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El fuerte Comansi

Periodista jubilado en la treintena (todavía) da pasos de ciego en pos de la escritura creativa (todavía). Y la gran obra universal, paralizada (todavía).

Gore y humor a lo Tarantino versus violencia en el cine

Se va a estrenar próximamente Kill Bill Vol. 2, la epopeya gore de Quentin Tarantino. Se ve que el antiguo dependiente de videoclub, aparte de cinéfilo empedernido, quiere emular a El señor de los anilllos con eso de las sagas para ver si así consigue una pila de Oscar. O a lo mejor es que le sobró un bidón de zumo de tomate de la primera parte.
Yo, digámoslo de antemano y sin pudor alguno, me dormí en Kill Bill Vol. 1. Pero eso es otra historia: simplemente, no puedo ir al último pase de ninguna película. También me dormí La guerra de las galaxias. Episodio 1, El planeta de los simios y una muy bonita con Paul Newman, con lo que me gusta el tipo ese que, digámoslo aunque no venga a cuento, ahora se dedica a las carreras de coches y a las salsas (de tomate, también). Ya no se acuerda de cuando se le desmayaban chicas (literalmente, con llamada al 092 y todo) en plena calle.
Pero, ¿por dónde iba? Primer aviso: la última de Tarantino se encuadra en el género de la comedia de acción. Hacía tiempo que no veía algo tan bien definido. Oiganlo, señores aficionados al séptimo arte: Quentin no va en serio. Se despiporra en su casa después de cada estreno, mientras lava las camisas de sangre salpicada. El que sí va en serio es Mel Gibson, en cuya vida compagina sin vergüenza alguna los alegatos machistas contra las mujeres (una vez dijo que las mujeres, a la cocina) y el coloreado de rojo de La pasión.
Quentin, que es un director de la hostia (no nombran a cualquiera presidente del jurado de Cannes), trata la violencia con un sentido del humor que ya quisieran los que tratan la violencia en sus películas. Punto uno: la violencia de ficción no incita a pegar tiros. Lo que incita a pegar tiros son las armas de fuego, como diría Michael Moore.
Hay un director alemán al que le tengo especial tirria, de nombre Michael Haneke, que hizo una película llamada Juegos divertidos (Funny games). Ese tío sí que es un psicópata. Su intención era justamente la contraria, la de denunciar la violencia. Y más aún, la de denunciar que la violencia en el cine incita a pegar tiros a niños indefensos. En su película retrataba a dos jóvenes aficionados al tenis (con sus uniformes blancos y educación refinada) que entran en una casa bien de una familia que pasaba plácidamente el fin de semana. Allí se dedicaban a torturalos y a masacrarlos, incluido el niño pequeño. Para que se hagan una idea: cuando la madre le arrebata la pistola a uno de los tenistas cabrones, el director rebobina hasta el instante en que ella lo intenta, el tenista se lo impide y el concienciado realizador continúa la película desde ese punto. ¿Qué pasa? Que el tenista le vuela los sesos al niño contra el televisor. Qué gráfico y qué aleccionador. Y encima el tal Haneke se dedicaba a poner verde a Tarantino en las ruedas de prensa. Tarantino es un ángel y tú, Haneke, un puto psicópata. Con perdón.
Vamos a ver si nos calmamos. Quentin ha dedicado su filmografía a la violencia. Pero, ¿quién no se rió cuando en Pulp Fiction Travolta dispara sin querer al chaval negro que iba tan tranquilo charlando en el asiento de atrás? ¿Y el baile de Michael Madsen mientras le corta una oreja al policía en Reservoir dogs? Magistral, ¿no? En Jackie Brown, va y se tranquiliza un poco. Menos cuando Robert de Niro le pega un tiro a la pesada de Bridget Fonda en el aparcamiento. “Mira que te avisé”, le suelta. Y todos entre conmocionados y divertidos.
Yo creo que eso hace más en contra de la violencia que cualquier alegato pretendidamente culto. Riámonos de las desgracias, eso es darle importancia. Hay muchos funerales que acaban con todo el mundo contando chistes o sonriendo cariñosamente con las cosas que tenía el finado. Hay que quitarle tragedia a la vida, que ya bastate tenemos. En fin.
Vayan a ver Kill Bill Vol. 2. Si no están de acuerdo con lo que he dicho arriba, al menos podrán deleitarse con Uma Thurman. O con una recuperada Daryl Hannah. Ahí es nada, la replicante de Blade Runner.
Nota: este artículo fue escrito hace un año, cuando dice "vayan a verla" quiere decir "alquílenla", amigos. Leído 294 veces

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