya va por su decimoquinta edición, siempre organizado por Antonio González Beltrán, director de La Carátula, una compañía que en el 2004 celebró sus 40 años de actividad teatral. En esa ocasión, el festival quiso homenajear a Colombia.Se suelen encontrar dos corrientes bien diferentes en el mundo de la escena, recordó Monleón en el seminario Compromisos del cuentero con la realidad social: el teatro como forma de olvidar lo que nos pasa, de esconder, de omitir el mundo; y el teatro como vía para conocernos a nosotros mismos, a través de la poesía, entrando en áreas de penumbra. “Hay que tener mucha imaginación y ninguna fantasía. No es lo mismo imaginar un mundo que fantasear un mundo”, argumentó Monleón. “Los cuentos son propuestas de vida, no deben ser propuestas que te separan de la vida. Como el teatro de Valle-Inclán o Lorca, la cuentería, para mí, no debe ofrecer sólo fantasía sino que debe estimular el imaginario de quien oye los cuentos”, añadió.
Para Monleón, es mucho más importante nuestro “subconsciente ideológico” que nuestro “consciente ideológico”. “La emoción y la reflexión, en un relato orgánico, deben ir juntas”, dijo.
Iván Arturo Torres, narrador, actor, pedagogo, compartió su experiencia desde que empezó a oír cuentos en el año 90, inmerso en una sociedad, la colombiana, dominada por la guerra del narcotráfico. Su decisión, que todavía mantiene en la práctica diaria, fue la de “robar por lo menos un pelado a la guerrilla” a través de los cuentos. Inició un trabajo, dentro de lo que se conoce como educación por la paz, que incluye la participación de jóvenes en talleres de narración oral. Ciudad Bolívar (Bogotá), donde Iván dirige la Fundación Rayuela, se convirtió para muchos de estos pelados (chavales) desarraigados en “su lugar en el mundo”. El objetivo era que lograran “representar la simbología del otro”. El problema principal, opina, era que se pusieran en el lugar del “otro”, a través de la palabra dialogada.
Iván tuvo una doble participación en el Festival de la Oralidad. Es el protagonista del documental El cuento de Héctor, rodado por Marisol Soto y Marta Hincapié durante las largas sesiones en las que Iván intentó robar un pelado a la guerrilla mientras le enseñaba a contar cuentos. Héctor tenía ocho años cuando entró en la guerrilla, en el estado de Santander. Ocho años después, tras una travesía durísima, fue herido con un tiro en la cara, dado por muerto durante la Operación Berlín (300 muertos, el 60% niños entre 15 y 17 años) y capturado en combate. “Héctor se interesó por las historias, aprendió muy rápido a leer y a escribir”, narra Iván.
En el documental, Héctor se presentó ante el público, en un café de Bogotá. Su más profundo deseo era llegar a contar su propia historia. Poco después, tuvo que abandonar el programa de reeducación, al cumplir la mayoría de edad. Volvió a su pueblo, donde sus posibilidades de una vida alejada de la violencia son escasas. “No sabemos si habrá podido contarse a sí mismo su propia historia”, dice Iván.
Por otro lado, Iván Torres ofreció su espectáculo La mujer es puro cuento, sobre una moderna Sherezade. Él describe así su espectáculo: “Esta es una obra en la que el narrador explora un planeta alucinado y sugerente: la mujer, el ser humano más simbólico, el más visitado y el más desconocido, el más incierto y el más certero, el inimaginable y el más imaginado”. Los textos de Héctor Habad Faciolince, Ángeles Mastreta, Laura Esquivel y Rodrigo Arguello, sirven para hilvanar un relato-río sincero, bien matizado y nada complaciente para ninguno de los dos sexos.
“Un cuento es como una granada que dejas caer para que explote algo bello o terrible”, vino a decir Eduardo Galeano. Carolina Rueda recordó esta frase antes de explicar que su quehacer se ha dirigido a narrar desde una temática y para un público joven y urbano. “Los estudiantes en Colombia llegan a la cuentería por el teatro o la literatura y lo utilizan como una función curativa o de expresión”, comenta. Un día apareció un grafiti en la universidad: “Cuenteros, idiotas, hablen de la realidad y no la evadan”. Carolina recuerda que, tras dos años contando delante de esa pintada, el propio público borró el grafiti. Ella piensa que se puede hacer un trabajo de transformación de la convivencia abordando la problemática en la que están interesados los jóvenes urbanos. No todo es violencia en Colombia, ni mucho menos.
Cuentos con las manos en la masa es el título que Carolina Rueda, una de las grandes narradoras (y no pongamos fronteras a esta afirmación), propuso para el festival: humor e ingenio a raudales, todo ello acompañado por una presencia escénica arrolladora y una sucesión de historias y un ritmo medidos que conectan como un dardo en el cerebro del público actual.
Como es habitual en el festival, la diversidad en las formas de contar también estuvo presente esta vez. Jairo Esteban Giraldo bebe de la tradición de los narradores paisas. Procente de Jericó (Antioquia), “un monolito amurallado, que nos aísla de la guerra aunque a pie de monte se estén matando”, viene del teatro y se encontró la cuentería por el camino. La mayoría de sus relatos comienzan con la coletilla “como decía mi abuelo...”. Y es que Jericó (se hace llamar como su pueblo) sabe bien que lo local es lo más universal. “El mundo es igual a Jericó, contiene los mismos conflictos”, dice este narrador espontáneo y popularmente culto, que ve su oficio como “un acto chamánico, religioso”.
Un carrielado de cuentos paisas, su propuesta para el festival, se nutre de la tradición oral. Pero Jericó también se lanza a contar anécdotas cotidianas y recuerdos enfundado en la indumentaria y el disque de su tierra, que tanto ama.
Pacho Centeno, por su parte, combina la dirección de uno de los festivales de cuentería más importantes, el de Bucaramanga (Colombia), con sus propios espectáculos, en los que no escatima medios (proyecciones, efectos sonoros y visuales). Este narrador moderno ve la narración oral como un oficio. “Después de ser teatrero y gestor cultural, he decidido que no puedo cambiar el mundo. Ahora soy como el que hace sillas. El espectador sabrá qué hacer con eso que yo hago. Ese es su sentido social, como el que hace una silla en la que yo me siento”, afirma.
Por humor a dios (sólo para pecadores) es un recorrido humorístico por los escritos bíblicos que le leía su padre a la hora del desayuno. Si no escuchaba, no había desayuno. Con una puesta en escena de telepredicador, se mete al público en el bolsillo.
Amalialú Posso Figueroa, psicóloga, terapeuta, escritora, narradora de sus propios cuentos desde hace un par de años, proviene de El Chocó, en el pacífico colombiano. Relata el erotismo de la comunidad negra de su tierra natal, tomando como fuente los recuerdos de sus nanas. Vean, vé mis nanas negras es un rico y sensual acercamiento a esas raíces. Con su sello propio, el de una mujer vital y cosmopolita. “Me estoy reafirmando en que lo que hago es realmente útil para rescatar la memoria, cuando la televisión y los computadores lo permiten. Lo que cuento va más allá del erotismo, que es lo que más llama la atención de mis cuentos”, piensa Amalialú.
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Es que aún tengas los liensos de los Beatles, te recuerdo mucho.
Comentario de giovanny restrepo hace 4 años y 50 meses
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El comentario anterior es para mi amigo Ivan Torres, me gustaría que se lo pudiesen hacer llegar a él. Gracias.
Comentario de Giovanny restrepo hace 4 años y 50 meses
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Veré qué puedo hacer, seguro que tengo su e-mail por ahí.
(Por cierto, qué fuerte: alguien llega no sé cómo a mi blog -obviamente, escrito por un español- y va a parar a un post en el que se habla de un amigo suyo, colombiano. Bastante increíble).Comentario de Andrés hace 4 años y 50 meses
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Nada, que no es difícil llegar a tu blog. Lo que si es sorprendente es poder encontrar a Ivan Torres, haciendo de las suyas todavía... Por favor, si te contactas con el algun día, dile que lo recuerdo bastante... y que aún me atormenta el escorpión de "WIMBLEDON" en 1995... que no se ría carajo!
Comentario de Martha hace 3 años y 48 meses
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Ivan, eres increible parra narrar cuentos. Nos haces tranportar a mundos inimaginables. Gracias porque cada que te escucho me recuerdas los cuentos de mis abuelos,aquellos cargados de una inmensa sabiduría como los tuyos hoy.
Abrazos, siempre te recordaré. Noris.Comentario de Noris Pertuz hace 3 años y 39 meses